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Los invertidos

Mariano Dossena acertó en su adaptación de este texto de 1915

Sábado 30 de abril de 2011
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AUTOR: JOSE GONZALEZ CASTILLO DIRECCION: MARIANO DOSSENA INTERPRETES: GUSTAVO PARDI, FERNANDO SAYAGO, MAIA FRANCIA, EMILIANO DIONISI, ALEJANDRO FALCHINI, DANIEL TOPPINO, ELSA ESPINOSA, LEON BARA, GABRIEL SERENELLI Y MARGARITA LORENZO ESCENOGRAFIA: NICOLAS NANNI Y PAULA GALVAN MUSICA ORIGINAL: DIEGO LOZANO SALA: EL EXTRANJERO, VALENTIN GOMEZ 3378 FUNCIONES: SABADOS, A LAS 23 DURACION: 60 MINUTOS Nuestra opinión: buena

En teatro, el paso de los años deja huellas nítidas en algunas obras, sobre todo en aquellas muy ligadas a las formas, creencias o prejuicios de una época. Claro que, esas huellas, no siempre son contraproducentes. El texto de Los invertidos , de José González Castillo, es un claro ejemplo de ello. Estrenada a principios de 1900, la pieza exponía, por primera vez, de manos de un autor argentino, el tema de la homosexualidad en los escenarios porteños. El escándalo fue mayor y la representación prohibida por las autoridades municipales. La cultura de la sociedad atravesaba una etapa donde no había plafond para audacias como la de González Castillo.

En 1990, Alberto Ure rescató el texto a través de una puesta que, como la anterior, fue controvertida, pero no provocó ninguna interdicción oficial. Esa ausencia de censura, en un contexto histórico distinto, no significaba, empero, un buen recibimiento. La obra seguía suscitando un escozor similar al del pasado en ciertos núcleos sociales, que expresaban su incomodidad por determinadas escenas de la puesta y por el hecho de que el tema fuera tratado tan abiertamente en una obra teatral. Ni siquiera reparaban en que en algún fragmento del texto se calificara a una elección diferente a la heterosexual como un "vicio" reprobable.

Para quienes suponían que la pieza condenaba la homosexualidad, Ure, en un artículo escrito en aquel momento y recogido luego en el libro Sacate la careta , decía que González Castillo no la había concebido la historia con ese fin, sino para dejar constancia de la situación trágica que provocaban ciertas pasiones y elecciones sexuales denostadas por la moral de un período. De ese modo, rechazaba un enfoque simplificador del libro, al que consideraba artísticamente más complejo. Y abría la compuerta a una lectura más profunda y enriquecedora de sus posibilidades dramáticas.

En una adaptación que le es propia, aunque siga algunas líneas de la de Ure, el joven director Mariano Dossena revaloriza ese aspecto de la obra, que es su virtud más rescatable: la de las consecuencias trágicas a que llevan la intolerancia y la represión de lo distinto. Con pequeños ajustes al texto que ayudan a una mejor dinámica escénica, pero respetan lo esencial del lenguaje de época -que a menudo suena retórico y pasado de moda-, este director provoca y logra un efecto difícil: potenciar y resaltar en esa visión del pasado los componentes de actualidad que tienen.

Porque, aunque la realidad haya hoy cambiado mucho y se haya consagrado en la ley la igualdad del matrimonio entre personas del mismo sexo, el espectador no puede sustraerse a la sensación de que los comportamientos de rechazo a lo distinto siguen aquí, al lado suyo. Debilitados tal vez, amparados quizás en maquillajes o artilugios verbales distintos, pero igual de atrabiliarios que en los comienzos del siglo XX. Igual de intemperantes ante lo diverso.

La puesta tiene un marcado refinamiento en lo visual y el elenco se desempeña en un nivel general muy aceptable, con sus puntos más altos en los trabajos de Maia Francia (Clara) y Gustavo Pardi (doctor Florez). Es un mérito nada despreciable en una obra que requiere composiciones muy complejas y donde es posible desbarrancar en ciertos pasajes en el ridículo. Acaso la labor que peca de mayor exterioridad sea la de Fernando Sayago, en un papel que realmente es muy peliagudo y sinuoso. Por su parte, la música y la iluminación cumplen sus roles con una eficacia paralela a la puesta.

Alberto Catena

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