Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Kodama: "Era una persona muy serena"

La viuda del gran escritor cuenta cómo fueron los últimos días en Ginebra y dónde construirá los laberintos

SEGUIR
LA NACION
Martes 14 de junio de 2011

PARIS.- Cuando se trataba de Japón y sin machismo, Jorge Luis Borges solía decirle que su padre la había educado para él. Por entonces, María Kodama nunca imaginó que terminaría viviendo para él.

En vísperas de cumplirse los 25 años de la muerte del autor de El Aleph , su mujer y heredera universal relató a La Nacion en París hasta qué punto Borges sigue omnipresente en su vida y evocó sus últimos días en Suiza. La conmemoración de estos 25 años comienza hoy en la isla San Giorgio, Venecia, donde Kodama asistirá a la inauguración del segundo laberinto imaginado por el arquitecto británico Randoll Coate, dedicado a su memoria.

María Kodoma
María Kodoma. Foto: Archivo

Durante muchos años, María Kodama trató de hacer ese laberinto en la Argentina. La ayudaron muchísimo Camilito Aldao y Carlos Thays. Finalmente, Aldao habló con sus padres y consiguió una parte del terreno de los viñedos familiares de Mendoza para hacer el primero de los cuatro laberintos que Kodama querría construir en los cuatro puntos cardinales del planeta.

"Yo trato de que estén situados en sitios emblemáticos para Borges. En Cuyo, porque su universidad fue el primer lugar en el que recibió el doctorado honoris causa y porque está hecho en la casa de una de sus grandes amigas. También quería hacerlo en Venecia porque Borges amaba esa ciudad. Y me parece mágico que el comienzo de los festejos para su centenario la hayan tenido como punto de partida. Para hacer este nuevo laberinto, la Fundación Internacional Jorge Luis Borges prestó el dibujo de Coates a la Fundación Giorgio Cini. El tercero se hará en Islandia, donde estoy en contacto con la gente de la Universidad de Arquitectura. Borges también amaba Islandia. Yo aprendí el islandés con él para hacer la traducción de las sagas islandesas. Y espero que el cuarto pueda, por fin, hacerlo en Buenos Aires", dijo.

-Veinticinco años? ¿No siente que el tiempo pasó volando?

-No; para mí, no. Porque durante todos estos años he vivido momentos muy difíciles, de modo que no fueron años demasiados agradables.

-¿Y ahora siente que está alcanzando la paz interior?

-Creo que la paz interior nunca la perdí. De lo contrario, no hubiese podido sobrevivir. Es lo que pensaba Borges. Cuando le decía: "¡Ay, Borges, soy un caos!" El me contestaba que yo era como el ojo del huracán, que suele ser un horror por fuera, pero el centro es la paz, la serenidad y el silencio. Eso es lo que Borges sentía en mí.

-¿Y usted también lo siente?

-Uno es como es. Pero tal vez, sí. Por eso pude sobrellevar todos esos ataques y cosas terribles. Porque nunca perdí la paz interior. Pero no es mérito mío, sino de esa fuerza increíble que te da el amor, que teje una cosa sólida por dentro. El amor de tus padres, de tus amigos, de tus hermanos, tus primos, de todos.

-¿Escribirá alguna vez su historia con Borges?

-No sé si escribiré mi historia con él, pero con seguridad escribiré todo lo que me sucedió después de su muerte. Porque necesito poner muchas cosas en claro y aclarar muchas cosas sobre mucha gente.

-¿Todos los días de Borges eran diferentes, o necesitaba su rutina?

-Era un hombre muy metódico. Por ejemplo, se daba baños de inmersión a la mañana y, según él, allí sabía si lo que había soñado la noche anterior servía o no servía. Si servía, pensaba si era útil para un poema o para un cuento. De lo contrario, lo olvidaba y listo. Sí, Borges necesitaba una vida con cierto equilibrio. No era alguien que comía a cualquier hora o se levantaba a cualquier hora.

-¿Usted estaba a su disposición, o eran una pareja que tenía una relación independiente e igualitaria?

-Eramos una pareja que respetaba su individualidad. Quizás era más difícil para él, porque yo soy muy independiente. A mí me criaron para ser libre e independiente. El pertenecía a otro siglo y había sido educado por personas de otro siglo, con todo el mundo a su disposición. Entonces, lógicamente, a veces era medio complicado. Hasta que entendió y todo anduvo perfecto.

-¿Usted siente que sigue vivo?

-Para mí, sí, totalmente.

-¿Cada vez que lo relee descubre cosas nuevas en su obra?

-Cada vez. También me pasa durante las conversaciones con los estudiantes: sus trabajos de investigación me abren siempre nuevas perspectivas. Es un mundo fascinante.

-¿Borges consideraba su compañía muy importante para comprender la cultura japonesa?

-Naturalmente, Borges conocía perfectamente la literatura japonesa. Desde pequeño, su abuela le leía cuentos y leyendas de Japón, y él nunca dejó de interesarse por esa cultura. Cuando viajábamos, lo interesante era cómo yo trataba de ir haciéndole descubrir lo cotidiano, todo eso que él había leído. A veces, me decía que mi padre me había formado para él. Porque mi padre amaba la pintura y le hubiera encantado que fuera pintora.

-¿Su última semana en Suiza fue muy difícil?

-No. Era una persona muy serena y práctica.

-¿El sabía perfectamente que era su última semana?

-Desde luego. Ya lo sabía cuando nos fuimos de Buenos Aires. Tenía una gira por Italia. Le preguntó al médico que le dio autorización para viajar. Hicimos un viaje que le dio mucha alegría porque pudo ver una exposición en Milán y participó en un coloquio con intelectuales de toda Europa. Después, decidió ir a Ginebra y pensé que quería despedirse de esa ciudad donde había estudiado. Pero cuando llegamos, dijo: "No volvemos". Supuse, entonces, que no se sentía bien y tenía miedo de volver, de modo que llamé a Gallimard, sus editores franceses, para preguntarle si podían organizar el regreso en un avión sanitario. Contestaron de inmediato que no había ningún problema. Para evitar un reto, le pedí a su médico que le explicara que existía esa posibilidad. Al final, lo hablamos. Borges me dijo, entonces, que no volvería para exponerse a la curiosidad de todo el mundo. "Y, si usted me quiere, como sé que me quiere, debería comprender", afirmó. Naturalmente, comprendí.

COLECCION LA NACIONObras completas

De 1923 a 1988

La Nacion presenta desde el próximo viernes la colección de obras completas del gran escritor argentino en 20 entregas. La colección incluye los cuentos, ensayos, poesías y prosa publicados por Jorge Luis Borges entre 1923 y 1988, compilados por fecha de aparición pública. La colección puede adquirise todos los viernes a $ 24,90 más cupón.

Texto recobrados

El homenaje al autor de El Aleph , entre otras obras destacadas, incluirá también los textos recobrados de sus colaboraciones periodísticas, los prólogos escritos para otras obras, las entrevistas, las conferencias y las reseñas que ha brindado a lo largo de su carrera.

Te puede interesar