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Esa nena ríe, esa nena llora, ésa no hace nada

Las trillizas se separan, crecen y tiempo después se reencuentran

Sábado 07 de mayo de 2011
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LAUTOR:FINEGAN KRUCKMEYER DIRECCION:SOLANGE PERAZZO. CON: BRENDA KREIZERMAN, LETICIA LEIVA, MARIA EUGENIA GONZALEZ , ROCIO FERNANDEZ BRANDAUER Y JAVIER LOPEZ GALVAN. MUSICA: ERIKA BRANDAUER. SALA: AUDITORIO UPB (CAMPOSALLES 2146). FUNCIONES: DOMINGOS, A LAS 16.30. Nuestra opinión: buena

Las trillizas salen a recorrer el mundo, cada una a su modo, cada una construyendo su destino. El punto de partida no puede coincidir entonces nunca con el del reencuentro: ya no son las mismas, después de dos décadas de andar. El parecido genético se transforma en diferencias por la experiencia vivida. Y sin embargo las vuelve a unir la necesidad del afecto, a cada una desde su lugar. La diferenciación, que les aporta identidad, no las aleja finalmente, sino que les permite sentir ese afecto como un impulso personal, deseado y necesario. Tal vez una situación más valiosa que la naturalización del vínculo sólo por ser mellizas.

Esa nena ríe, esa nena llora, esa no hace nada , del australiano Finegan Kruckmeyer, se arriesga a una introducción de impronta narrativa, ilustrada a modo de pantallazos por escenas más o menos fijas, antes de lanzar a las trillizas en direcciones divergentes a recorrer mundo. Una de ellas será audaz y combativa, otra optará por conocer experiencias novedosas. La tercera prefiere permanecer en la tranquilidad ganada en una casa del bosque.

Así como la acción en sí comienza a rodar al rato, también la labor interpretativa requiere de cierta fase de precalentamiento para superar una impostura un tanto aniñada que tiñe el inicio. Es una cuestión compleja y frecuente en el teatro para chicos en el que se asumen personajes en edad infantil. En este caso, la misma calidad del texto, que transita por vertientes poco frecuentadas en la escena local, lleva sin embargo a las tres protagonistas, y a quienes las acompañan en los papeles de reparto de la historia, a lograr una representación convincente de las épicas peripecias de las trillizas.

La puesta en escena de Solange Perazzo, que fue acompañada por el autor gracias a un programa de cooperación teatral internacional, sortea entonces las dificultades de la apertura, adquiere una dinámica ágil de focalización rotativa en los destinos de una y otra de las hermanas, con una convergencia eficaz en la reunión del trío sobre el final. La música, interpretada en escena juega un papel de soporte interesante que incluso podría haber sido desarrollado un poco más.

La parábola sobre el crecimiento, trazada sobre tres líneas de recorrido diverso, convoca sin didactismos a una reflexión sobre la diversidad de las personas y sus circunstancias, sobre la confrontación y la tolerancia. Y sobre la permanencia de los afectos.

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