Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Cambios en el FMI y enfermedad holandesa

Roberto Frenkel Para LA NACION

Domingo 15 de mayo de 2011
0

Se registran cambios importantes en las posiciones del FMI. Por ejemplo, ha cambiado su posición con relación a las medidas que deberían adoptar los países de mercado emergente (PME) frente al auge de los influjos de capital. Por ejemplo, la institución contempla ahora las intervenciones oficiales en los mercados de cambio y las regulaciones de los flujos de capital. En mi opinión, los cambios son buenos, pero incompletos.

Discrepo principalmente con el tratamiento de los efectos de la enfermedad holandesa (EH). Operativamente, mi discrepancia se centra en los criterios que deben guiar las medidas para neutralizar o atenuar los influjos de capital y sus efectos. ¿Qué indicadores deben observarse para decidir las intervenciones en el mercado de cambios, las medidas fiscales, la política de tasas de interés y la aplicación de regulaciones a los influjos de capital? El FMI se focaliza principalmente en indicadores del sistema financiero y en la tendencia de la cuenta corriente y deja la evolución del tipo de cambio real (TCR) en un lugar muy subordinado, o directamente de lado. Esta orientación prioriza la reducción de los riesgos de crisis financiera y externa, pero desconsidera los riesgos de EH.

La orientación del FMI está inspirada en la prudencia en el diseño de las políticas. Los gobiernos deben tener bien presente la incertidumbre de los escenarios futuros. Frente a esa incertidumbre, la prudencia aconseja medidas para neutralizar o atenuar el boom de ingresos de capital y sus efectos. Las medidas deben adoptarse no solamente para evitar la formación de burbujas en los activos locales y mantener bajo control la inflación, sino también porque no adoptarlas podría conducir rápidamente a crisis financieras y externas y, consiguientemente, a un daño de gran magnitud, si se modificara negativamente el escenario internacional. En este aspecto coincido con la posición del FMI, tal como está expresada en diversos documentos recientes.

Prudencia para todo

Sin embargo, creo que la prudencia debería generalizarse a todos los efectos del boom, incluyendo los efectos reales de una apreciación relativamente prolongada del TCR. Los efectos reales deben tomarse en cuenta en pie de igualdad con los riesgos de crisis, en primer lugar, porque son difícilmente reversibles. La inversión en la industria es mayormente irreversible y la pérdida de competitividad resultante de varios años de apreciación del TCR (aunque fuese transitoria) produce destrucción permanente de capital organizacional y humano.

En segundo lugar, basados en los estudios disponibles sobre los efectos de la EH, ¿podríamos recomendar a un PME de mediano desarrollo industrial aceptar pasivamente los efectos de la EH, desarticular el sector industrial y apostar a que un volumen importante de empleo desplazado se reubique en los servicios y las actividades extractivas o agropecuarias? ¿Debería un gobierno acometer esa aventura, aun si sus autoridades estuvieran convencidas de que las condiciones externas favorables serán perdurables? El principio de prudencia lo desaconseja, no solamente por la incertidumbre de los efectos de la EH, sino también porque el contexto global es novedoso y apenas empezamos a entenderlo.

Algunos documentos sugieren que la apreciación sólo debería preocupar si se trata de una desviación con respecto al equilibrio. El criterio es a veces utilizado para distinguir las apreciaciones propias de la EH de otras tendencias a la apreciación. Las primeras no deberían ser motivo de preocupación porque serían apreciaciones del TCR de equilibrio, un síntoma del enriquecimiento del país. Estos juicios no tienen significado empírico, porque no hay cómo distinguir entre apreciaciones buenas y malas a partir de la noción de tipo de cambio de equilibrio.

El nivel del TCR debe juzgarse de acuerdo con su adecuación a distintos objetivos de la política económica. Los datos del pasado de la economía, cocinados con diferentes modelos econométricos, proporcionan solamente una orientación gruesa. Sabemos, por ejemplo, que los TCR de casi todos los países de América latina están actualmente en niveles similares a los más apreciados de los 30 años recientes. Para juzgar el grado de adecuación de estos niveles a distintos objetivos, la información debe complementarse con otros indicadores, como sugieren hacerlo los documentos del FMI con indicadores financieros y la cuenta corriente, para reducir los riesgos de crisis futuras.

No es fácil

El juicio sobre el grado de apreciación tolerable para evitar o atenuar la EH es dificultoso porque los efectos negativos reales de la apreciación demoran en manifestarse y, cuando son claramente observables, resultan mayormente irreversibles. Consecuentemente, las autoridades de un país que aspira a neutralizar la EH deben adelantarse a la aparición de sus manifestaciones abiertas. Para esto deben contar con información detallada sobre la competitividad del sector industrial y basar en ésta su juicio sobre la adecuación del TCR. Este rol del gobierno parece irreemplazable.

El autor es investigador titular del Cedes y profesor de la UBA, la Universidad Di Tella y Flacso-San Andrés.

Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas