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El otro Sabato

Hugo Beccacece Para LA NACION

Martes 03 de mayo de 2011
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La primera edición de Sobre héroes y tumbas (Compañía General Fabril Editora) apareció a fines de 1961. No es frecuente que la publicación de una novela de ambiciones literarias -concebida como un texto maldito y como "obra total", no como un best seller- coincida de inmediato con el gusto de un público ansioso, sin sospecharlo, de leer exactamente lo que ese libro le ofrece. Eso fue lo que ocurrió con la segunda novela de Ernesto Sabato. Lo que él decía y cómo lo decía era lo que muchos de los lectores argentinos de la época, sobre todo los más jóvenes, estaban interesados en leer. La visión de la historia nacional desde la perspectiva de una izquierda no clasificable, la narración de carácter existencial, o "existencialista", como se decía en aquellos años, la pasión romántica, las reflexiones sobre Borges, los toques macabros, el incesto, la locura y la tragedia, todo eso, coronado por "Informe sobre ciegos", era mucho más de lo que se podía esperar y, al mismo tiempo, era lo que se aguardaba, sin saberlo. Apenas comenzaron las clases de 1962 en los colegios secundarios y en las facultades, la difusión de Sobre héroes ? se aceleró. Los mismos estudiantes que iban a ver las películas de la nouvelle vague eran los que seguían las desventuras de Martín, Bruno y Alejandra Olmos, los personajes creados por el escritor. Sin embargo, Sabato no tenía en las cátedras universitarias la misma aceptación que Julio Cortázar, cuyas colecciones de cuentos ( Bestiario , Las armas secretas ), ya eran analizadas y admiradas en los cursos de introducción a la literatura a principios de la década de 1960. Sabato era leído más bien fuera de las aulas. Suscitaba polémicas, se lo exaltaba y se lo atacaba con la misma pasión, pero no se lo estudiaba. En general, lo que no se discutía era la calidad literaria de "Informe sobre ciegos", tercera parte de la novela, y el relato de la retirada y muerte del general Lavalle.

Curiosamente, en 1962 se había traducido al español El retorno de los brujos , un ensayo de Louis Pauwels y Jacques Bergier, que se ocupaba de los fenómenos parapsicológicos y del esoterismo, es decir, de un mundo tenebroso que, de algún modo, rozaba el de Sabato. De ese ensayo, se vendieron millones de ejemplares en todo el mundo. El éxito fue tal que Pauwels y Jacques Bergier empezaron a publicar en francés la revista Planète . En las coffee tables de las casas más sofisticadas de Buenos Aires, Sobre héroes ? y Planète compartían los lugares de honor (poco más tarde, Planète se convirtiría en un producto masivo). Ese hecho muestra hasta qué punto el autor argentino había captado el espíritu de la época, pero lo había hecho antes y con fines absolutamente literarios. Las señoras que oficiaban de locomotoras culturales de la sociedad y los estudiantes que poblaban los cafés cercanos a la calle Florida, centro de los debates más encendidos, leían el mismo libro. El escritor de las tinieblas se había puesto de moda y había revolucionado las vidas de sus seguidores que lo consultaban (y lo seguirían haciendo) como a un gurú.

El éxito del nuevo título de Sabato hizo que se lo tradujera a numerosos idiomas junto con el resto de su producción. Esas versiones le valieron muchos reconocimientos internacionales y su renombre creció de un modo notable con la actividad cívica que tuvo desde la restauración de la democracia. Quizá pueda decirse que, en la actualidad, Sabato tenga aún más prestigio estrictamente literario en el extranjero que en la Argentina, donde su nombre se asoció en los últimos años al Nunca más , la investigación que presidió sobre los desaparecidos de la dictadura militar. Saramago, el fallecido premio Nobel de Literatura, y el italiano Claudio Magris (candidato al mismo premio), que fueron sus amigos, han colocado las novelas y ensayos del argentino entre los más destacados de la segunda mitad del siglo XX.

Los críticos, los lectores y los colegas de Sabato en el país y en el exterior han insistido siempre en el carácter sombrío de sus ficciones y ensayos; una tendencia subrayada en la vida real por la expresión concentrada de su rostro y la postura melancólica de su cuerpo. La misma aplicación que Sabato ponía en retratar a sus personajes, la empleó para componerse una máscara que lo protegiera y lo convirtiera en un ícono. De todos modos, él mismo decía que, más allá de sus depresiones, era un cascarrabias y nunca dejó de hablar de la esperanza. Pero había en él otro aspecto poco conocido por la mayoría y muy festejado por sus amistades: el humor, a menudo sarcástico, del que era capaz. Disfrutaba cuando uno de sus rasgos de ingenio divertía a quienes hablaban con él. Sin embargo, poco o nada de eso afloraba en su imagen pública, quizá porque había quedado preso de las grandes causas de las que no podía sustraerse y que consideraba urgentes y necesarias. Es probable que temiera incurrir en frivolidades ante quienes lo escuchaban y lo veían en actos oficiales y conferencias. Por otra parte, la expresión ensimismada, la famosa vena que surcaba su frente y que Mujica Lainez le envidiaba, la tristeza lancinante de la mirada, se correspondían con lo esencial de su obra. Aun así, algo de la veta humorística de Sabato se puede entrever en Quique, una de las criaturas más peculiares de Sobre héroes ? Quique aparece en dos escenas de la novela. Las dos veces está de visita en una boutique donde trabaja Alejandra. Es un periodista mordaz, que se burla de todos de un modo tan cómico como despiadado. Cuando uno le recordaba a Sabato la figura de Quique, se sonreía. En tren de confidencias, llegaba a abrir uno de los cajones de su escritorio y sacaba una carpeta, que contenía una buena cantidad de papeles. "Estas son ocurrencias de Quique", decía. "Cuando quiero distraerme, dejo que Quique escriba, pero no mucho." En ocasiones, hasta leía en voz alta algunas de esas ocurrencias desopilantes. Después, añadía una reflexión, de nuevo melancólica. "Cuando ya no esté, quizás encuentren estas páginas y querrán publicarlas". Y, de inmediato, amenazaba: "A menos que las destruya, como destruí tantas otras páginas?".

Los desvíos de su imagen pública, los textos sonrientes (¿perdidos?) son el secreto que queda por develar. Para los lectores, de modo paradójico, ése es aún hoy uno de sus lados ignorados y oscuros: el otro Sabato.

© La Nacion

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