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"Se ha maltratado mucho la palabra progresismo"

La ministra de Desarrollo Social porteña y compañera de fórmula de Macri dice que no se identifica con la centroderecha sino con Evita y Alicia Moreau de Justo, no cree que la renuncia de su jefe político a la candidatura presidencial sea un retroceso y afirma que, a diferencia del gobierno nacional, el macrismo fue progresista "en los hechos"Ricardo CarpenaPara La Nación

Domingo 05 de junio de 2011
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No la Evita de Mauricio Macri, sino la Alicia Moreau de Justo de Pro. Por lo menos, así parece sentirlo María Eugenia Vidal, la compañera de fórmula que eligió el jefe de gobierno porteño para intentar ser reelegido en las próximas elecciones.

En rigor, esta vecina de Flores que vive en Castelar, de 37 años, casada, con tres hijos, hincha de Boca como su jefe máximo, dice sentirse identificada con ambas líderes políticas, aunque destaca que la dirigente socialista fue la pionera en materia de pelear por la justicia social y por los derechos de la mujer en la política. "No soy nada gorila, tengo muchas coincidencias con el peronismo, pese a que hay una parte de autoritarismo que no comparto, pero sí lo que Evita significó para las mujeres, aunque previamente Moreau de Justo había dado esa batalla", le dice a Enfoques.

Vidal es una virtual desconocida para la mayoría de los habitantes de la ciudad de Buenos Aires, pero no es estrictamente una novata: desde 2008 trabaja como ministra de Desarrollo Social porteña, desde donde, con un presupuesto anual de más de 1200 millones de pesos, maneja un área tan sensible como decisiva para atender a los más necesitados y, como suele suceder en cualquier partido, sea de derecha o de izquierda, tratar de asegurarse los votos de los más humildes.

Foto: Soledad Aznares
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Esta mujer, que parece haber sido la elegida por Macri justamente por ese perfil que aúna la tarea social con la gestión concreta, está procurando ser conocida con un desafiante discurso en el que cuestiona el sesgo progresista que se atribuye el kirchnerismo. "Hay un progresismo en el discurso, que es muy atractivo, y un progresismo en los hechos", advierte, y no sólo asegura que no se siente "una persona de centroderecha", sino que el gobierno macrista "ha llevado adelante un gobierno progresista desde los hechos".

La nueva estrella femenina de Pro proviene de una familia de clase media (padre médico, madre bancaria), se recibió de licenciada en Ciencias Políticas en la UCA y trabajó en la Anses, el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación y el PAMI. Pero lo que terminó resultando definitorio es haber pasado por el Grupo Sophia, creado en los años noventa por Horacio Rodríguez Larreta, jefe de Gabinete porteño y su verdadero padrino político, y por la Fundación Creer y Crecer, que cobijó a los cuadros técnicos del macrismo.

En política pura, fue legisladora porteña gracias al triunfo de Macri en las elecciones de 2007. Y ahora la espera un desafío mayor, para lo cual no le falta algo de picardía: "Tenemos para mostrar lo que hicimos en los últimos tres años y medio y [Daniel] Filmus tendrá para mostrar lo que hizo en sus años de gestión con [Aníbal] Ibarra, que, además, es candidato de su espacio".

-¿No le parece un retroceso político que Macri, que se proponía liderar un proyecto nacional, haya tenido que desistir de su plan presidencial y disputar su reelección?

-No, el Pro es un espacio joven en política comparado con otros partidos que tienen décadas en la Argentina, y desde esa juventud tiene un proceso de maduración. Quedarnos en la ciudad es respetar ese proceso de maduración. En 2003, cuando perdimos, muchos apostaban a que no nos íbamos a quedar, pero nos quedamos, aprendimos de esa derrota y después ganamos en 2005 y en 2007. Cuatro años más nos van a terminar de consolidar como un partido con vocación nacional, algo que se empieza a ver en Santa Fe, en Buenos Aires, en Entre Ríos, en Córdoba, en provincias en las que estamos empezando a pisar cada vez un poquito más fuerte.

-Entiendo que tenga que decir algo así, pero si las encuestas le hubieran dado bien ahora estarían con el proyecto Macri presidente?

-Las encuestas, tanto cuando nos daban bien como cuando no, son una herramienta más para decidir. No son "la" herramienta, y menos para una elección presidencial para la que falta tanto y en un país en el que un año antes uno no sabe quiénes van a ser los candidatos y mucho menos quién va a ganar. Todavía falta mucho y hay fenómenos electorales previos, como el de Santa Fe o como el de la ciudad de Buenos Aires, que pueden ir cambiando esta tendencia de esas encuestas que hoy se muestran favorables a la Presidenta.

-Es obvio que Cristina Kirchner se va a meter en la campaña porteña. ¿Le teme a esa posibilidad o se puede convertir en un boomerang?

-Ellos se equivocan si les plantean a los porteños que el gobierno nacional sólo va a ayudar al gobierno de la ciudad si gana el kirchnerismo?

-Es lo que hicieron siempre, lo que pasa es que ahora las encuestas les están dando mejor?

-Me parece mal que se castigue a la gente por quien vota o también que en vez de promesas electorales se hagan amenazas electorales. Esa no es la manera de hacer política. Y el porteño no comparte esa manera. Si la estrategia de campaña del kirchnerismo va a ser ésa, creo que se van a equivocar.

-¿Hay encuestas o es un pálpito?

-No, es el resultado de haber hecho varias campañas, de caminar la ciudad desde hace muchos años y de ser parte de esta ciudad. El porteño es independiente, autónomo. Y, además, ya sabe que cuando tuvo diez años de gobierno afín al gobierno nacional la relación no fue muy diferente. ¿Sobre qué base prometerle que va a ser diferente ahora?

-¿Cuáles serían los riesgos de que gane Filmus? ¿No es mejor un gobierno alineado con el nacional?

-No se trata de riesgos sino de lo que él tiene para ofrecer y lo que Pro ofrece. Tenemos para mostrar lo que hicimos en los últimos tres años y medio, y Filmus tendrá para mostrar lo que hizo en sus años de gestión con Ibarra, que además es candidato de su espacio?

-El escenario del ballottage porteño no los favorece mucho, sobre todo si se cumple lo que dijo el compañero de fórmula de Pino Solanas, que advirtió que su sector votaría a Filmus en una segunda vuelta.

-Después de todo lo que el Proyecto Sur ha dicho sobre Cristina Kirchner y sobre lo que representa el kirchnerismo, sería raro que les pida a los porteños que voten a Filmus... Además, los votos de la Ciudad no son de nadie, son del porteño y del que el porteño decida. El que crea que en la segunda vuelta le transferirá los votos a otro se equivoca.

-¿La candidatura del actor cómico Miguel del Sel en Santa Fe no es la derrota de la política? Parece que Macri lo hubiera elegido sólo por ser de Los Midachi. No parece haber aportado mucho en materia concreta de propuestas o de ideas.

-La política gana cuando gente como Miguel se mete, gente que quizá, a priori, decía "mejor no me meto porque la política es complicada". Ese es un lugar de mucha mezquindad porque así es difícil lograr cambios: nadie se mete y siempre están los mismos.

-¿La gran cantidad de votos de Del Sel demuestran que hay lugar para un electorado no progresista?

-No se trata de si es o no progresista. Lo de Miguel [Del Sel] es una bocanada de aire fresco, es mostrar cómo alguien que no tenía ni el apoyo del aparato provincial, como el candidato de Binner, ni el apoyo del gobierno nacional, como los candidatos del kirchnerismo, podía hacer una buena elección. Hay un progresismo en el discurso muy atractivo y hay un progresismo de los hechos?

-¿A qué se refiere?

-Han maltratado mucho a la palabra progresismo en la Argentina y muchos de los que se llaman progresistas no lo son. El gobierno de Cristina Kirchner no es progresista. Le pongo ejemplos: la asignación universal por hijo es una gran medida que tardó siete años en tomarse después de que fue pedida por toda la oposición y la Iglesia, pero no tiene un mecanismo de ajuste por inflación, con lo cual lo que le damos a la gente, cada día que pasa, vale menos. El clientelismo no es progresista. Negar la inflación o decir que la inflación no afecta a los más pobres es muy poco progresista, como tampoco lo es que, después de ocho años de crecimiento económico, tengamos un tercio de los argentinos que viven debajo de la línea de pobreza y más de tres millones que siguen necesitando ayuda del Estado.

-¿Me va a decir que ustedes son la alternativa progresista del país?

-Hemos llevado adelante un gobierno progresista desde los hechos. Desde la baja de la mortalidad infantil al nivel más bajo de la historia de la Ciudad, el año pasado, y que esperemos que siga bajando también este año, hasta la eliminación de los programas clientelares, pasando por la decisión de sostener lo que estaba bien hecho e incluso de mantener a los mismos funcionarios que lo llevaban adelante. Desde plantear programas de largo plazo como los programas de centros de primera infancia, que siguen el modelo de Uruguay o de Chile, donde apostamos a jardines maternales de horario extendido, o la computadora por alumno y el inglés desde primer grado. O el plan de cobertura média para todos los porteños que no tienen cobertura de salud. O urbanizar una villa de cero, que nunca en la historia de la ciudad se había hecho, y terminarla, y que todas las calles tengan nombre y todas las casas tengan un número y no se llame más Villa 19 sino Barrio Inta. Eso es progresismo.

-Se nota que ya está en campaña, pero lo del "macriprogresismo" suena raro para quienes lo siguen identificando con la centroderecha. ¿Por qué no se reconocen dentro de ese segmento? ¿Es vergonzante?

-No me siento una persona de centroderecha, sino una persona comprometida con una manera de hacer política social y de hacer política en general. Y creo en determinados objetivos que como proyecto político quiero cumplir. Si después eso se encuadra ideológicamente en un lado, yo no lo siento. Todavía la Argentina tiene discusiones para dar muy básicas, que no son de derecha ni de izquierda. Que hay que sacar a 30% de argentinos de la pobreza no es ni de derecha ni de izquierda. Muchas veces la discusión ideológica es un espacio cómodo para los que no se quieren comprometer en serio en el hacer, y eso está muy lejos de las necesidades del día a día de la gente. Es una discusión que a la gente no le cambia en nada.

-¿La centroderecha, entonces, puede ser progresista?

-El progresismo habla justamente de una idea de progreso donde todos estén incluidos. Y es muy difícil que un dirigente se sienta lejos de esa idea. Lo que define la manera en que uno lleva adelante la ideología son los valores y la manera en que se maneja. He conocido tipos tan admirables como detestables que se definían de ultraizquierda o de ultraderecha. Además, la agenda de temas que tenemos pendientes todavía está en un estadio previo a la discusión del matiz ideológico que hoy se da en los países desarrollados, donde todos tienen consensos básicos que respetan.

-¿Qué aportó la mujer en la política argentina en este tiempo donde tienen una mayor presencia?

-Es un peso muy grande tratar de instalar qué aportan las mujeres a la política en la Argentina. Nadie pregunta qué aportan los hombres.

-Aportamos lo peor... (Risas.)

-Prefiero hablar con nombre y apellido porque, si no, es como una carga que por ser mujer tenés que aportar?

-Usted no es feminista...

-No, creo en las políticas de género y que las mujeres estamos en una situación de desigualdad en relación a los varones. Lo vivo todos los días y mucho más lo viven las mujeres pobres porque tienen menos oportunidades por ser pobres y, además, por ser mujeres. Creo que no hay igualdad de oportunidades. A eso hay que darle batalla, pero también uno tiene que ganarse los lugares por mérito propio, no por ser varón o por ser mujer. Eso de qué aportan las mujeres? No sé, depende de qué mujer. Lo mismo que los varones.

-¿Y la sensibilidad femenina?

-No tenemos obligación de aportar sensibilidad. Tenemos que ser nosotras mismas. Con todo lo bueno o lo malo que cada una tenga para ofrecer.

-Si Pro es una fuerza nueva que quiere desterrar viejas prácticas, ¿cómo se interpreta el hecho de que Macri finalmente terminó eligiendo a dedo a todos sus candidatos?

- Mauricio no es alguien que decida a dedo. Justamente la comparación es el armado de las listas. En el caso del kirchnerismo, los tres candidatos porteños le llevaron las listas en un sobre cerrado a dos personas, que terminaron definiendo todo con la Presidenta. En nuestro caso, hubo una mesa de trabajo con muchos de los dirigentes más relevantes del espacio, que discutieron durante varios días y, al final, Mauricio tomó las últimas definiciones. Lo mismo fue en la decisión de presentarse como candidato en la Ciudad: escuchó a todo el mundo. Mauricio sabe escuchar...

-Igual, no deja de ser a dedo. Le digo algo más: Macri no se escucha a sí mismo cuando canta... (Risas.)

-Sí, hace algunas cosas mejor que cantar.

MANO A MANO

¿Qué le aporta María Eugenia Vidal a Mauricio Macri? La ministra-candidata es una apuesta que promete, aun en formación. Suena sensata, aunque demasiado cautelosa, quizá más acorde con el perfil de una dirigente de una organización no gubernamental. Quizá sea lo que se buscó: Diego Santilli y Hernán Lombardi, los otros postulantes a secundar a Macri, son dos "animales" políticos. En el caso de Vidal, parece que su formación y su experiencia no la convirtieron en una tecnócrata. Es difícil evaluar su gestión: los números de los que ella se jacta son diametralmente opuestos a los que exhibe la oposición. Tiene respuestas para casi todo, pero a veces repetidas milimétricamente en infinidad de entrevistas. Les sucede a muchos que abusan de los consejos de la consultoría política. Aun así, en un país donde la renovación política es mala palabra, una cara nueva y distinta como Vidal suena a ciencia ficción.

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