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Una misa para olvidar

Concierto sinfónico-coral a cargo de la Orquesta Sinfónica Nacional, dirigida por Pedro Ignacio Calderón, y Coro de la Asociación Wagneriana preparado por Alberto Balzanelli. Programa: Poema sinfónico op. 30 "Así hablaba Zaratustra", de Richard Strauss, y Misa Tango para orquesta, coro mixto, mezzo soprano, barítono y bandoneón, de Luis Bacalov. Solista en bandoneón: Daniel Binelli. Solistas en canto: Susana Moncayo y Marcelo Lombardero. Organizó: Asociación Wagneriana de Buenos Aires y Secretaría de Cultura de la Nación, con auspicio de Telefónica. En el Colón.

Sábado 15 de mayo de 1999

La Misa Tango de Bacalov no es un adefesio. Pero ya goza -tras este estreno argentino- del prestigio del tedio, como toda obra presuntuosa empeñada en cultivar lugares comunes. Misa Tango no ha de trascender como aporte a las misas que en el mundo han sido, ni tampoco al tango.

Por cierto que en el campo de las misas las hubo peores. Al menos las operísticas que, al tentarse con el bel canto, devinieron banales y profanas al dejar en el camino el espíritu religioso y la unción litúrgica.

En cuanto al tango, no era imperioso agregar una misa inconclusa (misa brevis por su corto aliento) para completar un panorama musical que ya cuenta con el Oratorio Carlos Gardel, de Horacio Salgán.Y es casi un desatino si pretende emular la Misa Criolla de Ariel Ramírez.

Binelli, un maestro del tango en la catedral de la música clásica
Binelli, un maestro del tango en la catedral de la música clásica. Foto: Alfredo Sánchez

El peor pecado de Luis Bacalov -pecado de descortesía, de irreverencia, de liviandad- fue omitir más del noventa por ciento del texto litúrgico. No sólo perpetró con ello un cercenamiento absurdo sino que se cerró a sí mismo las puertas para expandir su inventiva a través de los ricos significados de la palabra sagrada en los cinco números de la misa.

Vaivenes de una creación

Plagada de altibajos, la misa trunca de Bacalov se abre con buenas perspectivas en cuanto entretejido sinfónico-coral y solístico en el Kyrie ("Señor ten piedad de nosotros").

Cuando se lo propone, Bacalov saca partido de su buen oficio de orquestador. Incluso alcanza imponencia en esporádicos tramos de la masa sinfónico coral.

Pese a las carencias formales, habrá que agradecerle a Bacalov el espíritu de recogimiento y piedad que recorre varios tramos de su partitura. Asimismo cabe reconocer aciertos en el ensamble bandoneón-orquesta, donde el instrumento solista alcanza -Daniel Binelli mediante- raptos de inspiración.

Donde la Misa Tango hace aguas en forma notoria es, sobre todo, en la parte cantada. A la austeridad -a la indigencia- armónica y de juego polifónico se agrega un árido melodismo que lo acerca a los transitados Carmina Burana. Para peor, no compensados, como en la obra de Carl Orff, con ritmos de certero efecto en plateas fácilmente impresionables.

Es particularmente deplorable la elección de una milonga para esa profesión de fe que es el Credo . Precisamente uno de los tramos más superficiales de la Misa es el diseño melódico del "Creo en Dios", que compite en dislates con el "Te alabamos", del Gloria . Sin embargo, la más alta expresión de frivolidad melódica ha sido plasmada para las voces solistas de Susana Moncayo y Marcelo Lombardero, sumergidas en la trama de orquesta-coro.

Como si esto fuera poco, el tango moderno asoma apenas en el Sanctus , cuya introducción es uno de los hallazgos de esta misa, y en el Agnus Dei , que apela en buena medida a la marcación 3-3-2, tan habitual en Piazzolla, aunque Bacalov no lo emule.

La versión de "Así hablaba Zaratustra" destaca con fortuna el virtuosismo orquestal, la destreza retórica y esas formidables armas de la escuela neogermana de Richard Strauss, en cuya proteica paleta cabe una lectura caleidoscópica, extravertida -a modo de glosario-, de ese huracán de pensamiento y de fuego llamado Nietzsche, del que Strauss recoge un dejo de misticismo.

René Vargas Vera

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