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Los alimentos atraen a inversores con hambre de negocios

Fondos de inversión, como el Exxel, AVP, MBA y DLJ, y empresarios de otros rubros, como Francisco Macri y Gregorio Perez Companc, pelean por un lugar en el sector.

Domingo 09 de mayo de 1999

El sector agroindustrial es uno de los brazos fuertes de la economía argentina. Su producción aporta casi el 60% de las exportaciones nacionales -US$ 25.800 millones en 1998- generando ingresos por US$ 8704 millones por las manufacturas industriales de origen agropecuario -aceites, conservas y derivados de harinas, entre otros- y US$ 6582 millones por las ventas de productos primarios, como cereales y oleaginosas. Tierra generosa la nuestra, pero a veces poco valorada, parece destinada a ser lo que siempre sonó como una fantasía criolla, uno de las proveedores de alimentos de la futura humanidad hambrienta.

De hecho, así lo demuestran investigaciones efectuadas en el David Rockefeller Center de la Universidad de Harvard y presentadas en el país en el Congreso de Alimentación que se realizó en 1997. Los especialistas, al preguntarse "quién dará de comer a los chinos" (en el 2020 habrá unos 10.000 millones de almas sobre el planeta, abundante en desequilibrios ecológicos), concluyeron, como hipótesis, que "las pampas de América del Sur", los suelos argentinos y uruguayos, podían dar una respuesta factible. Es decir, explotadas en forma sustentable resultarán una especie de oasis fértil en un mundo escaso de superficies con bajos niveles de contaminación y saturados por el uso continuo.

"El punto de partida es diseñar una política de desarrollo que permita ser competitivo en el mercado global. Ventajas comparativas abundan para incrementar las producciones y crear una oferta internacional importante. Hay, por caso, suelos para expandir los cultivos destinados a generar materia prima, y diversidad de áreas agroecológicas para lograr diferentes especies vegetales y animales", comentó el ingeniero Pablo Vernengo del Consejo Profesional de Ingeniería Agronómica.

¿Cómo ganar este espacio? Para el entrevistado, es imprescindible aplicar tecnologías, mejorar rendimientos, incrementar la superficie de siembra e, indiscutiblemente, crear industrias que le den valor agregado a las materias primas.

En otras palabras, la Argentina podría recuperar en parte su antiguo título de "granero del mundo", pero esta vez sólo será posible si se transforman los productos primarios (granos, vegetales, leches, carnes) en derivados comestibles. Dicho sea de paso, no sólo el país incrementaría el volumen de sus bienes exportables, sino el ingreso de divisas, ya que el precio de los commodities tiende a bajar en el largo plazo.

"Parte de esto (la transformación) se está haciendo. Si bien queda mucho por construir, en los últimos años comenzaron a realizarse inversiones importantes que están provocando un cambio profundo en las estructuras productivas del país", aclaró Vernengo.

La potencialidad nacional está atrapando capitales que buscan diversificar el riesgo y aprovechar las ventajas de los mercados emergentes. Por eso, a la industria de la alimentación llegaron los grandes grupos mundiales del sector, como Danone y Nabisco, Arisco y Parmalat, entre otros. También empresarios de diversos rubros, como Francisco Macri (construcción, servicios y producción automotriz) con Socma Alimentos, propietaria en el país de Canale, Tosti, La Lácteo y Estancias del Sur. Además, en San Luis instaló una usina que procesa 80.000 litros de leche diarios, para proveer a los hipermercados Wal-Mart.

Pero la expansión de Macri no se limitó a las fronteras nacionales. En Brasil, el holding tiene las marcas Isabela, Basilar, Adria y Zabet. Para dar una idea de la magnitud del mercado del país vecino, sólo en pastas Socma facturó allí US$ 203 millones en 1998. Ahora hay versiones de que el empresario de origen italiano vendería una parte de Canale do Brasil y de la Argentina.

Otro de los no tradicionales de la alimentación es Gregorio "Goyo" Perez Companc. Por medio del Family Group, recientemente le compró Molinos a Bunge y Born en US$ 620 millones, sumándola así al pool lácteo que ya había conformado con Abolio y Rubio-Molfino. Ahora, la nueva apuesta de "Goyo" es la vitivinicultura, ya que compró la bodega Nieto & Senetiner en Luján de Cuyo, Mendoza.

Los fondos vienen marchando

Los últimos en incorporarse al equipo de los que ven un potencial en la industria de los alimentos son los ascendentes fondos de inversión. Además del Exxel Group, que ahora está peleando con Unilever, Parmalat, The New Zealand Dairy y Danone por quedarse con la cooperativa láctea uruguaya Conaprole, están aterrizando Argentine Venture Partners (AVP), DLJ, el banco de inversiones Merchant Bankers Asociados (MBA) y Sabores Argentinos (cuyas cabezas son Alfredo Sánchez Zinny, Santiago Soldati y Mario Quintana).

Exxel, la firma del uruguayo Juan Navarro, fue la que más jugadas realizó en el sector, con dos grandes "golpes", como la compra de Fargo y Havanna, pero los restantes fondos pioneros hicieron lo suyo, y más de uno cuenta que las compras o alianzas recién empiezan. "Escuchamos ofertas, buscamos oportunidades y analizamos el hacia dónde y con quién", dice uno de los entrevistados resumiendo el pensamiento de sus colegas.

Entre las operaciones efectuadas con buena estrella se encuentra una del AVP, fondo en el que también está Santiago Soldati. "Hace dos años adquirimos la compañía cordobesa láctea Abolio y Rubio, construimos una planta productora de quesos y luego se la vendimos a Perez Companc. Fue un buen negocio para todos", recordó Ernesto van Peborgh, directivo del AVP. Fuentes de la industria comentaron que "Goyo" pagó US$ 114 millones por la firma en cuestión. Uno de los próximos pasos del AVP podría ser la industria frigorífica, todavía con escaso desarrollo.

El vino promete ganancias

El DLJ Merchant Banking Partners, en cambio, apuntó firme hacia los vinos, una categoría de producto con futuro casi garantizado. Por eso adquirió en abril de 1998 el 20% de la bodega Peñaflor, propiedad de la familia Pulenta. "Es la primera operación que realizamos en la industria alimentaria, pero recibimos semanalmente muchas propuestas", explicó el colombiano Martín Diaz, vicepresidente del grupo que también tiene participación en los paquetes accionarios de Cerámicas Zanon, Emergencia y Ambit.

Hasta el momento éstos son los únicos fondos con participación activa en la vitivinicultura, pero seguramente vendrán más. ¿Por qué?: en 1997, la Argentina exportó US$ 41,8 millones y a la región cuyana están arribando capitales extranjeros, incluidos de los Estados Unidos, por ejemplo, la empresa Kendall Jackson, que hace dos años desembarcó en Mendoza comprando 800 hectáreas por US$ 15 millones.

Donde sí continúa la lista es en alimentos industrializados. El banco de inversiones MBA (que asesora al grupo Soldati, reestructuró la deuda de la embotelladora Baesa y ahora conduce el mismo proceso en Alpargatas) adquirió la limonera tucumana San Miguel, la reestructuró (pasó de vender U$S 30 millones por año a U$S 83 millones) y abrió el 54% de su capital a la Bolsa. "Fue una inversión exitosa", comentó Alejandro Daireaux, de MBA, a tal punto que -por intermedio de San Miguel- adquirieron, el año pasado, el 33% de Citrícola Salteña. El de la citricultura (y los jugos concentrados a partir de ella) es precisamente otro de los sectores en los cuales la Argentina podría sacar ventaja a nivel mundial.

Otro caso interesante es el del fondo Sabores Argentinos, una asociación de once empresarios que armaron un fondo gerenciado a través de la empresa Innova. El equipo en cuestión se unió a la familia González Poo en el negocio de las especias, jugo de limón y productos de repostería; después a Lagorio, la división de la australiana Calsa con vinagres, condimentos y salsas.

Hoy controlan el 35 por ciento del mercado de las especias, el 50 por ciento del de vinagre, el 30 por ciento de los productos para repostería y el 25 por ciento de las salsas. La intención de Sabores Argentinos es constituir un gran grupo proveedor de aderezos.

Entre los "private equity funds" que aparentemente no van a virar hacia la industria alimentaria se encuentra el CEI: eligen poner el dinero en las telecomunicaciones y los medios. ¿Qué harán otros? Consultores Asset Management (que nuclea a empresas del "planeta Soros", como IRSA y Cresud), por ahora observan propuestas, estudian posibilidades y piensan.

El atractivo potencial argentino como proveedor de comestibles está atrapando a los "anónimos" propietarios de los fondos mundiales, y a los empresarios de diversos sectores, y en cierta medida reflejando una realidad que a nivel internacional es rica en casos.

Nuevos y viejos jugadores

En el macrocosmos de la industria de la alimentación conviven grupos con larga participación en alimentos, como Phillip Morris, con otros menos tradicionales como la japonesa Mitsubishi Corp, que -con oficinas en Chile- aprovecha su red global de filiales para averiguar precios de las materias primas, compararlos al instante y, por supuesto, como corresponde, adquirirlos al mejor postor.

Según un estudio de la Secretaría de Industria, de las 430 fusiones, compras y alianzas registradas de 1995 a 1996, cerca de 80 correspondieron a la industria alimentaria. Aun con la desaceleración que trajo aparejada la crisis mundial, la tendencia continuó en los últimos tres años. El aumento de escala fue una de las estrategias y es una de las causas por las cuales tienen cabida en la agroindustria los holdings y los grandes fondos de inversión.

Por María Teresa Morresi

la economía de escala es el objetivo

Si bien las investigaciones disponibles sólo reflejan parte de los movimientos de capital que se dieron en la industria de la alimentación -no existen mecanismos de declaración obligatorios-, los datos proporcionados por la Secretaría de Industria, Comercio y Minería concluyen que entre 1990 y 1997 se invirtieron en el sector US$ 6500 millones (desde compras de empresas hasta esporádicas renovaciones de máquinas), monto al que se sumarían unos US$ 1700 millones al culminar el 2000.

Respecto del destino económico de las inversiones realizadas hasta 1997 en el rubro alimentos, se estima que el 37% se concentró en adquisiciones de empresas en funcionamiento; el 40% fue hacia la ampliaciones de firmas existentes y el 22% a la construcción de nuevas plantas. Según Industria, "con este esquema varias empresas familiares renovaron sus estructuras prefiriendo valorizar sus activos a través de la venta de la compañía. Esto sucedió, por ejemplo, en el rubro galletitas".

Los capitales fueron llegando despacio y su intención es integrar algunas industrias con las fuentes de producción de materia prima con el objetivo de generar escala para exportar. Por ejemplo, una misma empresa con un campo de cultivo y una planta procesadora cercana. Pero al decir de Sergio Smith, presidente de la Asociación Argentina de Marketing, no es suficiente tener calidad y cantidad:"Los productos conquistarán mercados siempre que se construya una marca país ".

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