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Cómo conocer el mundo en bici

Después de pedalear por 22 países durante un año, Andrés Ruggeri y Karina Luchetti ofrecen asus colegas ciclistas un decálogo sobre cómo encarar una aventura así

Domingo 17 de abril de 2011
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Quien va a dar consejos sobre cómo recorrer al mundo en bicicleta no es el típico ciclista que, con toda la indumentaria encima (casquito en punta, calzas multicolor y anteojos aerodinámicos), da un par de vueltas al Rosedal y se siente en el Tour de France.

Andrés Ruggeri realmente pedaleó por todo el globo: con su mujer, Karina Luchetti, conoció 22 naciones en su bicicleta tándem (en la que van dos personas) y amasó 17.524 kilómetros de recorrido. Juntos, escaparon de los machetazos de un campesino demente en Tanzania, que los corrió en ojotas por una ruta desierta; contrajeron paludismo en Malawi; soportaron subidas imposibles en los cinco continentes, lluvias, nieve y esquivaron minas de viejas y nuevas guerras; pincharon 85 veces en lugares en los que no existe, ni por asomo, el bicicletero amigo dispuesto a cambiar un gomín o poner un parche. Si ellos no pueden asesorar a ciclistas que sueñan con conocer el mundo en bici, nadie lo hará.

Panamericana, derecho

Ruggeri: la planificación es fundamental
Ruggeri: la planificación es fundamental. Foto: LA NACION

El 12 de octubre de 2008 Andrés y Karina llegaron pedaleando a parque Centenario después de haber viajado durante 377 días. Al pisar tierra firme comprendieron que la vida que tenían había cambiado por completo desde aquel 30 de septiembre de 2007, cuando enfilaron en tándem por la General Paz hacia Campana. Luego vinieron el Litoral, Paraguay, Brasil, Sudáfrica, Mozambique, la India, Nepal, Vietnam, Laos, Turquía, Egipto, Jordania, Siria, Nueva Zelanda y Chile, por nombrar algunos. Y también una media docena de saltos en avión para cruzar océanos y pasos negados a la bicicleta.

Luego de esa pedaleada final por Díaz Vélez volvieron a sus trabajos (él es antropólogo y ella, comunicadora social) y la rutina se encargó de encajonar la proeza (contada en el sitio www.elmundoentandem.blogspot.com ), aunque para ellos nada fue igual después de la vuelta al mundo. Quizá por eso, para mantener viva la llama, Andrés comenzará a dar, en mayo, cursos de preparación a quienes se animen a conocer el planeta en dos ruedas. Este es, entonces, el decálogo de lo que hay que saber antes de salir al camino, según su experiencia.

Manual para audaces

Lo primero es lo primero. ¿Cualquiera es capaz de subirse a la bici y hacer la América ? La respuesta es un no rotundo. "Tenés que tener una mínima preparación; no estamos hablando de un ciclista que recorre 20 kilómetros, se ducha y se va a dormir a su casa. Esto es otra cosa", avisa Ruggeri.

Por eso, antes de emprender un gran viaje recomienda unas cuantas escapadas previas, de 15 días o una semana, y probar tramos diarios de por lo menos 40 kilómetros, con peso incluido, acostumbrándose a pasar la noche en donde la ruta mande.

"Para evitar sufrimiento es fundamental una mínima planificación, estudiar el terreno, saber dónde vas a estar cuando empiece a caer el sol... El viajero debe preguntarse primero adónde quiere ir y por cuánto tiempo, qué cantidad de kilómetros intenta recorrer, dónde va a descansar y a encontrar provisiones, y con qué medios cuenta, tanto en cuestiones de equipamiento como de recursos económicos", insiste.

¿Qué bicicleta usar para una travesía de largo alcance? Una mountain bike, ni muy básica ni tampoco de competición -el peso de la bici cargada debe rondar los 20 kilos-, con repuestos que puedan conseguirse en sitios inhóspitos. "Es necesario saber cambiar una cadena o reparar una pinchadura, como mínimo", dice. No sea que suceda como en Mozambique, donde el estado calamitoso de algunos tramos hizo que Andrés y Karina pincharan unas 20 veces.

Otro abecé para tomar nota: nunca viajar de noche; no sobreexigirse un día porque al siguiente hay que volver a pedalear; avanzar en la misma dirección del tránsito (es falsa la idea de que lo mejor es ver venir los autos por la banquina contraria); detenerse cada hora para hidratarse (llevar pastillas para potabilizar agua), y alimentarse en forma contundente por las noches.

En cuanto a la ropa, la pareja utilizó la indumentaria tradicional del ciclista (calzas, remeras, guantes, casco), pero al atravesar países musulmanes, Karina debió usar velo y cubrir todas las partes del cuerpo: "Medio Oriente fue duro por eso, sobre todo Egipto, donde la relación con la mujer occidental es muy conflictiva", explica Ruggeri.

Intifada ciclística

Dicho sea de paso, en Jordania tuvieron que soportar una suerte de mini Intifada ciclística , ya que en ese país algunos chicos tienen por costumbre apedrear a quienes pasan en bicicleta. "Es difícil de explicar, pero lo hacen. Después pensamos que es la forma que tienen de arrear el ganado, ellos pastorean a los piedrazos", trata de entender el antropólogo.

El dinero es otro tema. Andrés sugiere llevar poco efectivo y una tarjeta para hacer retiros, algo que resulta difícil si uno está en medio de la nada. "Eso también se debe planificar: saber en qué ciudades grandes uno puede sacar plata antes de una travesía por sitios despoblados", afirma. Para un viaje como el que hicieron ellos se calcula un promedio de 30 dólares diarios. "En Europa quizás ese monto no alcanza, pero en la India podés acceder a un hotel con aire acondicionado, y en Vietnam directamente sos un rey", cuenta.

Finalmente, para hacer una vuelta al mundo es clave estar bien informado no sólo de las enfermedades contagiosas de cada país, sino también de la situación política. "En Kenya casi comienza una guerra civil cuando estábamos cerca", recuerda el ciclista.

También hay que saber qué hacer en un cruce de frontera. "Antes de llegar conviene averiguar todo lo referente a visados, pago en dólares o en moneda local, y si se puede sacar la visa en la frontera misma o hay que tramitarla previamente. Es importante estar muy atento, ser muy paciente y no hacerse el loco a lo argentino, porque lo más probable es que uno salga perdiendo", destaca. Ellos mismos no pudieron ingresar a Irán (tenían que esperar un mes para que les dieran la visa) ni a China, que les denegó el permiso por querer entrar vía Tíbet.

Pero no sólo las guerras, las enfermedades y las fronteras preocuparon a la dupla. El miedo principal, casi al mismo nivel que los machetazos en Tanzania, fueron los camiones en los caminos angostos y congestionados de Brasil y la Argentina. "Andar por la ruta 7 fue más peligroso que andar por Africa", jura el ciclista.

Basta con escucharlo contar este viaje, y dar este puñado de consejos, para darse cuenta de que en cualquier momento se subirá a la bici para pedalear hasta que parque Centenario sea, otra vez, un punto muy chiquito en el universo.

Por José TotahPara LA NACION

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