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Cien salones de las artes visuales

En un siglo de vida, este concurso nacional ha sido espacio de legitimación y difusión de artistas y tendencias

Domingo 10 de abril de 2011
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Raquel San MartínLA NACION

Consagró artistas al comienzo de sus carreras y reconoció trayectorias de años; fue la referencia estética "oficial" y el espacio al que oponerse con nuevas formas; abrió el interés de varios coleccionistas; hizo posible un patrimonio de casi 1000 obras de arte argentino, y fue ejemplo para que las provincias crearan sus propios concursos artísticos.

En 100 años de vida, el Salón Nacional de Artes Visuales cumplió sin interrupciones con su convocatoria y se convirtió en una de las políticas culturales más longevas de la Argentina.

El concurso de este año -cuya recepción de obras ya empezó- estará acompañado por varias iniciativas de celebración del centenario: una muestra con obras premiadas, un libro que repasa la historia del Salón, y la digitalización y el ordenamiento del gigantesco archivo que el certamen ha ido acumulando, año tras año, y que es una verdadera usina de información para los investigadores interesados en la historia del arte argentino.

"El Salón legitima la entrada de los artistas en un circuito, es un ítem en el currículum para todo artista. Pero además es un organismo viviente, que ha sufrido cambios en su estructura para dar respuesta a las necesidades de la comunidad artística", dijo a La Nacion Oscar Smoje, director del Palais de Glace, organismo que coordina este concurso que depende de la Secretaría de Cultura de la Nación y en cuyo edificio, ex pista de patinaje, el salón funcionó entre 1931 y 1944, y de manera ininterrumpida desde 1960 hasta hoy.

Creado en 1911 con cuatro disciplinas, el Salón tiene hoy ocho categorías: pintura, grabado, escultura, dibujo, fotografía, arte cerámico, arte textil (desde fines de los 70) y nuevos soportes e instalaciones (desde hace diez años, es la que más crece en convocatoria año tras año). Para cada disciplina -que tienen fechas distintas de presentación de trabajos y de exhibición de ganadores-, se entrega un Gran Premio Adquisición de $ 30.000 o una pensión vitalicia desde los 60 años; un Primer Premio Adquisición de $ 18.000; un segundo premio, de $ 8000; un tercero, de $ 5000, y menciones. El año pasado se presentaron 2279 artistas, la mayoría en pintura (736), y casi el 85% proveniente de la zona metropolitana.

"El Salón nació con el objetivo de contribuir al crecimiento de un medio artístico y cumplió eso con creces. Ha constituido un espacio de alta visibilidad, de legitimación y establecimiento de parámetros con los que discutir en términos estéticos. Es un momento clave del año artístico", evaluó la historiadora del arte e investigadora Diana Wechsler, a cargo del libro que se presentará en septiembre. "La intención del libro es analizar las políticas de selección del Salón en su historia y contar desde ahí una historia del arte argentino", sintetizó.

Recorrer los nombres premiados es, en efecto, contar una historia posible. Ernesto de la Cárcova, Guillermo Butler, Raquel Forner, Antonio Berni, Juan Carlos Castagnino, Juan del Prete, Carlos Gorriarena, Kenneth Kemble y Nicola Costantino son algunos de ellos, cuyas obras forman parte de un patrimonio de casi 1000 piezas que, a mitad de año, se mostrará en parte, como ya se hizo en tres ocasiones durante la gestión de Smoje. En 2010, los Premios Adquisición fueron para Juan Doffo, en pintura; Cristina Tomsig, en escultura, y Marcos López, en fotografía, entre otros.

Hay también anécdotas en la historia del Salón, como cuando en 1914 Fernando Fader rechazó el premio por considerar que su obra valía más que lo que le otorgaban como reconocimiento, o la polémica cuando Gorriarena ganó en pintura por Pin-pan-punk, en 1986. O las ocasiones en que Marta Minujín presentó sus obras y nunca fue premiada. O que artistas como León Ferrari, Luis Felipe Noé o Jorge de la Vega nunca concursaron en el Salón.

La legitimación en el mundo del arte, podrá argumentarse, hoy pasa por distintos espacios, como los medios, las bienales internacionales, las ferias o las subastas. En el generoso subsuelo del edificio de Posadas al 1700, están también los archivos del concurso: 8727 carpetas de artistas, catálogos de obras premiadas, actas de jurados, un material que es oro para los investigadores y permite, por ejemplo, reconstruir cómo un artista se presentaba al armar su currículum en determinado momento, o qué discusiones sostenían los jurados para decidir una premiación.

Desde hace unos años, se trabaja en dar forma de archivo a toda esa acumulación de datos que, recordó Wechsler, era imposible visitar o manipular: cajones atorados de papeles, diarios y revistas desordenados, obras en peligro. "Estamos en proceso de digitalizarlo para ponerlo a disposición del público", dijo Smoje.

La historia muestra también cómo los artistas considerados emergentes en cada época vieron al Salón como un espacio que no se descartaba al comienzo; como el lugar al que oponerse, luego de los años 50; como un ámbito en el que filtrar posiciones, durante la última dictadura. "Reponer esa dinámica es contar parte de nuestra historia cultural", apuntó Wechsler.

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