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Boda real

Secretos de la corona

LA NACION revista

Cuando faltan doce días para el casamiento del príncipe William y Kate Middleton, Una-Mary Parker, escritora allegada a la monarquía británica, revela los entretelones de la familia real. "En el Palacio de Buckingham están al borde de un ataque de apoplejía"

Por   | LA NACION

LONDRES.- Un Lamborghini turquesa llega al coqueto barrio de Knightsbridge rugiendo motores y estaciona en una zona prohibida en la populosa calle central. Los paparazzi se vuelven locos cuando aparece un policía y pone multa y cepo como si tal cosa, haciendo caso omiso de los gritos furibundos y gesticulaciones del entourage de sus dueños, el clan Al-Thani, de Qatar, los nuevos titulares de la institución inglesa que es Harrods. Fornidos guardaespaldas, señoras jóvenes altamente maquilladas y con mucho bling y otras más mayores de negro y velo que agitan al aire indignadas sus carteras Chanel y Vuitton, una enorme cantidad de turistas que salen del centro comercial con grandes bolsas de rebajas se agolpan a ver qué pasa en el tumulto, esperando que involucre a algún  integrante de la familia Middleton. Después de todo, según las revistas, la madre de Kate (ex azafata), el tío (el de problemas de drogas en Ibiza) y la alocada hermana Pippa se lo pasan entrando y saliendo de las lujosas tiendas de la zona en los preparativos para la despedida de soltera y boda con el príncipe William, prevista para el 29 de este mes.

A escasos metros, la novelista y, según los rumores, buena amiga de la reina Una-Mary Parker, de 80 años, y su fiel perro, Toffee, esperan para tomar el té, pero todo a su alrededor es tan old England que podría ser a varios universos de distancia. Ubicada sobre Trevor Square, un parque escondido detrás del centro comercial, la cita es en la típica casa georgiana de escasos metros repartidos en varios pisos, aunque lo que en un momento fue el family home de los Parker, el castillo de Shiburn en la campiña de Oxfordshire, está ampliamente representado en cantidad de grabados en las paredes.

Una-Mary, de impecable tailleur con dos vueltas de discretas perlas, ofrece shortbread en un platito de porcelana y la charla comienza. Parker es directa y llana. Esto es llamativo aun en los temas más espinosos relacionados con la familia real (a la cual ha estado ligada por muchos años) en vísperas de la boda de la década. Incluso, hasta el divorcio de Camilla Parker-Bowles de su primer marido, Una-Mary fue prima política de la actual mujer del príncipe Carlos.

"William va a cambiar la imagen entera de la monarquía sin pedir el permiso de nadie -dispara-. Ya lo demostró desde el momento en que anunció el casamiento y lo organizó todo solo. En el Palacio de Buckingham están al borde del ataque de apoplejía, pero la reina se muere de risa y dice: «A mí no me pregunten nada que no tengo la menor idea de lo que está pasando». Está encantada. Ve en William la firmeza de temperamento que lo hará increíblemente popular como futuro rey. Abuela y nieto son muy cercanos. Cuando William estaba en Eton, se iba a cada rato a tomar el té con ella al castillo de Windsor, que está muy cerca; ella le enseñó mucho. Carlos, por supuesto, ya está celoso de todo el asunto, como estaba celoso de Diana."

-Pero se dice que su mujer,  Camilla, es la gran aliada de Kate...

-¡Por supuesto! Camilla se convirtió en la superaliada de Kate desde el principio. Ella no quiere ser la reina que nadie quiso que sea reina y su gran temor es qué va a pasar cuando muera Isabel II. Nada le conviene más que salir del ojo público y ceder el puesto a la joven y brillante pareja que la mayor parte de la gente quiere que suceda a Isabel II. Ella confesó que quiere alejarse de toda la locura de la corte. Lo que quiere, concretamente, es irse a su casa, hacer un plato de spaghetti, ver la telenovela Coronation Street en televisión, fumar y tener a sus hijos y nietos alrededor, lo que hizo básicamente hasta que cumplió 55. No está en ella el estar como consorte al heredero a la corona, pero en un momento la reina le dijo al príncipe que si ella moría, no podía haber un rey en el trono con amante; tenía que ser su esposa o nada, y así fue como se casaron. Pero Camilla enseguida perdió el control que tenía sobre Carlos cuando eran amantes. Solía ser la única que podía sacarlo de sus pozos negros y hacerlo reír. Una vez que desapareció el atractivo de lo prohibido y se oficializó la relación, todo cambió.

Una-Mary nació en Londres en 1930 en una familia de distinguidos diplomáticos y embajadores escoceses, los Nepean-Gubbins. "Hay una fuerte tradición de debutantes en mi familia -explicó-. Todo comenzó con mi tatarabuela, que era la favorita del entonces príncipe de Gales, el hijo de la reina Victoria, que pidió a su familia que la volvieran a llevar a la corte para que él pudiera bailar con ella. Junto con la reina, debo de ser la última persona que queda que nunca fue a la escuela; tenía institutrices que venían a casa, y luego iba a clases de baile con la misma profesora que la reina y sus hermanas", cuenta.

Es irresistible preguntarle, entonces, cuál fue la reacción inicial del entorno real en cuanto se enteraron del compromiso de William. "Y, la verdad, ¡lo primero que pensamos fue qué bueno que al menos esta chica no tenga un nombre cursi de esos que están de moda como Tiffany, o Chelssy o Stacy! Los medios se hacen un festín con lo de la madre sirviendo y retirando bandejitas plásticas a bordo, pero Kate ya superó la prueba del tiempo: estuvo ocho años con William sin meter la pata, y la principal razón por la que se podía decir que se prefiere una novia aristocrática para un príncipe es que se supone que las otras chicas no aguantan el tipo de presiones que implica la vida con un royal; ella ya desvirtuó ese argumento."

En su propia presentación en sociedad en la sala del trono del Palacio de Buckingham, en 1947, una de sus mejores amigas con las que compartía todo era Raine Spencer, que luego fue la madrastra de la princesa Diana.

Siendo la sociedad muy pequeña entonces, todos sus miembros se conocían bien y se sabía, literalmente, qué había hecho uno la noche anterior. Por ejemplo, la noche previa a su presentación en sociedad en la sala del trono del Palacio de Buckingham, Una-Mary había estado charlando animosamente con un general, a quien luego vio durante la ceremonia en el palacio. "Más vale que ahora te portes bien, eh", la amonestó al oído cariñosamente la reina, claramente enterada.

"No soy su amiga -aclara sobre el vínculo con Isabel II-. En realidad uno nunca es amigo de los miembros de la familia real. La relación es que yo los conozco y ellos ciertamente me conocen, pero la reina es tan cálida y fantástica persona que me hubiera gustado que pudiera ser mi mejor amiga normal."

Sin embargo, es bien sabido que la relación tiene muchos más grados de normalidad que los que ella está dispuesta a reconocer. Quienes han frecuentado su casa sospechan que no son inusuales las charlas por teléfono entre las dos señoras. Y, en el diálogo, Parker cada tanto deja escapar algo al respecto en sus elogios sobre lo poco altanera que es la monarca. "Me acuerdo de que una vez estábamos caminando por el jardín de Windsor la reina y yo y, un poco más atrás, nuestros maridos con otras personas. Y yo pensaba: Qué tarde agradable de gente mayor de clase media conversando animadamente de la vida, la familia, lo sucesos y, ¡oh, por Dios!, uno de nosotros es la reina. O charlaba con una amiga hace poco sobre una reunión de chicas en un saloncito pequeño y ella iba a contar un historia muy subida de tono cuando se acordó: ¡Pero una de nosotras es la reina! Es que es tan abierta y cálida y encantadora que uno tiende a olvidarse."

Sin despilfarros

Totalmente a tono con los tiempos de crisis que afectan a sus súbditos, asegura que Isabel II es muy cuidadosa con la economía y está atenta a que en la boda de su nieto no se cometan despilfarros. "A la noche pasea por el palacio apagando cualquier luz que haya quedado prendida, guarda todas las bandas elásticas para volver a usarlas y nunca utiliza un sobre menos de dos veces."

Se le pregunta si la reina está muy emocionada ante el casamiento de su nieto, y reconoce que, aunque ésta lo adora, "el único momento" en el cual vio "su cara totalmente transformada por amor y devoción fue al hablar de sus perros corgis, que se habían quedado dormidos a sus pies; no de su marido, ni de ninguno de sus descendientes".

Con el hijo mayor y heredero, Carlos, además, la relación dista de ser fácil. "A la reina le cuesta superar el affaire de Carlos con Camilla, porque existe un acuerdo tácito de que uno no se acuesta con la mujer de otro oficial y caballero. Es algo que simplemente no se hace, punto. Encima, Andrew (Parker Bowles) es un encanto, y Carlos no fue el único con quien le fue infiel. El príncipe Felipe le escribió a Diana y le dijo cómo alguien puede desear a Camilla teniéndote a ti al lado, pero Camilla, aparentemente, tiene un enorme sex appeal. Y, en el caso de Carlos, es muy parecida físicamente a una niñera que tuvo, y debe haber algún tipo de conexión niñera-madre-amante muy potente...", sugiere.

Una-Mary se casó con Archibald Henry Parker en 1951, primo hermano de Andrew Henry Parker Bowles. El matrimonio eventualmente terminó en divorcio, y esto trajo dos grandes cambios en la vida de Una-Mary. Por un lado, empezó a hacer menos de las glamorosas cenas en su casa de Knightsbridge que eran un must en la sociedad londinense, sobre todo dado que ella era la editora de las páginas sociales de la revista Tatler, biblia del quién es quién de Inglaterra. Por el otro, decidió escribir, a los 55 años, su primera novela, basada en su entorno, lo que había vivido, escuchado y observado. Inmediatamente fue un best seller. "Lo que yo hago es escapismo. Cuento de lo que conozco, pero la verdad es que la Inglaterra que retrato no sólo no sería posible hoy, sino que ni siquiera creo que existió cuando yo era chica. Pero aquí hay una obsesión con las historias de los de arriba/los de abajo, sobre el romance en la alta alcurnia y la estructura que la mantiene. Y en Estados Unidos aún más."

Fanática de Lady Di

En las últimas décadas Parker ha estado escribiendo a un ritmo de una novela por año. Todos sus libros han sido éxitos de ventas, traducidos a una docena de idiomas (curiosamente, no al castellano) y en este momento una trilogía está en proceso de negociación para ser llevada al cine. Los títulos de sus obras (por ejemplo, The Palace Affair, Dark Passions, Broken Trust, Sweet Revenge) claramente traen ecos del triángulo amoroso en la casa reinante del país que tocó de cerca a su familia y que sacudió al mundo.

"Y sí, yo siempre fui fan de Diana. Sé que William va a cuidar de su mujer, porque vio cómo se le rompía el corazón a su madre por esta amante con la cual su padre pasó la noche anterior a su boda y volvió inmediatamente después. Creo que Diana, sin experiencia ni educación, se volvió ligeramente loca de desesperación, atrapada con un hombre que nunca la elogiaba, nunca le decía algo lindo. La alegría de Diana eran sus hijos. Si no me equivoco, son los jesuitas los que dicen dame a un niño por siete años y te devolveré a un hombre. Ambos tuvieron a Diana sus primeros años, y son claramente los hijos de su madre. De ella heredaron su falta de egoísmo, dulzura, humor y humanidad."

-¿Y de su padre?

-Mmm, ciertas maneras afectadas al hablar y una cara rara que ponen y no mucho más, porque son seguros de sí mismos y Carlos no. Y son relajados, mientras que Carlos desde chico parece estar incómodo en su propia piel, siempre lleno de angustias, como viviendo una pesadilla. La que es brillante y cumple con más obligaciones reales que nadie en silencio es la princesa Ana. Ella debería haber sido el hijo mayor, aunque es algo brusca como Felipe, su padre. Carlos se parece a su padre en que ambos dicen cosas creyendo que son ingeniosas y no lo son. Por ejemplo, cuando le preguntaron si estaba contento por el compromiso de su hijo, Carlos dijo: Hacía tiempo que ellos estaban practicando estar casados. Eso es algo que se le puede decir al mejor amigo en confianza, no a todos los medios.

Se despide hablando de la Inglaterra que viene en cuanto a la casa reinante, de la cual es la comentarista de privilegio para la televisión de todo el Commonwealth. Un gran cambio, asegura, será que por primera vez la familia de una novia plebeya será totalmente integrada a las rutinas de la familia real. "Antes, si te casabas fuera de la realeza, te construían el muro de Berlín y nunca más volvías a pasar una Navidad con tus padres. Ahora, en cambio, William quiere a los Middleton en todo. Quiere hacer lo que es correcto, quiere que Kate sea feliz en el matrimonio y sentir que su madre está presente en cada uno de los detalles."

Pero, ¿es posible que la reina le ponga presión a Carlos para que abdique a favor de su más glamoroso nieto? "No lo creo -afirma-. Para ella, ante todo, el deber. Igual, la reina tiene tal vitalidad, salud de hierro y genes de familia de longevos que dice que está segura de que sobrevivirá a todos." Y con una sonrisa enigmática agrega, al despedirse, que William y Kate deberían estar listos tras la boda para el gran papel de sus vidas en cualquier momento, porque "una adivinadora de la fortuna le dijo a Diana que Carlos nunca sería rey"..

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