Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Prejuicios, banalidades y la discusión de fondo

SEGUIR
PARA LA NACION
Miércoles 27 de abril de 2011 • 14:21
0

La calidad de la discusión pública está continuamente degradándose. Últimamente desperdiciamos una porción significativa del tiempo en temas que son marginales o irrelevantes. Y hasta cuando creemos que hablamos de temas centrales tampoco vamos a su núcleo sino que nos quedamos regodeándonos en su periferia. Un ejemplo de ello es la disputa suscitada en torno al derecho a voto de la participación accionaria que la Anses posee en distintas empresas del sector privado. La misma comenzó hace ya catorce días con la publicación del Decreto de Necesidad y Urgencia 441/11 y amenaza con continuar durante un buen tiempo en el ámbito jurídico.

Lo que se hizo a través del DNU fue eliminar el tope existente para el derecho de voto correspondiente a las acciones que originalmente estuvieron en manos de las AFJP y que estaba fijado en 5%. Con la re-nacionalización del sistema previsional esas participaciones pasaron a estar en manos del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) de la Anses -que respalda el pago de las futuras jubilaciones- por lo que resulta lógico que el Estado nombre directores que lo representen.

Pero, si de defender la tranquilidad de los jubilados se trata, el Estado también debería proveer un cálculo actuarial serio acerca de la sostenibilidad futura del sistema previsional, brindar una mayor transparencia en el manejo del FGS y blanquear el veloz deterioro fiscal que está teniendo lugar. Porque después de onerosas idas y venidas en materia previsional -en sólo quince años alteramos de raíz el sistema dos veces- aún no hemos resuelto los principales problemas estructurales que lo aquejan, tornando inevitable que en un par de décadas vuelva a estar en crisis.

La respuesta a la ampliación de la representación estatal por parte de algunas empresas del sector privado fue de una resistencia inédita y, en mi opinión, errónea: al Estado le corresponde el derecho a hacerlo. Se hace difícil imaginar la misma reacción si fuera Obama quien planteara algo parecido como consecuencia de las recapitalizaciones realizadas por el Estado en ese país durante la crisis. O si se tratara de Sebastián Piñera, Pepe Mujica o Dilma Rousseff. Evidentemente debe haber otras causas.

Claramente, hay algo en el ADN del Gobierno que despierta intranquilidad en algunos sectores. Seguramente en ello influye un comportamiento pasado que frente a los límites, tanto legítimos como ilegítimos, ha tendido a redoblar sus apuestas, aún con elevados costos colectivos. Si a eso se le suma el reclamo de lugares por parte de la CGT o que para algunos cargos en los directorios se piense en personas inexpertas provenientes de La Cámpora -que, como señaló Victoria Donda, parecen "yuppies que se enriquecen con la política"-, la inquietud puede resultar entendible. Es que si lo que pretendemos es resguardar activos del Estado, el objetivo y la idoneidad de sus representantes deben estar fuera de toda duda.

Pero la postura de parte del sector privado y los medios también desnuda prejuicios, como sucede en el caso de Axel Kicillof y su incorporación al directorio de Siderar. Puedo no coincidir con su visión de la economía, pero se trata de alguien con una excelente formación académica, claramente capacitado para ejercer el cargo para el que se lo postula.

Entre otras cosas, a la empresa le molestó que en sus declaraciones Kicillof sostuviera que, como empresa transnacional y exportadora, Techint (de la cual Siderar es parte) debería aplicar precios "diferenciados y positivos" para la industria local. Esto significa que debería vender más barato en el mercado doméstico, por lo menos, a ciertos sectores. Más allá de si a priori ello nos suena bien o mal, la pregunta clave es con qué objetivos hacerlo: ¿Para transferir recursos al sector automotriz como se sugirió? ¿Para que haga qué?

En nuestro país se producen aproximadamente 700.000 autos, con una participación de componentes nacionales que apenas es del 30%. De allí que la balanza comercial de ese sector sea deficitaria en seis mil millones de dólares, es decir casi nueve mil dólares por cada unidad fabricada. Podemos y debemos tener una política industrial, pero para llevarla a cabo es preciso observar qué está ocurriendo en el mundo, planificarla en consecuencia y ejecutarla de manera seria. No parece que un asiento en una asamblea pueda reemplazar eso.

En la muy entretenida novela "Un Yuppie en la Columna del Che Guevara" de Carlos Gamerro, un empresario secuestrado por Montoneros que está siendo sometido a un tribunal popular se defiende diciendo:

"La ventaja del capitalismo no está en que es mejor, sino simplemente en que funciona con cualquier cosa: le echen nafta súper, común, gasoil, querosén, alcohol o vino patero anda. Y es fácil… Ni siquiera necesita teoría: con un manual de instrucciones alcanza… En cambio, el comunismo sólo funciona a base de genios. Como si el auto les aceptara Chivas únicamente. ¡Mientras (los comunistas) esperan doscientos años a que aparezca otro Marx, (los capitalistas siguen) dale que va con Og Mandino y Dale Carnegie y Edward de Bono!"

Algo similar pensaba Von Hayek, Nobel de Economía en 1974, quien sostenía que las enormes exigencias informativas de la planificación centralizada la tornaban inviable en la práctica. Si pretendemos políticas activas de industrialización debemos tratarlas responsablemente. Aunque sea un poco menos demandante, el desarrollismo tampoco puede funcionar con cualquier combustible. Cuando se aplica en su versión chapucera trae altos costos sociales y se transforma en un capitalismo de amigos pagado por todos.

Para evitar eso no hace falta un Kicillof sino muchos que, por cierto, serían más útiles pensando el país que sentados en un directorio. Y también varias cosas más. Pero quizás no debamos hacernos demasiadas ilusiones: hasta en los ámbitos supuestamente más serios (como, entre otros, este portal digital) se privilegian los temas triviales y se dejan de lado los que realmente hacen a nuestro porvenir.

Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Las más leídas