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La edad adulta del cómic

Sin haber cambiado en esencia, las historietas ganaron prestigio. Con su nuevo rótulo de "novela gráfica", llegaron a las librerías. En la última edición de la Feria del Libro hubo quince stands dedicados al género

Viernes 01 de julio de 2011

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Por Mariana LiceagaPara LA NACION

En la última edición de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, los fanáticos de las novelas gráficas deben de haber celebrado el lugar que hoy ocupan sus lecturas favoritas: había 15 stands dedicados a ellas, en el Pabellón Azul. Además pudieron conocer a la legendaria dupla, premiada en toda Europa, formada por el ilustrador José Muñoz y el escritor y guionista Carlos Sampayo, que presentaron Carlos Gardel (Libros del Zorro Rojo). Esa biografía novelada del Zorzal Criollo trata sobre la identidad y sobre el exilio -los dos autores vivieron en el exterior- y viene con un regalo extra: un texto que Cortázar escribió sobre el Morocho del Abasto. Los que están poco familiarizados con los libros que narran historias en cuadritos pudieron descubrir cómo se ha consolidado el género.

Cuando se habla de novela gráfica, muchos creen que se trata de un nuevo género, algo así como el hermano serio de los cómics con los que todos hemos crecido. No es así. No totalmente, por lo menos. Lo prueba el hecho de que es muy difícil definir con claridad las diferencias entre novela gráfica e historietas, entre cuadritos, viñetas, cómics y fumetti , como los llaman en Italia; entre quadrinhos portugueses, Bildgeschichtes alemanas, bandes dessinées francesas y mangas japoneses. Por un lado, es sólo una cuestión de marketing . Pero también es cierto que ya no quedan rastros de la condescendencia con que antes se trataba al cómic. Con su promocionado rótulo de "novela gráfica", sus creadores buscan diferenciarse del pasado y anunciar que sus obras han alcanzado un nuevo estatus, más lejos de los kioscos y más cerca de las principales librerías.

Fue Will Eisner (1907-2005), creador de la célebre tira The Spirit , quien popularizó la expresión "novela gráfica". Y el escocés Eddie Campbell, que actualmente reside en Australia, consolidó su uso a través de un manifiesto que se hizo célebre entre los historietistas. "No estamos creando una versión ilustrada de la literatura tradicional. En realidad, tenemos un pez más grande que freír en la sartén. Estamos forjando una nueva forma de arte que no estará atada a las reglas arbitrarias de las anteriores", dice ese manifiesto, que se puede leer en la página web de Campbell o en Alec. 1. Cómo ser un artista (Astiberri), la autobiografía en dos tomos que dibujó y escribió (en español, recién salió el primero).

"Las definiciones son siempre arbitrarias", sostiene Daniel Divinsky, director de Ediciones de la Flor, que acaba de lanzar la colección Novela Gráfica. Cuenta Divinsky que hace un año, cuando entró en varias librerías de Nueva York, quedó impresionado por la cantidad de estanterías dedicadas a la novela gráfica y volvió convencido de que había que hacer algo así en la Argentina. Hace unos meses lanzó la serie, que incluye Fahrenheit 451 , una adaptación autorizada y prologada por Ray Bradbury, y El libro del Génesis , de Robert Crumb, donde el creador de Fritz, el gato examina con su estilo satírico y punzante el relato bíblico. Divinsky llama "novela gráfica" a aquella obra cuyo guión (es decir, el texto) parte de una novela preexistente, adaptada a la técnica narrativa de la historieta, pero reconoce que "los límites son difusos".

Al escritor y guionista Pablo De Santis, que conoce el género como pocos, le parece esnob llamar "novelas gráficas" a las historietas. Cree que así se les quiere dar cierto prestigio, "como si hubiera una mala conciencia respecto de la historieta". Recuerda cómo el estadounidense Eisner acuñó el giro "novela gráfica" en los años 70, cuando quería publicar Contrato con Dios (Editorial Norma), una historia narrada en viñetas en la que reflexiona sobre la sociedad de Nueva York con una mirada pesimista y apesadumbrada. No quería publicarla en una editorial especializada en historias de superhéroes y de aventuras sino en una de tradición literaria. Por eso, cuando Eisner llamó al editor, le anunció que tenía una "novela gráfica" para ofrecerle, y la nueva categoría cautivó tanto al jefe editorial que lo citó a una reunión en la que llegaron a un acuerdo. La obra se publicó y se convirtió en un clásico.

Eisner no estaba solo en esto de utilizar la historieta para denunciar, para quejarse, para señalar injusticias, para proponer una mirada distinta de los hechos, de la realidad. En esa década empezaron a aparecer los cómics undergrounds o contraculturales. Si consideramos la producción local, El eternauta , con guión de Héctor Germán Oesterheld y dibujos de Francisco Solano (Doedytores), demuestra que en este lado del mundo las historietas tampoco narraban sólo historias de superhéroes que hacen justicia o luchan contra el mal. Y también se producía teoría. El crítico e investigador Oscar Massota dirigió entre 1968 y 1969 la revista LD , sigla que significaba "literatura dibujada". La publicación, que duró tres números, ofrecía, además de viñetas, entrevistas, ensayos y artículos sobre el género. Un año después del cierre de la revista, Massota reunió sus reflexiones en La historieta en el mundo moderno (Paidós).

"Son cuestiones de palabras. Yo odio la palabra cómic, pero si escribo una nota sobre las historietas, en algún momento tengo que usarla", admite De Santis. Él dirige Enedé, el sello de la editorial Colihue de "narrativa dibujada". Entre los títulos de esa colección se destaca La guerra de los Antares , de Oesterheld y Gustavo Trigo, donde se narra cómo la Tierra es invadida por extraterrestres que toman como base la Antártida y pactan con las grandes potencias la entrega de los países del Tercer Mundo. La publicación de esa obra es resultado de un trabajo casi arqueológico de recuperación, porque la editorial rastreó y reunió las entregas de esa historieta, publicada en el diario Noticias en 1974. En agosto de aquel año Noticias, identificado con la organización Montoneros, fue clausurado, y la historieta quedó interrumpida. Por eso, hoy es un tesoro para coleccionistas.

Pasado marginal

Lo que se busca al hablar de "novela gráfica" es algún tipo de legitimación: se intenta borrar ese pasado marginal que llevó a extremos tales como acusar a los cómics de ser causa del analfabetismo, porque apartaban a los chicos de los libros "serios". Hoy, en cambio, El eternauta forma parte del programa de lecturas en muchas escuelas argentinas.

Marcelo Panozzo, editor de Reservoir Books, sello de Random House Mondadori, piensa que no hacen falta esos nombres "adultos": "La idea de llamar a la novela gráfica ?hermana seria' le sirve mucho al consumidor culturalmente correcto, acaso culposo; sin duda, en términos de marketing , funciona bien", afirma. En su catálogo, que tiene más producción importada que local, incluyó El hipnotizador , con ilustraciones de Juan Sáenz Valiente y guión de De Santis. Allí se cuenta la vida de Arenas, un catalizador de historias.

El dibujante Liniers, autor de Macanudo y dueño de La Editorial Común, reflexiona sobre el camino recorrido: "La historieta y el cine nacieron al mismo tiempo. El cine pudo ir a lugares complejos y desarrollar cualquier tema. La historieta quedó relegada a los chistes para chicos, las tiras de diarios, a las aventuras y la pura ficción. Siempre quedó dentro de ese marco". El cine se consolidó como séptimo arte, pero cuando se dice que los cómics son el noveno no faltan los que enarcan una ceja para expresar sus dudas.

A partir de los años 60, la historieta empezó a tratar temas más profundos, más complejos. También comenzaron a publicarse relatos dibujados en secuencias de cuadros que empezaban y terminaban en un mismo tomo (es decir: ni eran seriados ni tenían un personaje que se repetía a través de varios títulos). Por otro lado, surgieron generaciones de lectores con vínculos más fuertes con la imagen, más familiarizados con las representaciones visuales. Y lo que definitivamente ayudó a cambiar la percepción de la historieta no sólo en el público lector sino, sobre todo, entre los editores fue el premio Pulitzer que en 1992 ganó Art Spiegelman por Maus, Historia de un sobreviviente (Emecé Editores, ver recuadro), una historia sobre el Holocausto.

Para el escritor, guionista y editor de Longseller Juan Carlos Kreimer, el género está en crecimiento. Dice que todavía es más de culto que de mercado y que la lógica de las publicaciones responde más a un valor simbólico que a la ecuación costo-beneficio. Kreimer señala la diversidad de líneas y temas: "Están las historietas de aventuras, las de acción, las de autor, las que presentan un guión para lucimiento de un ilustrador, las que presentan una ficción original, las que ponen un ojo en obras clásicas o las inspiradas en textos de grandes escritores. Más que una moda de mercado, lo que nos impulsa es un deseo de hacer público el gusto privado y la pasión de unos pocos editores que, desde chicos, sentimos un amor incondicional por el género", agrega. Esa pasión por los cuadritos lo llevó a producir la colección Para Principiantes, una serie de libros documentales o biográficos que intentan volver amigables temas difíciles o ideas importantes a través de palabras y dibujos. La colección ya llegó a los 127 títulos, que abarcan biografías y temas vinculados con los mundos del arte, la ciencia, la comunicación, la política, la psicología, la sociología, los movimientos culturales, la literatura y el teatro. Algunos se producen en el exterior. Otros, en la Argentina, como Cortázar para principiantes , con guión de Carlos Polimeni y dibujos de Miguel Rep.

Si bien existen muchas novelas gráficas adaptadas de libros de dominio público, como La isla del tesoro , de la dupla francesa David Chauvel y Fred Simon (Ediciones SM), lo que hoy se empieza a desarrollar es la producción en viñetas de libros significativos de la segunda mitad del siglo XX cuya fuerza sigue vigente: Ciudad de cristal , de Paul Auster, con guión de David Mazzucchelli y dibujos de Paul Karasik (Anagrama), o El extranjero , de Albert Camus, adaptada por Kreimer e ilustrada por Julián Aron. En Europa, el aire fresco de que disfruta el género es mucho. Ediciones de la Flor acaba de adquirir los derechos de una adaptación belga de La invención de Morel , de Adolfo Bioy Casares.

El respeto de los europeos por la novela gráfica es uno de los motivos que llevaron a Liniers a abrir su editorial: "Allá, los libros de Muñoz, de Altuna y de Trillo están por todos lados y son traducidos a muchos idiomas. Acá no los podemos leer. Es como si los argentinos no pudiéramos comprar un disco de Calamaro o ver acá una película de Lucrecia Martel", explica. Liniers lanzó La Editorial Común junto con su mujer, Angie Erhart del Campo, en 2008, y desde hace unos meses se asociaron con Ediciones Larivière. Hasta el momento publicaron nueve títulos. "Lo lindo de fundar una editorial en un mercado tan virgen como el nuestro es que se puede elegir entre una enorme cantidad de materiales de calidad aún desconocidos", comenta. Hace dos semanas lanzó el título más ambicioso: Ombligo sin fondo , de Dash Shaw, nominado en 2008 para los premios Harvey, que otorga la industria del cómic en Estados Unidos. Se trata de un libro de gran tamaño: 720 páginas en las que el autor narra los miedos, las angustias y también los buenos momentos que viven el matrimonio Loony y sus tres hijos cuando se reúnen en su casa de la playa, donde la pareja ha convocado a su prole para anunciarle que, después de haber vivido juntos 40 años, van a separarse. Otro título de La Editorial Común para no perderse es El arte. Conversaciones imaginarias con mi madre , del español Juanjo Sáez, donde se responde a la vieja pregunta de para qué sirve el arte a través de un recorrido mordaz, inocente, con humor y sin pretensiones.

Biografías, política y periodismo

Una característica de estas "novelas gráficas" es que vienen en ediciones muy cuidadas, casi de colección. Muchas se imprimen en papel ilustración. Si se emplea papel obra, se usan los de altísimo gramaje. Aunque predomina el blanco y negro, un clásico del género, se ven sutilezas (algunas secciones coloreadas, introducciones a capítulos en distintos tonos). Casi todas las encuadernaciones son cosidas. Hay versiones en tapa dura y con el lomo forrado en tela. Algunas tienen prólogos o epílogos de escritores invitados o de los mismos autores. En La ciudad ausente , de Ricardo Piglia, con ilustraciones de Luis Scafati y guión de Pablo De Santis (Libros del Zorro Rojo), por ejemplo, se introduce la historia con un texto que cuenta una experiencia personal del autor, relacionada con un dibujo de Scafati. "Hoy hay más presupuesto para este tipo de obras. El cómic creció en volumen comercial y es un negocio para las editoriales. Antes estaba dirigido a un mercado distinto", comenta Sebastián García Schnetzer, editor y dueño de Libros del Zorro Rojo.

El tema de las autobiografías y biografías, noveladas o no, es un gran capítulo en expansión. Osamu Tezuka, considerado en Japón el padre del manga, no sólo por la cantidad de títulos y personajes que creó sino también porque renovó la técnica y estimuló las historias largas narradas en viñetas, es autor de Buda (Planeta DeAgostino). Logicomix , de los griegos Doxiadis, Papadimitrou y Papadatos (Sins Entido), que se mantuvo once semanas en el puesto del cómic más vendido según la lista del New York Times, demandó mucha investigación y largos viajes para documentarse. Trata sobre la vida del pensador y matemático Bertrand Russell, pero la mirada está más enfocada en los aspectos personales que en los científicos. Persépolis (Norma), autobiografía de la iraní Marjane Satrapi, educada dentro de una familia progresista en un ambiente islámico, habla sobre la guerra entre Irán e Irak, el exilio de la autora en Viena y su regreso a las nuevas costumbres bajo el régimen de los ayatolás. (Regreso que no duró mucho ya que Satrapi se instaló en Francia, donde reside actualmente.) Esta historieta recibió muchos premios internacionales y fue llevada al cine en 2007. La versión francesa tiene las voces de Chiara Mastroianni, como Satrapi, y Catherine Deneuve, como la madre de la autora.

Otro gran tema dentro del género es el periodismo dibujado. En Notas al pie de Gaza (Reservoir Books, Random House Mondadori), el reportero maltés Joe Sacco eligió el lenguaje de la historieta para retratar la vida de los ciudadanos de la Franja y denunciar las matanzas que se han llevado a cabo allí desde mediados del siglo pasado. Sacco había hecho una investigación en esa zona para la revista Harper's en la queincluyó testimonios de sobrevivientes de la matanza de Khan Younis (en noviembre de 1956 asesinaron a 257 civiles en esa localidad de Gaza). La nota se publicó, pero los editores suprimieron los párrafos donde se hablaba de la matanza. Esto molestó mucho a Sacco y fue el disparador para que el reportero viajara a la Franja en dos ocasiones más con el fin de recopilar información para escribir y publicar su relato, escrito en primera persona.

Fax desde Sarajevo (Planeta DeAgostini), de Joe Kubert, leyenda yanqui de las historietas, narra con dibujos una historia real que el autor conoció por casualidad. El distribuidor y agente de Kubert en Europa, Ervin Rustemagic?, estaba en Bosnia con su esposa y sus dos hijos pequeños cuando el nacionalista serbio Slobodan Milo?evic? emprendió la guerra por la que años más tarde sería acusado de crímenes de lesa humanidad. El título alude a los faxes que envió Rustemagic? a todos sus contactos para pedir ayuda y narrar los acontecimientos que estaba viviendo.

Otro clásico de las noticias dibujadas es Hiroshima , del japonés Keiji Nakazawa (Mangaline Ediciones). El autor tenía seis años y vivía en Hiroshima cuando cayó la bomba que mató a todos sus familiares, salvo a su madre. Son siete tomos conmovedores que van desde los días duros de la guerra hasta las consecuencias de la bomba nuclear. Este cómic se utiliza en Japón para enseñar historia en colegios y universidades.

Buscando un lugar

"Seguir una historieta no es sencillo. Se necesita cierto entrenamiento. Antes se consideraba que la historieta era para niños, más fácil de entender que un libro de texto corrido, pero no me parece que sea así", señala De Santis. ¿Quiénes serán los nuevos lectores? Las editoriales que apuestan por las novelas gráficas son, por lo general, chicas y no tienen presupuesto para hacer investigaciones de mercado. Pero el correo electrónico hoy funciona también como un encuestador virtual. Kreimer afirma que los seguidores del género no son sólo jóvenes, como se podría suponer. "Hay muchos adultos que se aficionan a la novela gráfica, así como docentes que encuentran en ella buen material para sus clases", dice.

Pero fuera de las librerías "de culto", como Entelequia o La Revistería, que no sólo importan una gran variedad de novelas gráficas sino que también traen a pedido lo que no tienen en depósito, el acceso a estos libros sigue siendo algo difícil. Todavía no se ven por aquí las estanterías con el cartelito identificatorio de "novela gráfica" que impactaron a Divinsky. Tampoco se ordenan los volúmenes con alguna lógica: no se agrupan por país de origen, temática o apellido del autor. La mayoría de los libreros (hay excepciones: Libros del Pasaje y Yenny ya tienen una sección de cómics) ubican los libros dibujados cerca de los de humor, de los infantiles o de los juveniles. Es probable que Virus tropical (La Editorial Común), la novela gráfica autobiográfica que escribió y dibujó la colombiana Powerpaola sobre sus años en Quito y Cali, donde narra sus primeras relaciones sexuales, esté al lado de Gaturro . O que Perramus (Ediciones de la Flor), la serie dibujada por Alberto Breccia con guión de Juan Sasturain que denuncia y ridiculiza la dictadura militar argentina y ganó el Premio Amnesty Internacional, aparezca en el mismo estante que Las cosas por su nombre , de Pinti. Para ayudar a organizar o despejar la confusión, algunos editores han tomado diversas iniciativas: La Editorial Común tiene planeadas reuniones con libreros para hablar del nuevo alcance del género y Longseller ofrece exhibidores para mostrar toda la colección Para Principiantes.

Eddie Campbell, el ilustrador escocés conocido por Desde el infierno , una crítica de la Inglaterra victoriana con guión de Allan Moore (Planeta DeAgostini), escribió en su Manifiesto de la novela gráfica : "Si un libro no se asemeja para nada a los cómics que conocemos, no debemos polemizar sobre esto, sólo debemos preguntarnos si dicha obra contribuye de alguna manera a la suma total del conocimiento de la humanidad". Sus ideas aparecen entrelazadas entre el relato de los orígenes del cómic y su propia experiencia.

En definitiva, noveno arte, tira cómica novelada, cómic, historieta, novela ilustrada, novela dibujada, memoria gráfica, noticias dibujadas... Más que el nombre que se les quiera dar a esos relatos en cuadritos donde palabras y dibujos construyen sentido juntos, lo que importa son las huellas que dejan en el lector esas historias de testimonio o de ficción, tal vez contemporáneas, tal vez de siglos pasados.

SPIEGELMAN: LA CATASTROFE COMO MUSA

Publicada por entregas en Nueva York, en las páginas de la revista Raw , que Spiegelman tenía junto a su mujer, Françoise Mouly, Maus. Historia de un sobreviviente (Emecé Editores, traducción de César Aira) presenta la historia de Vladek, padre del artista, que sobrevivió a la Europa de Hitler y le cuenta a su hijo, en una serie de encuentros, el infierno que atravesaron él y su mujer, la madre de Art. Además del valor testimonial de una experiencia histórica y de supervivencia excepcional, Maus refleja el estado mental del padre de Spiegelman en el tiempo del relato (década del 80), la tensa relación que existe entre los dos, la reconciliación y el homenaje que el dibujante rinde a todos sus familiares que murieron en el Holocausto.

En Maus los protagonistas tienen rasgos de animales: los judíos son ratones, los nazis son gatos; los polacos, cerdos y los estadounidenses, perros. Lo que Spiegelman transmite a través de esas imágenes y textos sobre el horror del Holocausto y el drama de la vida cotidiana de los sobrevivientes demuestra no sólo la potencia narrativa y emotiva del género, sino la maestría con que el dibujante lo maneja.

El apuro por que Maus estuviera en la calle en formato de libro antes de que el director y productor Spielberg estrenara Un cuento americano (una película para los festejos del centenario de la Estatua de la Libertad, protagonizada por una familia de ratones rusos que emigraba a Estados Unidos) llevó a Spiegelman a dividir su trabajo en dos tomos. Como no quería que la originalidad de su gran historieta, a la que había dedicado 13 años (de 1978 a 1991), se viera opacada por el proyecto del magnate de Hollywood, publicó el primer tomo con parte de lo que ya tenía listo. En su momento, el dibujante, además de no dormir durante muchas noches, intentó por todos los medios acusar al cineasta de plagio, pero Hollywood ya había usado ratones y gatos animados y sus denuncias no avanzaron.

Spiegelman, como todos los seres humanos, dibuja desde niño, sólo que no dejó de hacerlo y a los 14 tomó la determinación de ser dibujante. Concretar su deseo no le resultó muy fácil: sus padres tenían planeado otro futuro para él y tuvo que esquivar todos los escollos que se interpusieron en el camino. Hacer "dibujitos" -pensaban ellos- no daba para vivir; en todo caso, su hijo podía hacerlos en su tiempo libre: tenía que ser dentista. Ni su padre, que murió en 1982, ni su madre, que se suicidó cuando Artie (como lo llaman en el medio) tenía 21, pudieron conocer el relato conmovedor que resultó Maus . Tampoco se enteraron de que la obra de su hijo fue traducida a veinte idiomas, ni de la muestra que se le hizo en el MoMA, ni de los reconocimientos que Spiegelman cosechó y que todavía cosecha, como la beca Gugghenheim o el premio Angoulême, que le otorgaron el pasado enero en el festival más importante dedicado al noveno arte que se hace todos los años en esa ciudad de Francia.

Durante los diez años siguientes a la obtención del Pulitzer, Spiegelman no hizo prácticamente viñetas. Sólo publicó, en 1994, La fiesta salvaje (Random House Mondadori). Allí tradujo al lenguaje de los cuadritos el poema erótico de Joseph Moncure March. Se dedicó a confeccionar las tapas de la revista The New Yorker hasta el día en que las Torres Gemelas cayeron, literalmente, tras sus espaldas. (Spiegelman vive en Nueva York, muy cerca del Ground Zero, como llaman a la zona que quedó destruida el 11 de septiembre de 2001). Aquella mañana, cuando salió corriendo, como muchos, a buscar a sus hijos al colegio, decidió, envuelto en esa nube tóxica que salía del lugar donde había estado una de las dos torres, que volvería a hacer una historieta.

Pero después de la tragedia de las Torres, tanto The New Yorker como la mayoría de los medios estadounidenses adoptaron una actitud complaciente hacia el gobierno: no querían saber nada de publicar una historia que reflejara el miedo que mucha gente sentía. No sólo miedo de Al-Qaeda, sino de su propio gobierno, por los desastres que causaba en la guerra de Afganistán y, posteriormente, en la de Irak. Por eso, cuando en 2002 Spiegelman recibió la oferta del periódico alemán Die Zeit de publicar una historieta con el tema que él quisiera, sin ningún tipo de intervención en la línea editorial y con el compromiso de que conservaría los derechos para publicarla en otros idiomas, no dudó en mandar Sin la sombra de las torres (Norma). Nuevamente Spiegelman hizo uso del cómic para señalar, denunciar y conmover: "Las catástrofes son mi musa", afirma en el prólogo de esa novela gráfica que publicó en 2004 con el material que había aparecido originalmente en Die Zeit .

Su último emprendimiento con las historietas lo lleva adelante con su mujer, Françoise Mouly, con la que tuvo dos hijos. En 2008, marido y esposa abrieron la editorial Toon, que publica novelas gráficas para que niños entre los 4 y 8 años tengan historias en viñetas de buena calidad, con las que iniciarse en la lectura. Por ahora, los padres y maestros que quieran incursionar en el género, así como los coleccionistas y fanáticos adultos deseosos de incorporar como lectores lo que en la infancia no tuvieron, pueden conseguir en castellano Jack y la caja , del propio Spiegelman y la serie de Benny and Penny , de Geofrey Hayes (Editorial La Galera).

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