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La compu

El abecé de un mundo que cambió de golpe

Tecnología

Suponga que lleva a su primogénito a anotarse para la escuela primaria. Le llama la atención la disponibilidad de cupos; nunca es tan fácil encontrar lugar. Así que decide averiguar un poco más. Se entera entonces de un pequeño detalle que caracteriza a ese colegio en particular. "No, no, aquí a los niños no les enseñamos ni a leer ni a escribir. Ya saben hablar. Es suficiente." Cierto, no sale de su asombro. Pero indaga más, extrayendo un resto de cordura de alguna parte. ¿Acaso le enseñan a sumar y restar? "Nada de eso, todas patrañas. Les enseñamos a contar hasta 10 el primer año, hasta 20 el segundo y así. Pensar demasiado los volverá infelices", le explican con solemne convicción.

Vamos, no hay nada de malo en el planteo. La civilización vivió más de 4500 años sin saber ni leer ni escribir, desde los sumerios hasta el orfebre de Maguncia. O, más bien, sólo un puñado contaba con este conocimiento. Y la especie viene andando la Tierra desde hace cien mil años o más, y nunca se puso a perder tiempo con esa bobería de la lectura. O con la matemática, válgame.

¿Cuál es el motivo por el que decidimos darle a un niño de 6 años más formación que la que la mayoría de los adultos y buena parte de los jefes de Estado poseía en la Edad Media? Lo pregunto de verdad. ¿Para qué?

La primera -ni remotamente la única- respuesta es que no podrá tener un empleo digno sin, al menos, la educación básica. Es cierto. Pero, ¿por qué?

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¿Por qué no podría conseguir un buen empleo si ni siquiera sabe leer y escribir? La humanidad trabajó y se ganó la vida durante siglos sin saber leer y escribir, ¿a qué vienen estas exigencias trasnochadas?

¡No son exigencias trasnochadas, las empresas hoy te piden tres posgrados para tomarte! Sí, lo sé. ¿Pero por qué?

Porque cambió el trabajo, en pocas palabras. Hace 500 años el conjunto de personas que trataban con información era minúsculo. El resto de nosotros practicaba labores que no requerían leer y escribir. Teníamos un empleo, una economía y una dinámica social de analfabetos.

Cuando el dique que contenía y fiscalizaba la información se derrumbó por la aparición del libro en serie la economía se fue transformando. Se produjeron más bienes para más gente, pero para eso hizo falta cada vez más trabajadores que lidiaran con esa nueva y valiosa materia prima, la información. Dicho de otro modo, la misma revolución del libro se volvió soporte de la economía. Tanto que la educación que millones de personas no recibían en la Edad Media es hoy obligatoria. Por ley.

De nuevo sopa

Perfecto, pero resulta que estamos cometiendo otra vez el mismo error. Y no me refiero a la calidad de la educación, sino a que de nuevo el mundo cambió, el trabajo cambió, la realidad cambió, pero seguimos enseñando lo mismo de hace 100 años. Hace 500 años era absurdo pensar en enseñar a leer y escribir a todos los chicos; muchos padres, de hecho, se habrían negado; no era normal .

Hoy nos parece disparatado no enseñarles a leer y escribir.

También sabemos que el mundo cambió y todo eso, así que les enseñamos informática, para mantenernos aggiornados . Ahí está el error. No les enseñamos el lenguaje de las computadoras, les enseñamos a leer y escribir con computadoras, que no es lo mismo. Les enseñamos a usar Office.

Nos sentimos satisfechos con esto porque los paquetes ofimáticos (Office, Open Office, Libre Office, y así) están dentro de lo que conocemos y hemos probado como valioso. Hay que saber leer y escribir para usar el Word y el Excel . Excelente razonamiento, pero es igual a aquél de las postrimerías de la Edad Media.

Lo que los adultos de mañana deben aprender hoy es algo que los adultos de hoy no pueden ver, está más allá de su horizonte. ¿Qué es?

Oh, bueno, vaya pregunta. No lo sé con exactitud. Sé, sin embargo, que estamos educando usuarios del mundo digital, no ciudadanos del mundo digital. Si me apuran un poco, y sé que sonará sacrílego, diré que mientras los chicos aprenden a leer y escribir, no cuando ya están en la secundaria, hay que enseñarles los rudimentos de la programación, de los sistemas numéricos y de la lógica booleana.

No pretendo, sería, calculo, inútil, que se fuerce al cerebro del niño a realizar operaciones de una abstracción de la que no es capaz, o que creemos que es incapaz. Aunque me reservo el derecho de desconfiar de lo que los adultos sostienen acerca de las capacidades de los niños, mire.

Tampoco es mi intención soslayar a pioneros como Horacio Reggini, que introdujo el lenguaje Logo en la Argentina en los 80, y Antonio Battro, que ahora está con el proyecto One Laptop Per Child y en una reunión hace poco me habló de formas inusitadas de educación que están descubriendo, potenciales ocultos en esas mentes infantiles que con frecuencia subestimamos.

Tampoco es mi pretensión ignorar a los que quizá, no lo sé, están haciendo algo de esto en algunos colegios, ni mucho menos recibir el rayo furibundo de los que creen que algo así es ofensivo o improcedente. Tan sólo cuento con mi experiencia de muchos jóvenes alumnos de universidad, generación digital al 100%, que no saben construir contraseñas, ignoran qué es la encriptación, hasta dónde puede llegar la geolocalización o que el anonimato de que disfrutamos en Internet es un lindo mito y nada más. No sienten miedo de las computadoras, como muchos adultos, es un hecho. Pero están igual de iletrados, excepto, claro, que hayan elegido una carrera técnica.

Mucho menos, favor de anotar, está en mi espíritu el criticar a los esforzados maestros de la primaria, verdaderos héroes de la nación.

Por el contrario

Opino, como Douglas Rushkoff, que los adultos siempre estamos un paso atrás de nuestra era tecnológica, salvo contadas excepciones. Digo que esta vez deberíamos cambiar la historia y darle una vuelta inesperada de tuerca a la educación y enseñarles a los chicos desde el primer grado los primeros palotes de la programación. Leo código, y sé de sobra que leer código es tener poder. Puedo escribirlo rudimentariamente. También eso es poder. ¿Por qué negarles a los chicos ese poder? ¿No es idéntico a cuando se les negaba la lectoescritura?

Confieso que hay gente que se me ha reído en la cara cuando declaré, muy suelto de cuerpo, que había que enseñarles a los chicos a programar desde los 6 años. Señal más que elocuente de que no estoy lejos de la verdad.

Digo que si pudimos, todos nosotros, siendo tan pequeños, comprender que unos dibujos sobre papel significaban mi mamá me mima , entonces los chicos son capaces de entender la idea de que una computadora es básicamente un juguete programable, tonto, mentecato y obediente. Si pudimos sumar y restar, quizá sea posible mostrarles otros sistemas numéricos y la lógica proposicional.

Espere, no, no propongo que les enseñemos C++ en primer grado. Tampoco nos zambullimos en Cervantes en primer grado. ¿Pero por qué seguimos enseñando sólo los primeros palotes de la escritura tradicional cuando hoy hay otros lenguajes igual de fundamentales?

Se me ocurrió esto el otro día, después de una charla donde evaluábamos, por así decir, las costumbres del público respecto de sus contraseñas y seguridad informática. Alguien sugirió que usar claves débiles es lisa y llanamente estupidez. Disiento. Hay verdaderas lumbreras de nuestra sociedad que usan contraseñas ridículamente quebradizas. ¿Por qué? Porque nunca nadie les dijo cómo piensa un cerebro electrónico, no leen código. Esto no los hace estúpidos.

Una persona muy inteligente del siglo XV podría parecer tonta en el mundo de hoy sólo por ser incapaz de leer el diario.

No estamos solos

En otra reunión, aquí en el diario, Manuel Aristarán, programador que creó el sitio http://gastopublicobahiense.org/ , mencionó, cuando le comenté estas ideas, a Douglas Rushkoff, autor de Program or be programmed , cuyo título es ya una sólida declaración de estos principios. En su decálogo para la vida digital, Rushkoff insiste sobre la diferencia abismal que existe entre los que entienden código y los que no.

Por mail, Manuel, que también es bajista de jazz, me pasó estos dos proyectos: Hackety-hack ( http://hackety-hack.com ) y Scratch ( http://scratch.mit.edu/ ), del MIT.

En otras palabras, la idea de enseñarle a entender código a los chicos desde el primario no es ningún disparate. Parece un disparate, pero no lo es. Parece un disparate porque es algo del futuro, pero que deberíamos poner en práctica ya. Porque sin poder leer código volamos a ciegas a merced de las ciegas decisiones de las máquinas. No queremos eso para nuestros hijos..

@arieltorres
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