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Tompkins: "No me gusta que la tierra esté en pocas manos"

Dueño de 135.000 ha en los esteros del Iberá, el magnate planea seguir donando campos

Jueves 07 de julio de 2011
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LA NACION
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Ambientalista, conservacionista y agricultor. Así pide ser presentado el millonario filántropo norteamericano Douglas Tompkins, que llegó a la ciudad de Buenos Aires para una disertación sobre el futuro de las economías regionales.

Sólo para cumplir ese compromiso visita la gran ciudad, ya que su vida está en el campo, en tierras que posee en Chile y en la Argentina, donde desarrolla proyectos conservacionistas. Tompkins, cuya figura todavía genera polémica en Corrientes, la provincia donde la fundación que preside, Conservation Land Trust (CLT), tiene 135.000 hectáreas en los esteros del Iberá, el humedal más importante del país, aclara que su fin último es la donación al Estado. El único requisito es que ese espacio sea convertido en parque nacional.

Sobre el proyecto de restricción de ventas de tierras a extranjeros se mostró cauteloso. Aunque rechazó que un país "venda" masivamente su territorio, advirtió que más importante es hacer un análisis sobre el uso que se está dando a los suelos.

"Hemos avanzado mucho en el Iberá. Tenemos un proyecto de reintroducción de especies que ha tenido mucho éxito. Hemos restaurado muchos campos, construido infraestructura para acceso público y realmente cualquiera que pueda visitarlo puede verlo con claridad", dice Tompkins a La Nacion. Y pone como ejemplo lo que sucedió en Santa Cruz con las 65.000 hectáreas que tenía y que fueron donadas al Estado cuando las convirtió en el primer Parque Nacional Marítimo Monte León. También donó en Misiones el Parque Nacional Piñalito.

"Todavía no se tiene una real conciencia de la profundidad de la crisis ambiental. No hay sustitución para la biodiversidad. Los humanos, por más creativos que sean, no han inventado ninguna especie", agregó el magnate en perfecto español.

-¿Por qué eligió los esteros del Iberá para su proyecto de conservación en 1997?

-Fuimos invitados por la Administración de Parques Nacionales, que intentaba incentivar a filántropos para crear un corredor verde. Al mismo tiempo, nos contactamos con otras organizaciones conservacionistas y nos mostraron algunos espacios en peligro. Uno de los casos fue San Alonso, una isla en los esteros. Decidimos que el proyecto que proponía el gobierno era más complejo y compramos los campos de la isla, siempre con la decisión de que la provincia y el Estado nacional decidan que sea un parque nacional. Esperaremos el tiempo que sea necesario. Nosotros no tenemos la capacidad de decidir nada.

-¿Hay algún lugar de la Argentina que cree que deba conservarse y hoy eso no está sucediendo?

-Compramos un campo en la entrada del Parque Nacional Perito Moreno que, lamentablemente, no había sido incluido en el perímetro original del área protegida. Ahora estamos en conversaciones con la APN para poder donarlo y ampliar el parque.

¿Por qué decidió dedicar su vida a la conservación?

-¿Hay otra cosa mejor? Yo tengo un gran interés en el futuro y cuando hay oportunidades de conservar hábitat para la biodiversidad y puedo contribuir poco o mucho, lo hago. Nuestra civilización está basada en la salud de la biodiversidad; de lo contrario, no hay salud, no hay nada.

-¿Por qué en la Argentina y en Chile?

-Tengo más de 50 años de relación amorosa con la Argentina y con Chile. Desde hace 20 años estamos viviendo en la Argentina y Chile [vive y lleva adelante sus proyectos con su esposa, Kristine McDivitt Tompkins]. No tengo ninguna propiedad en los Estados Unidos.

- ¿Cómo obtiene los recursos para mantener su proyecto?

-Con el dinero que obtuvimos de la venta de las empresas [era dueño y creador de la marca North Face y Esprit] y algunas inversiones. Además, tenemos en la Argentina cuatro campos en los que hacemos ganadería y agricultura orgánica. Y otros ocho campos chicos en Chile.

-¿Qué piensa del proyecto de ley que busca restringir la propiedad de tierra a extranjeros?

-Antes que todo no me gusta la idea de que la tierra esté en pocas manos. Muchos argentinos están destruyendo su propio país con la ayuda de empresarios extranjeros y maltratan el suelo. El pasaporte es una consideración secundaria. Comenzaría a ordenar el territorio analizando el comportamiento del dueño. No quiere decir que no me encargue luego de quién es el dueño. La Argentina debe cuidar sus intereses, pero hay que analizar el riesgo de que el precio de la tierra se desplome porque los oferentes serán muchos menos.

-¿Cómo evalúa el compromiso ambiental del Gobierno?

-En América latina, los países tienen un largo camino para recorrer en materia ambiental. Entiendo que tenemos (sic) distintas condiciones económicas, sociales y culturales, pero si no tenemos biodiversidad todas las otras consideraciones son irrelevantes. Incluso, la economía.

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