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Frontera permeable / La Nación, en el paso a Paraguay

Clorinda, una aduana que pocos respetan

Información general

Por la pasarela que une esta ciudad formoseña con Nanawa, camino a Asunción, circulan casi sin control personas y mercaderías

Por   | LA NACION

CLORINDA, Formosa.- El sol del otoño lastima; el calor, por momentos, se hace insoportable. Son las 16, y un gendarme se acerca al vendedor ambulante y le pide un helado de agua. A sus espaldas, a menos de 100 metros, alguien cruza la frontera clandestinamente con cuatro neumáticos de auto y los deja en una gomería, donde en un minuto le cambian las ruedas; sin ser descubierto, cruza el río Pilcomayo en sentido contrario, hacia Nanawa, en territorio paraguayo.

Dieciséis horas después, un niño y una niña cruzan el río Pilcomayo en una canoa. En la precaria embarcación transportan garrafas de gas vacías. El, con un gran esfuerzo, sube el empinado sendero. Ella lo acompaña riendo y jugando. Cruzan el Paseo Costero, en esta ciudad, dejan su carga sobre la calle Cancio y vuelven a Nanawa, en Paraguay. Una vez llenas, las pasarán a buscar: es una actividad habitual para ellos.

Todo eso sucede a metros de la Pasarela de la Amistad Clorinda-Nanawa, paso fronterizo entre la Argentina y Paraguay, ante la pasividad de personal de la Gendarmería Nacional y funcionarios de la Dirección General de Aduanas. No ocurre a escondidas o de noche: La Nacion pudo comprobar que esto sucede en horas de la mañana y la tarde.

No es sólo eso. Como coordinadora de la Red Infancia Robada, la hermana Martha Pelloni, que se hizo conocida con las marchas del silencio en Catamarca, tras el asesinato de María Soledad Morales, en septiembre de 1990, visitó esta ciudad a fines de marzo pasado para hacer una capacitación sobre trata, tráfico y explotación sexual de niños y niñas. La religiosa se llevó, según sus propias palabras, una desagradable sorpresa cuando estuvo en la Pasarela de la Amistad, conocida por todos como Pasarela de la Fraternidad.

 
 

Niños en peligro

En una carta al gobernador de Formosa, Gildo Insfrán, Pelloni denunció: "Me impresionó la cantidad de niños esclavos laborales. Niños mulas. Llevaban grandes bolsas y cajas de mercadería en la espalda, en la cabeza y en los brazos. Los gendarmes de ambos países estaban sentados tomando mate y ni siquiera pedían documentos. La droga va y viene; los mismos chicos y taxistas te muestran quiénes venden".

El profesor Marcos Agüero, que realiza tareas de asistencia social en zonas humildes de la provincia, dijo a este enviado: "Si bien hubo un freno después de la denuncia de la hermana Pelloni, nadie puede negar que hay mucho trabajo infantil en Clorinda. En la pasarela se puede ver a niños cargando bolsas de 50 kilos de mercadería. El otro gran problema es el de las adicciones a las drogas. Falta una decisión política para terminar con este problema".

En su carta, Pelloni también habló de prostitución de menores, de venta de aparatos electrónicos sin control, de un presunto tráfico de órganos (esto ocurriría del lado de Paraguay) y de los pasos clandestinos que unen Clorinda con Nanawa. La Nacion corroboró su existencia en una recorrida. Los senderos se observan a simple vista al caminar por el Paseo Costero, última calle en territorio argentino antes de cruzar a Paraguay.

"Los que nos acompañaban nos mostraron las puertas de los pequeños locales donde guardan la mercadería, que tienen una habitación para la prostitución de menores, que funciona allí mismo, donde compran sexo los mismos mercaderes y pagan con un teléfono celular, zapatos o ropa", describió Pelloni en su carta.

Al cierre de esta edición, los encargados de prensa de la gobernación de esta provincia no habían respondido las llamadas de La Nacion sobre esas afirmaciones de Pelloni.

El jefe del Escuadrón 16 Clorinda de la Gendarmería Nacional, comandante principal Hugo Escubilla, dijo a La Nacion que después de la denuncia pública realizada por la hermana Pelloni elevó a sus superiores un informe de lo que sucede en la zona, pero no quiso dar detalles de esa explicación.

"Nosotros hicimos los informes correspondientes. Sería interesante que la hermana Pelloni hiciera la denuncia formal ante la Justicia. Nosotros no podemos hablar de lo que sucede en territorio paraguayo", sostuvo Escubilla.

Sobre el cruce de menores por el paso fronterizo, Escubilla dijo que los niños sólo pueden ir de un país al otro con una autorización de sus padres. La norma es desafiada a diario por los chicos, a toda hora.

Escubilla admitió la existencia de cruces ilegales que unen Clorinda con Nanawa. "Se eliminaron muchos pasos clandestinos que han sido descubiertos. Tenemos para vigilar 25 kilómetros de contención hídrica, y a veces se hace difícil." Dio como ejemplo el secuestro de relojes por un valor de 53.000 pesos que, días atrás, un hombre abandonó en su huida cuando los gendarmes le dieron la voz de alto, al descubrir el intento de contrabando.

La presencia de Pelloni no fue en vano. Es como si hubiera abierto los ojos de la gente para que descubrieran lo que está mal y que para ellos era normal. Después de la visita de la religiosa, se formó el Foro Infancia Robada Clorinda, iniciativa que intentará encontrar una solución.

"Hay mucho miedo. La gente no habla. La frontera es muy permeable. No hay control de nada. La hermana Pelloni relató situaciones que para muchos de nosotros eran naturales, porque siempre estuvieron", dijo a La Nacion Elena Barrios, periodista, trabajadora social e integrante del Foro Infancia Robada Clorinda.

Barrios afirmó que la denuncia de Pelloni sobre la prostitución infantil se condice con la realidad. "Nosotros queremos concientizar y sensibilizar a la gente para cambiar la realidad, pero hay mucho miedo", repitió, como sabiendo que la batalla será larga. Mientras, a metros de la Pasarela de la Amistad, el contrabando, muchas veces protagonizado por niños, no se detiene.

Denuncia de la hermana Pelloni al gobernador Insfrán

  • "Me impresionó la cantidad de niños-esclavos laborales; niños-mulas. Llevan grandes bolsas y cajas de mercadería en la espalda, en la cabeza"
  • "Los gendarmes de ambos países estaban sentados tomando mate y ni pedían documentos. La droga va y viene; los chicos te muestran quiénes venden"
  • Nos mostraron las puertas de los pequeños locales donde guardan la mercadería, con una habitación para la prostitución de menores
  • "[Quienes] compran sexo [donde funciona la prostitución infantil son] los mismos mercaderes, que pagan con un teléfono celular, zapatos o ropa"
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