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Las islas

Alejandro Tantanian traslada a escena los excesos de una novela de Carlos Gamerro

Viernes 06 de mayo de 2011
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AUTOR: CARLOS GAMERRO / DIRECCION: ALEJANDRO TANTANIAN / ELENCO: JULIAN VILAR, PABLO SEIJO, DIEGO VELAZQUEZ, ALEJANDRO GENES, ALAN DARLING, LUIS ZIEMBROWSKI, NAHUEL CANO, JUAN PABLO GALIMBERTI, ERNESTO DONEGANA, MATIAS BARKI, ANALIA COUCEYRO, DENISSE VAN DER PLOEG, LUCILA SALIS, IVAN MOSCHNER E IAN BARNETT / DIRECCION MUSICAL: DIEGO PENELAS / MUSICOS: SEBASTIAN HOLZ, RODRIGO QUIROS, CECILIA ZABALA Y ALFREDO ZUCCARELLI / VESTUARIO: MARINA DE CARO / ESCENOGRAFIA Y PROYECCIONES: SEBASTIAN GORDIN / DURACION: 135 MINUTOS / SALA: TEATRO PRESIDENTE ALVEAR

Era el año 1998 y un país entero estaba convencido de que había temas de los que no había que hablar. Entre ellos, muchos, estaban las islas Malvinas, la guerra, los excombatientes y los muertos y olvidados en ese absurdo tan nacional. En ese contexto, Carlos Gamerro realizó una pequeña edición de una novela excesiva que acabó por convertirse en uno de los libros más importantes de la literatura argentina contemporánea. Las islas es un texto que opera con un absurdo que duele, que condensa disparates que más que distanciarnos nos involucran e identifican. Las islas es dolor y un claro gesto literario que convierte a Gamerro en uno de nuestros autores centrales y que ahora se lanza a realizar un imposible: una versión teatral.

Si se pudiese resumir algo del argumento habría que decir que en Las islas un empresario alemán inescrupuloso, obsceno, poderoso, contrata, en 1992, a un ex combatiente que ha perdido la memoria sobre Malvinas porque un fragmento de casco se le incrustó en el cerebro, para que averigüe qué es lo que ha ocurrido con su hijo desaparecido en Malvinas, hijo favorito y heredero, que fue amamantado por él mismo luego de una violenta concepción. En paralelo y como si esto fuera poco, un grupo de ex combatientes planifican un delirante regreso mientras Felipe Félix, el protagonista, desarrolla un juego electrónico que reproduce la guerra pero en el que Argentina gana. El exceso no se detiene aquí sino que una tercera línea nos lleva a Gloria, una mujer secuestrada, abusada y torturada por el mayor Arturo Cuervo, con quien tuvo dos hijas con capacidades diferentes.

En su versión literaria, Las islas se toma seiscientas cargadas páginas para poder presentar y desarrollar cada una de estas líneas y producir los cruces necesarios. A su vez, por la propia operación de condensación que propone busca los modos de hilvanar los momentos álgidos (por grotescos, por dramáticos, por excesivos o por violentos) con otros de distensión, que es precisamente lo que permite valorar y distinguir a los primeros. En la versión teatral se optó por recortar y agrupar informaciones para ganar en duración. Y eso le juega en contra, más allá del intento que en este sentido hace Tantanian con la irrupción de los momentos musicales .

Desde el punto de vista escénico, se optó por un código interpretativo más próximo a lo farsesco, en donde Ziembrowski se mueve con holgura. Y aunque quizás a aquel que no haya leído previamente la novela esto no le signifique un problema, para quien se haya atemorizado con la escena de abuso del empresario hacia su hijo homosexual, con esa violencia que el lenguaje verbal puede generar con la sola descripción fría del hecho, sentirá que la representación "actuada" de ese abuso no llega al mismo nivel de sordidez. Sin embargo, la potencia dramática y actoral que tienen las escenas de Analía Couceyro y aquella en la que Nahuel Cano aparece travestido como la esposa de Tamerlán son superlativas.

En este sentido hay que remarcar que si hay algo en lo que se parece la versión teatral a la literaria es en los excesos más allá de coincidir, o no, en los modos de producirlos. Todo es mucho. Personajes que emergen del piso, proyecciones figurativas y abstractas, escenografía que avanza y retrocede impunemente, mezcla de vestuario con disfraces, actuaciones dramáticamente contenidas con excesos irrefrenables, musicales y una clara cita a Enrique Pinti… Lo dicho. Todo es mucho. Lo importante es que este estreno vuelve a poner sobre la escena a nuestras Malvinas.

Federico Irazábal

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