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Actualidad religiosa

Dos figuras opuestas, con profundas coincidencias

Cultura

Pocos escritores, como Ernesto Sabato, han dejado testimonios inequívocos, sin mencionar tanto a Dios, de su preocupación por el destino del hombre y los misterios que nos esperan más allá de la muerte. En su libro Antes del fin , poco después de la muerte de su esposa, dejó a los jóvenes un conmovedor mensaje y la misión de "tomar la vida del mundo como una tarea propia y salir a defenderla".

El destino quiso que su muerte coincidiera con la beatificación de Juan Pablo II, un papa con el que nunca se reunió pero con quien, a pesar de las distancias geográficas y concepciones ideológicas diversas podría encontrar alguna identificación. Durante sus años juveniles, Sabato militó en el comunismo que oprimió a Wojtyla y a su Polonia natal, pero el tiempo lo llevó a mantener algunas coincidencias con la Iglesia en sus años finales. La lucha por la libertad fue una constante en la trayectoria de ambos, así como su ascendencia especial sobre la juventud. En el primer día de su pontificado, Juan Pablo II llamó a los jóvenes a desafiar el mundo y les dijo: "No temáis? ¡Abrid de par en par las puertas a Cristo!". En los últimos años, Sabato hizo explícitas condenas al relativismo, al individualismo y a la degradación de los valores en la cultura contemporánea (en varios fragmentos de La resistencia , 2000), mientras el pontífice polaco recorría el mundo con ese mismo mensaje.

Infatigable promotor de la paz, apenas dos meses después de asumir, Juan Pablo II medió en el conflicto limítrofe entre la Argentina y Chile por el canal de Beagle. El vicecanciller del gobierno de Alfonsín, Jorge Federico Sabato, hijo del escritor, trabajó con la Iglesia para llevar a buen término la mediación, coronada con el Tratado de Paz y Amistad. No era un hombre de fe, pero el secretario de Estado del Vaticano, Agostino Casaroli, lo condecoró por su labor.

El escritor se sentía cómodo con los sectores progresistas de la Iglesia. En la Conadep compartió reuniones con el obispo Jaime de Nevares. En su vida personal hubo un acercamiento a la fe, cuyo punto cúlmine fue el 21 de diciembre de 1990, cuando formalizó por la Iglesia su unión de 50 años con Matilde en una ceremonia encabezada por dos obispos.

mvedia@lanacion.com.ar.

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