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Verdades a medias

La hipnótica vida de los millonarios

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Por   | Para LA NACION

 
 

Hace seis años, el productor Scott Dunlop miraba el programa "Ama de casas desesperadas" y se le ocurrió que quizás podría ser interesante hacer una versión real. Es decir, un docu-reality con amas de casa de verdad, pero hermosas y millonarias como el show de ficción. El resultado de esa idea fue "Real Housewives of Orange County", una serie documental que muestra el día a día de cinco mujeres que lo tienen todo. Son esposas de empresarios o de estrellas de televisión y viven dedicadas a hacer shopping, a ponerse botox, a salir de viaje, y a organizar la casa y la vida de sus hijos con la ayuda de niñeras, mucamas, entrenadores, choferes, decoradores, y hasta coachs para adolescentes.

El show arrancó emitiéndose una vez por semana en la cadena Bravo (una potencia en reality shows), pero fue tan exitoso que a los dos años después ya había spin offs en todo Estados Unidos. Hay versiones de amas de casas millonarias en Beverly Hills (dos temporadas), Nueva York (cuatro temporadas), New Jersey (tres temporadas), Atlanta (cuatro temporadas), Washington DC (una temporada), Miami (una temporada y otra en camino). Incluso hay una versión española llamada "Mujeres Ricas" que transcurre en Marbella, una israelita, otra en el Reino Unido, y una última en Atenas, Grecia. Por su parte, Francia, Italia y Alemania también compraron los derechos y están el plena preproducción.

En todas las versiones las anécdotas son las mismas: los hijos adolescentes reciben autos de treinta y cinco mil dólares, los niños hacen fiestas que cuestan unos cincuenta mil, las casas valen arriba de dos millones, los vestidos diez mil, y hay diamantes que nunca bajan de veinte en todos los aniversarios. Y ese es, se supone, el atractivo del reality. Grabar mujeres hermosas gastando dinero en joyas, en chefs privados, en aviones privados que usan para ir a hacer compras en París.

 
 

Yo misma, cuando me enteré, conseguí algunos capítulos para espiar el fenómeno. Me moría de curiosidad. Si ya habían grabado treinta temporadas, algo interesante tenía que haber atrás del boom. El primero que vi, sin embargo, me pareció una tontería sin demasiados atractivos: un ama de casa ofrecía una fiesta para sus amigas con un spa privado, montado en su propio living de trescientos metros cuadrados. El segundo capítulo que vi me resultó más escandaloso: una mujer recién divorciada de un millonario contaba lo difícil que era vivir fuera de los portones de "Coto de caza" (la parte más exclusiva del Orange County) y tener que "ser pobre", es decir, trabajar en una compañía de seguros, tener dos autos, y una casa propia de cuatro habitaciones a metros de la playa. En el tercero, una madre lleva a hacerse manicura y pedicura a sus dos hijas de tres años para enseñarles a que "se cuiden a sí mismas". Del cuarto, en cambio, no recuerdo nada significativo porque ya estaba enganchada como un pez con el anzuelo clavado hasta el fondo del paladar. Conocía a sus nombres, sus hijos, sus problemas cotidianos, los problemas de sus maridos y quería ver más, y más, y más sobre estas mujeres.

Salvo algunas excepciones (hay dos o tres empresarias exitosas), todas las protagonistas se hicieron millonarias al casarse con hombres muy exitosos. No se las llama "cazafortunas" directamente (aunque ocasionalmente aparece el término "gold digger"), pero se da a entender que jamás se hubieran casado con un hombre de clase media y que han trabajado mucho sobre sus cuerpos para mantenerse jóvenes y atractivas con el correr de los años. Muchas son una "mujer trofeo": ellos no quieren que estudien, ni que trabajen, ni que viajen a ningún lado sin ellos al lado, lo que trae algunos conflictos interesantes, aunque la mayoría entiende que es el precio por tener una tarjeta de crédito black y un Rólex cubierto en diamantes en la muñeca del brazo.

Tampoco se puede decir que sean mujeres elegantes o con buen gusto. Una persona elegante no admitiría jamás que un canal de televisión registrara la vida privada de su familia para ganar unos pocos pesos. Por eso, quizás, no puedo evitar preguntarme cuál es el atractivo de ver gente poco interesante gastando una cantidad obscena e indignante de dinero en superficialidades. ¿Qué es lo que nos gusta de eso? ¿Por qué miramos seis años en la vida de unas mujeres que hacen muy poco aparte de gastar? ¿Cómo es que nos conmueven sus problemas con sus hijos, cuando lloran porque tienen que pasar de una casa de dos millones a otra de uno y medio? Dunlop, su creador, jura que en el fondo los problemas de todos nosotros son los mismos. En diferentes escalas, todos sufrimos la distancia con nuestros hijos, el vértigo y la incertidumbre ante una economía cambiante, la rivalidad entre amigas, las discusiones de pareja por dinero.

Yo creo, en cambio, que es justamente al revés. Nos provoca curiosidad saber cómo vive una mujer que tiene todo, pero no por su vida común, sino porque cada tanto las vemos caer. Las noticias de sus divorcios, de sus quiebras, de cómo pierden una casa en el peor momento del mercado inmobiliario, de las infidelidades de esos maridos exitosos, parecen ser un bálsamo para los televidentes. "Que escarmienten por despilfarradoras, ojalá se queden en la calle", se lee en los foros y sites de revistas americanas. "Me alegro que el marido se haya dado cuenta de que es una atorranta cazafortunas", dice otra, en los comentarios de una noticia que cuenta cómo Kelsey Grammer la dejó a su esposa, una de las protagonistas más despilfarradoras y competitivas de la versión de Beverly Hills por una azafata de veintiséis. O mejor: nos relamemos al descubrir que en el fondo, una de ellas, Teresa Giudici, era pobre, sólo trató de aparentar para ganar fama y ahora debe 11 millones de dólares que la van a llevar a la bancarrota o a la cárcel.

En cualquiera de los dos casos, el resultado es el mismo: el morbo de mirarlas despilfarrar solo las hizo más famosas y les ha traído más dinero. Dependiendo de la popularidad de cada una, las amas de casa cobran entre treinta y cien mil dólares por capítulo. Mucho dinero. Escandaloso dinero. Inexplicable dinero que este año será autos, botox, diamantes, o una operación de nariz para sus hijas adolescentes que en tres o cuatro años se casarán con otros millonarios y protagonizarán una nueva versión del show..

Carolina Aguirre se recibió de guionista en la Escuela Nacional de Experimentación y realización cinematográfica (ENERC) en el año 2000. Es autora de los blogs Bestiaria (que se editó como libro bajo el sello Aguilar en 2008) y Ciega a citas, que además de transformarse en un libro se transformó en la primera serie de televisión adaptada de un blog en español.

Colaboró con diversos diarios y revistas como Joy , Crítica de la Argentina, In, Metrópolis, Gataflora, Ohlalá y La mujer de mi vida .

Como guionista escribe para televisión y publicidad en canales y productoras como Pramer, Promofilm, Mandarina y Camilo Ad Hoc.

Actualmente es columnista del programa Mañana es tarde , en Radio del Plata AM 1030 y en su blog Wasabi , en Planeta Joy. Se encuentra trabajando en su próximo libro, que saldrá directamente en papel a fines del 2010.

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