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Espejos circulares

Martes 26 de abril de 2011
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AUTOR: ANNIE BAKER / DIRECCION: JAVIER DAULTE. / INTERPRETES : SOLEDAD SILVEYRA, JORGE SUAREZ, ANDREA PIETRA, BOY OLMI Y VICTORIA ALMEIDA / ESCENOGRAFIA: ALICIA LELOUTRE / ILUMINACION: ELI SIRLIN / VESTUARIO: MARIANA POLSKI / SALA: PASEO LA PLAZA / DURACION: 95 MINUTOS

Casi banal. La historia por la que empieza a girar en la trama de Espejos circulares se caracteriza por su extrema simpleza. Pero casi espontáneamente, con el correr de los minutos y las secuencias –son decenas de cuadros bien delimitados por apagones– , va ganando una densidad que no parece haber buscado ni la autora ni el director ni los intérpretes. Es que lo que empieza a mostrar el devenir de un seminario de actuación para adultos principiantes en un pequeño pueblo de la provincia va transformándose en una involuntaria terapia de grupo que deja desnudos a sus participantes. Cada uno de ellos se va convirtiendo en espejo del otro; va mostrando sin deformaciones eso que el otro se resiste a ver hasta que ya no quedan más máscaras. Y lo que se ve puede ser revelador para unos, doloroso para otros, fortalecedor para todos.

Así, a pura sutileza, se va construyendo esta trama que, de entrada, se mete a la platea en el bolsillo de la mano de los gags que resultan de ver lo que sucede dentro de una clase de teatro. Cualquiera que se haya cruzado con una sabrá reconocer y reconocerse en esos ejercicios que para el exterior se presentan ridículos, expuestos al extremo, pero que de a poco van sacando a flor de piel la sensibilidad de quien se anima. Así es como esta maestra de actores que interpreta Soledad Silveyra va tirando de ese hilo invisible que termina por destejer la coraza de cada uno, incluso la propia. Entonces, el recorrido se presenta por momentos desopilante y por momentos, tremendamente conmovedor.

En este marco, no se puede menos que decir que si no hubiese en escena un elenco de tamaña jerarquía como el que conforman la propia Soledad Silveyra junto a Jorge Suárez, Boy Olmi, Andrea Pietra y Victoria Almeida –impecablemente dirigidos por Javier Daulte–, no se podría haber llegado al resultado emocional al que se llega. Cada uno de estos cinco actores se presta a un juego tan divertido como revelador, tan expresionista como íntimo. Es realmente movilizador ver el cambio que sus personajes van haciendo en escena, lo que hace que lleven de las narices a los espectadores por esos vericuetos del corazón. Es imposible mencionar un trabajo actoral por sobre otro. Todos están magníficos. Quizá por capricho, se puede resaltar el de Almeida, que se pone con naturalidad a la altura del trabajo de sus compañeros, todos ellos con más experiencia y cartel que esta joven actriz.

Así las cosas, la experiencia de Espejos circulares resulta tremendamente placentera. Todo está delicadamente entramado (también los rubros técnicos) para que uno no sepa bien por qué sale del teatro con una sonrisa en el rostro y el alma calentita.

Vergüenza ajena

El día que esta cronista presenció la obra, a una persona del público le sonó no una, sino dos veces, el celular. Andrea Pietra supo pasar ese momento sin irse del personaje y fue premiada con merecidos aplausos.

Verónica Pagés

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