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La diferencia oculta entre la tablet y la PC

Tecnología

¿Por qué cambiarías tu iPad? Sí, la primera. ¿Por la 2? ¿O vas a esperar la 3? En ese caso, ¿tenés ahora una verdadera razón para actualizar? Quiero decir, ¿un motivo objetivo?

Me puse a pensar en esto por la respuesta que me dio un amigo, fan de Apple y comprador de las primeras versiones de todo lo novedoso, con o sin manzanita, cuando lo vi con su (ya vieja) iPad 1 y le dije: "¿No te compraste la nueva todavía?" "No, no. Esta me da más de lo que necesito, no necesito actualizar."

Imagínese. Era como si se hubiera abierto el cielo. Eran las palabras que nunca hubiera creído oír. Llamar a esto blasfemia no sería sino adornarlo con el eufemismo. No supe qué añadir y me fui de allí como quien sufre un golpe de esos que te cambian la vida. ¿La primera iPad le daba a este amigo mío todo lo que necesitaba? En términos de tablets, se entiende.

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Por favor. Hasta un servidor, que no es adicto a Apple y que, no obstante esto, reconoce en la iPad un producto ejemplar, ya habría cambiado por la más delgada y potente versión 2. Una versión 2, debo decir, es más bien una 1.5, porque tampoco me termina de satisfacer, pero que de todos modos reemplazaría bien a la primera.

La extravagante actitud de mi amigo, contraria a una vida entera de first adopter, me dejó, no obstante, meditando. Bueno, no, quizá tampoco invertiría otra vez tanto dinero en una iPad.

No pasaron dos días cuando otros amigos, conocidos y colegas, iPad 1 en ristre, soltaron idéntico discurso. Es decir, que no iban a comprar la 2. "Tal vez la siguiente, pero no sé..."

Descubrí así, un poco por accidente, una posible diferencia oculta entre esta clase de dispositivos y las PC. Nos hemos empeñado en compararlas y, no contentos con esto, andamos por ahí enarbolando la bandera de la era post PC, sofisma que ya desmenucé en otra nota ( www.lanacion.com.ar/1317123-el-fin-de-la-era-de-la-pc-y-otros-sofismas ). Dicho brevemente, también la tablet es una computadora personal, por derecho propio, como lo es un smartphone o una netbook. A lo sumo podríamos hablar de la era post desktop, pero sinceramente no da para un titular, ¿no?

En primera instancia, la línea que había trazado para separar las PC y las portátiles de las tablets es el tipo de entrada de datos: teclado y mouse por un lado, pantalla táctil por el otro.

Ahora, con las inesperadas reacciones de amigos que, en otros rubros informáticos salen a comprar cualquier cosa que sea nueva, me pareció ver una diferencia más profunda que la que había vislumbrado al principio.

Adiós a la ley de Moore

Bueno, tampoco deberíamos hablar de tablets en general. En rigor, de momento, la única que ha hecho una diferencia es la iPad. Ninguna de las otras aparece todavía en el radar, con la sola excepción de las Galaxy de Samsung, aunque, previsiblemente, muy lejos del equipo de Apple.

Según informaba Reuters cuando apareció la iPad 2, el 60% de los usuarios que adquirían esta nueva versión era poseedor de la primera. Eso, en Estados Unidos. No tengo claro por cuánto habría que dividir este número en la Argentina, con el dólar por encima de los 4 pesos y una oferta mermada por los cambios en las reglas de juego para importar tecnología (el iPhone, por ejemplo, ya no se consigue).

Mientras la iPad es un equipo de precio razonable en su país de origen, aquí trepa hasta los 5700 pesos; sin entrega inmediata, en algunos casos. Así que, entre nosotros, ¿cuántos actualizarán, cuando la primera todavía está en perfectas condiciones? Por mucho que uno sea un first adopter necesita algún argumento sólido para invertir ese monto.

Las respuestas de mis amigos más geeks parecen indicar que el 60% norteamericano debe ser aquí mucho menor. Esta es precisamente la diferencia oculta entre las tablets y las computadoras convencionales. Por el tipo de tareas para la que es apta una máquina que no tiene teclado ni mouse y que necesita ser delgada y liviana, la cantidad de cómputo que le solicitamos no sólo es baja, sino que no es menester duplicarla en dos o tres años.

Mientras el modelo de negocios de la PC se ha sostenido sobre la ley de Moore, en el esquema tablet que la capacidad de cálculo se duplique cada 18 meses al tiempo que su costo se reduce a la mitad no parece ser algo demasiado importante.

En rigor, y para no defraudar a los puristas, la ley formulada en 1965 por uno de los fundadores de Intel, Gordon Moore, es bastante más compleja; una versión más ajustada, aunque menos clara para el resto de nosotros, dice que la densidad de componentes que pueden alojarse en un circuito integrado a costos bajos se duplica cada dos años. Los lectores interesados en el tema pueden echarle un vistazo al artículo original de Moore publicado por la revista Electronics en abril de 1965 (http:// download.intel.com/museum/Moores_Law/Articles-Press_Releases/Gordon_Moore_1965_Article.pdf ); más documentación, aquí: www.intel.com/pressroom/kits/events/moores_law_40th/index.htm

¿Cuál saldrá más lesionada?

En otras palabras, no sólo se trata de que la iPad 2 ha hecho mella -y esto es cierto- en la venta de PC, sino de que la iPad vendida hoy podría hacer mella en la venta de la siguiente versión de iPad, dentro de un año y monedas.

Los que hemos usado computadoras durante mucho tiempo experimentamos un ciclo de renovación muy diferente. No sólo queremos regularmente más poder de cómputo, más memoria RAM y más espacio de disco, sino que sabemos que dentro de tres años la PC que hoy tenemos en la mesa empezará a reclamar un recambio.

Los motivos son sobre todo exógenos. No importa qué tan buena sea la experiencia que su PC le ofrece hoy. Las cámaras seguirán aumentando la resolución, los videos crecerán en tamaño, las nuevas aplicaciones tendrán más hambre de cómputo, las páginas Web requerirán una plataforma cada vez más potente, los juegos serán más y más realistas.

En parte por la llegada de las consolas de videojuegos, en parte porque las herramientas de productividad masivas no pueden ofrecer hoy mucho más (paradójicamente, esto requeriría mucho más poder de cómputo), este ciclo se ha calmado un poco en los años recientes. Pero de ninguna manera se ha detenido. De hecho, los grandes fabricantes de cerebros electrónicos siguen vendiendo poder de cómputo, ésa es su mercadería, y el mundo parece imposible de satisfacer en este sentido.

Más aún: sabemos de sobra que la industria está todavía en pañales. Queremos que estas máquinas hagan más, mucho más rápido, les falta todavía mucho para entender sin tropiezo nuestro lenguaje o demostrar alguna mínima inteligencia, tanta como para, al menos, protegernos de forma activa, transparente y efectiva de las amenazas informáticas.

La computación está en pañales. Repito, anote, tómeme la palabra y escríbame un mail de queja dentro de diez años, si resulta que me equivocaba: la computación está en pañales. Necesitamos mucho, pero mucho más poder de cómputo, incluso para funciones que hoy ni siquiera imaginamos. Las computadoras estaban más o menos a la altura de las circunstancias con los videos, y ahora apareció el 3D. Siempre va a aparecer algo más, no tengo ni la menor duda sobre esto.

Uno tiende a pensar que las tablets también deberían sincronizarse con este ciclo. Pero no es así. El ritmo es más acompasado en este rubro, y está menos sometido a factores externos. Un verdadero veterano de la informática me dice que su iPad 1 le alcanza, y éste no es un dato menor. Para traducirlo, quiere decir: "No sólo tengo lo que necesito ahora, sino que no veo todavía qué aplicación me movería a actualizar".

Esa es una dinámica diferente de la que empujó sin pausa a la computadora personal. En la PC, nada más los juegos, por no citar aplicaciones de diseño 3D y las herramientas profesionales de gráficos, e incluso, desde Windows 95 para acá, los mismos sistemas operativos salían a la venta no para contentarse con el hardware actual, sino para el que estaba próximo a salir. La única forma de perdurar era con requerimientos futuristas.

Opuestamente, la iPad usa un sistema operativo apto para un smartphone, y luego de revisar toneladas de aplicaciones todavía no me ha ocurrido que alguna de ellas me hiciera pensar en ampliarle la memoria (algo que no puede hacerse, de todos modos) o cambiarle el microprocesador por uno más potente (ídem).

Lo que me lleva a otra diferencia. El ciclo de actualización de las computadoras convencionales, incluso de las portátiles, es modular. Se puede agregar más memoria, cambiar el microprocesador, agregar una tarjeta de video mejor, ampliar el disco duro. No todo el mundo lo hace ni todos estos módulos están disponibles para todos los tipos de máquinas, pero ninguna es una caja sellada.

La iPad 2 ni siquiera trae de serie un lector de tarjetas de memoria, no hablemos de cualquier otra suerte de actualización. Como si fuera un auto, hay que vender la vieja y comprar una nueva.

Esto, que hubiera sido catastrófico para la PC, no es una decisión tomada a la ligera por Apple o los otros fabricantes de tablets. Saben mejor que nadie que es mucho menos probable que aparezca una app que traccione la actualización del hardware como en la PC. Por eso es también tan importante para Apple ganar todo el espacio posible ahora, porque el usuario de tablets tenderá a cambiarla más bien cuando se agote la vida útil de la batería que cuando un jueguito 3D no ande a la velocidad deseada. Batería que, dicho sea de paso, pone un límite estricto a cuánto poder podemos empacar en uno de estos equipos, si queremos que sean ultradelgadas y livianas.

Hasta que no podamos encerrar 1 megawatt/hora en un acumulador del tamaño de una tarjeta de crédito, los fabricantes deberán medir con cuentagotas la energía que le reclaman a los componentes. Y, antes de que lo pregunten, no, no alcanza con microprocesadores de bajo consumo. Todos los componentes de un dispositivo de esta clase requieren energía eléctrica: la memoria, el GPS, Wi-Fi, 3G, la pantalla, y así.

Por cierto, no es imposible que baterías casi mágicas aparezcan mañana o pasado, pero tenga por cierto que un hallazgo de esa naturaleza no cambiaría sólo el negocio de la PC. Cambiaría la economía global.

Proyecciones

A medio camino entre la PC y la consola de videojuegos, y con un talón de Aquiles de iones de litio, la tablet parece haber estrenado un modelo de progreso técnico muy diferente del de las computadoras convencionales. Ni mejor, ni peor. Diferente. Si vamos a hacer proyecciones, deberíamos considerar seriamente este factor.

Twitter: @arieltorres.

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