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Grecia, ante una batalla que recién empieza

Jueves 30 de junio de 2011
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LA NACION

PARIS.- Una vez adoptado el plan de austeridad que obligará a los griegos a ahorrar 24.000 millones de euros en los próximos cuatro años, la verdadera batalla para salvar al país de la quiebra recién comienza ahora, con la férrea pulseada iniciada entre los gobiernos de la zona euro, los bancos, fondos especulativos y agencias de calificación.

Europa pide a los acreedores privados de Grecia que contribuyan en forma "voluntaria" con el nuevo plan de rescate prolongando los plazos de reembolso de sus préstamos. Pero todavía no han logrado determinar las modalidades de esa participación.

"He comprendido que nos van a tender la mano pero no voluntariamente", dijo la canciller alemana, Angela Merkel, en un congreso bancario en Berlín, al dirigirse directamente al presidente del Deutsche Bank, Josef Ackermann, que la había precedido en el estrado.

"Pero si quieren seguir viviendo en un país estable, tiéndannosla, y tiéndannosla voluntariamente", instó.

Poco antes, Ackermann había declarado: "Propondremos algo, no porque nos guste, sino para [...] evitar una fusión nuclear", que supondría para Europa una bancarrota de Grecia.

Los principales acreedores privados alemanes de Grecia negocian contra reloj desde la semana pasada con el gobierno para definir la forma que tendrá su participación en un nuevo plan de ayuda a Atenas.

La propuesta de los bancos

Los bancos franceses, principales acreedores extranjeros de Grecia, con el apoyo del gobierno, han propuesto una solución que se traduciría en una reprogramación ( roll over ) a 30 años de la mitad de los títulos en poder del sector privado.

Concretamente, se trata de reinvertir en bonos del Tesoro griego el 70% de la deuda reembolsada por Atenas a medida que llegue a término. A modo de red de seguridad, el resto sería invertido en títulos emitidos por el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FESF), un valor seguro, considerado "AAA" por las agencias de calificación.

Esa operación "es similar a la que utilizaron los bancos franceses para la deuda latinoamericana en los años 1980", señala Christophe Nijdam, analista de Alpha Value.

Según sus promotores, ese montaje permitirá a los acreedores privados recuperar la totalidad de sus inversiones en caso de default griego, gracias al "tesoro de guerra" constituido por los intereses.

Pero los bancos alemanes se resisten. Ackermann afirmó que la operación provocará "importantes costos" y evocó el peligro para esas instituciones de ser acusadas de "abuso de confianza", si disponen arbitrariamente de sus fondos. Los representantes del sector deben reunirse hoy con el ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schauble.

Por su parte, la Federación de Bancos Públicos alemanes (VOB) sigue repitiendo que no habrá participación voluntaria sin incitación, como, por ejemplo, una garantía pública. Una solicitud que el gobierno alemán ha rechazado hasta ahora.

Otras resistencias

La mayor resistencia, según los especialistas, se producirá entre las aseguradoras y, sobre todo, los fondos de inversión.

"No veo por qué razón alguien querría hacer una operación de esa naturaleza si tiene la posibilidad de elegir", advirtió Gary Jenkins, del banco de inversiones Evolution Securities. "Los únicos interesados en ese plan pueden ser los bancos alemanes, franceses y griegos que están extremadamente expuestos", agregó.

Es verdad que la propuesta sólo ayudaría a Grecia a mantenerse a flote, porque no hace nada por reducir el valor total de la deuda del país. Sin embargo, parece una buena noticia para los acreedores privados comprometidos con la deuda griega. Sobre todo si se la compara con la otra posibilidad: no hacer nada, que Grecia no obtenga su segundo plan de rescate y se declare en bancarrota, y que sus acreedores terminen perdiendo el 70% del valor de sus títulos.

Las discusiones continúan, pero el tiempo apremia: Europa quiere encontrar una solución para el domingo. Los ministros de Finanzas de la eurozona que se reunirán en Bruselas esperan tener entonces cifras de la eventual contribución privada al segundo plan de rescate para Grecia. Hasta ahora, se estimaba esa participación en unos 30.000 millones de euros. Grecia seguramente obtendrá ese segundo plan de ayuda -activado recién el 8 de julio-, que debería superar los 100.000 millones de euros.

El gobierno de Giorgios Papandreu debe darse por satisfecho del gigantesco esfuerzo realizado. Sin embargo, sería un error pensar que todo se ha solucionado. Hasta se podría decir que los verdaderos problemas recién comienzan.

En los próximos meses, el pueblo y la clase política deberán tomar decisiones cruciales que podrían llevar al país tanto a la bancarrota como a una grave crisis política. ¿La opinión pública aceptará finalmente las rigurosas medidas? ¿El gobierno hará los esfuerzos necesarios para respetar los compromisos asumidos? ¿Qué pasará después de las próximas elecciones si hay un cambio de mayoría parlamentaria?

A menos que todos los actores involucrados en el drama griego no aprovechen este período de gracia para sentar nuevas bases, es de temer que los peores fantasmas que acechan a Europa regresen todavía con mayor vigor.

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