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Nuevas olas

Talento, compromiso y creatividad definen a los participantes de la beca Kuitca, el gran semillero contemporáneo que refresca con sus miradas las salas y galerías

Sábado 30 de abril de 2011
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Los óleos se acumulan junto a recortes de diarios, fotos personales, alguna laptop, telas, acrílicos, fotografías, huellas de obras pasadas, testimonios de obras en proceso. Cada taller exuda, entre colores y objetos dispersos, la personalidad del artista que allí trabaja. Un conglomerado de subjetividades, proyectos expresivos perfilados en paralelo que hoy confluyen en esta usina creativa enclavada en la sede Alcorta de la Universidad Torcuato Di Tella: la quinta edición de la Beca Kuitca.

"Un programa nómade", dice sonriendo su creador, el artista Guillermo Kuitca, en alusión al recorrido que desde 1991 han venido trazando estos talleres para las artes visuales que, a estas alturas, ya son sinónimo de semillero de artistas contemporáneos. Inicialmente respaldada por la Fundación Antorchas, la beca luego fue auspiciada por la Fundación Proa, que cedió su predio para que funcionara allí durante 1994 y 1995. La tercera edición tuvo lugar en 1997 y fue patrocinada por la Secretaría de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires, el Centro Cultural Borges y el Instituo de Cooperación Iberoamericana (ICI). Finalmente, la cuarta edición, organizada por el Centro Cultural Ricardo Rojas-UBA, se extendió por dos años, emplazada en un predio del barrio de Once.

"Se trata de elegir a los más talentosos de cada camada -continúa Kuitca-, responder a la necesidad de renovar el paisaje." Esta vez, hubo que elegir a 18 finalistas entre 500 postulantes, todos, según palabras del artista, "de muy alto nivel, talento, compromiso y creatividad." Resultaron elegidos Nicanor Aráoz, Eduardo Basualdo, Sofía Böhtlingk, Mauro Guzmán, Carlos Herrera, Luciana Lamothe, Martín Legón, Gaspar Libedinsky, Jazmín López, Mariana López, Nicolás Mastracchio, Máximo Pedraza, Tiziana Pierre, Florencia Rodríguez Giles, Luis Terán, Juan Tessi, Rosario Zorraquín y el colectivo Rosa Chancho. A diferencia de lo que ocurrió en ocasiones anteriores, todos son creadores cuya obra ya circuló en el circuito del arte. También se modificó la composición generacional: contrariamente a lo que venía pasando, los becarios actuales están más cerca de los 30 años que de los 20. Se dedican, en su gran mayoría, a la pintura y la escultura, algo que no deja de sorprender en el marco de un programa que en su momento estuvo marcado tanto por el video y la fotografía como por el diseño, la moda, la performance y las instalaciones. "Así como hace 10 años la fotografía era el centro organizador, hoy ese lugar parece tomado por el dibujo", destaca Kuitca, para quien cada convocatoria de la beca permite intuir el estado de cosas en el campo del arte local.

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Todo cambia

Sobre su postura frente al grupo finalmente seleccionado, el artista rememora: "Los invité a que se dieran un tiempo con su obra oficial y que se permitieran meterse en otras zonas. Es muy difícil hacer algo distinto a lo que uno viene desarrollando. Pero los veo aceptar el desafío con valentía".

Para Máximo Pedraza, ése no fue el único reto: "Yo era medio ermitaño", confiesa el artista que ahora respira buena parte del día el mismo aire que respiran los otros becarios, una atmósfera impregnada del perfume a materia trabajada y por la que circulan voces, retazos de música, los inequívocos sonidos del taller. "Uno está lleno de dudas -continúa Pedraza-. El trabajo en la beca es estimulante porque te permite acercarte a gente que está en la misma." Lo rodean las esculturas en bronce en las que está trabajando en este momento (extensiones tridimensionales de lo que venía desarrollando en sus pinturas) y que, poco antes de su charla con LNR, ha montado en una sala contigua a los talleres. Este espacio está destinado a la puesta en común de los avances de cada artista, una de las actividades más importantes del programa. Alternativamente, cada uno presenta sus trabajos y escucha las observaciones, preguntas o los reparos de sus pares, junto con las impresiones de Kuitca. "Lo importante de estos encuentros es que las observaciones se hacen desde la contención -asegura este último-. Nunca diría algo si no tuviera un aporte para hacer. Hay que tener mucho cuidado, porque el trabajo de otro artista es algo muy precioso." En la tarea diaria se van puliendo aspectos creativos, se formulan problemas. Algunos replantean su estilo. Otros cambian el eje de sus proyectos o los profundizan.

Si en algo coinciden todos, es en la capacidad docente de Kuitca. "Guillermo tiene un ojo afilado, una fuerza que está buenísima", asegura Nicanor Aráoz, uno de los autores que llegaron a la beca luego de pasar por el Programa de Artistas de la Universidad Torcuato Di Tella.

Inés Katzenstein, directora del departamento de arte de esa universidad, considera que la beca viene a insertarse en un campo que reclama nuevas instancias de formación, fundamentalmente en lo que se refiere al arte contemporáneo. "La situación de la educación artística está en crisis", lanza antes de comentar que está trabajando en el diseño de una carrera de arte en la Di Tella. Artistas como Jorge Macchi, Guillermo Kuitca, Pablo Siquier y Mónica Girón serán sus docentes, y, se espera que, toda su estructura esté lista en 2013. "Hay una nueva necesidad por parte de los artistas que tiene que ver con la educación -se explaya Katzenstein-. Quieren formarse, ya no va más aquello de mi maestro y yo. Ellos quieren estudiar, quieren teoría."

¿Esta tendencia daría lugar a un nuevo tipo de arte local? Nadie lo sabe.

"Cuando Inés empezó a trabajar con el departamento de arte del Di Tella, me pareció que la beca estaba destinada a encontrarse con este espacio", sonríe Kuitca, que ya compartió intereses y proyectos con Katzenstein: cuando en 2007 él fue elegido para representar a la República Argentina en la 52ª edición de la Bienal de Arte de Venecia, ella se encargó de la curaduría de ese envío.

Respecto del proyecto que lo convoca actualmente, el artista es consciente de las resonancias que la sola mención del Di Tella tiene en la memoria cultural argentina: ¿qué pervive en la actualidad de la experiencia motorizada por esa institución en los años 60, cuando su audacia creativa permitió soñar con una Buenos Aires instalada en el circuito del arte internacional? "No hay idea de un revival -asegura Kuitca-. Pero la antorcha de la experiencia sin duda la tiene el Instituto Di Tella".

Por Diana Fernández Irustadfernandez@lanacion.com.ar

DATOS CLAVE

Cuánto dura esta edición: un año.

Dónde se radica: sede Almagro de la Universidad Torcuato Di Tella.

Condiciones: la beca es gratuita; a los artistas se les ofrece el taller, un estipendio para materiales, ayuda para transporte y la supervisión de Guillermo Kuitca.

Régimen: el trabajo en los talleres se hace todos los días, de 12 a 18.

Exposiciones: Luciana Lamothe, Galería Ruth Benzacar (Florida 1000, CABA), entre el 4 de mayo y el 17 de junio. Todos los participantes del programa estarán en arteBA entre el 19 y el 23 de mayo en La Rural.

Más información: www.utdt.edu

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