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Il mondo della luna

Música extraordinaria e intriga efectiva para una obra de Haydn poco difundida en el país

Martes 19 de julio de 2011
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IL MONDO DEL LA LUNA , DE HAYDN CORO Y ORQUESTA DE BUENOS AIRES LIRICA INTERPRETES: HERNAN ITURRALDE (BONAFEDE), OSVALDO PERONI (ECCLITICO), VIRGINIA SAVASTANO (CLARICE), JEANETTE VECCHIONE (FLAMINIA), VANINA GUILLEDO (ERNESTO), SERGIO SPINA (CECCO), ROCIO ARBIZU (LISETTA) DIRECCION MUSICAL: RODOLFO FISCHER BAJO CONTINUO : RODOLFO FISCHER (FORTEPIANO) Y PABLO BERCELLINI (CHELO) PUESTA EN ESCENA : PABLO MARITANO ESCENOGRAFIA: ANDREA MERCADO VESTUARIO : SOFIA DI NUNZIO ILUMINACION : JOSE LUIS FIORRUCCIO ESCENAS DE PANTOMIMA: CARLOS TRUNSKY BUENOS AIRES LIRICA Nuestra opinión: muy bueno

La última producción de Buenos Aires Lírica, Il mondo della L una (ópera de Joseph Haydn de 1777, lamentablemente poco difundida en nuestro país), ofrece un espectáculo con música extraordinaria en toda su extensión y una intriga naïve, pero efectiva a la hora de generar situaciones musicales al estilo buffo . Dentro del concepto visual de la puesta, fue acertada la estética que ubicó la historia a principios del siglo XX. La lograda escenografía de Andrea Mercado creó variedad de climas con recursos justos y buen gusto. La iluminación de José Luis Fiorruccio fue esmerada y acompañó con matices los dos grandes planos de la obra, esto es: la realidad, con un uso más uniforme de la luz (la casa de Bonafede) y, el otro, la fantasía y el misterio, donde trabajó con sugerente oscuridad y puntualizaciones (salón de Ecclitico y supuesto mundo de la Luna). El vestuario de Sofía Di Nunzio completó la estética inspirada en El viaje a la L una, de Méliès, y los gabinetes científicosa lo Julio Verne. Aportó sutiles combinaciones de color y buenos complementos de ingenio. En esta sumatoria, la puesta dirigida por Pablo Maritano consiguió un resultado bien integrado, con timing ágil y detallista marcación de cantantes. Las plásticas escenas creadas por Carlos Trunsky para las criaturas de la Luna, agregaron un toque de humor ingenuo, muy al tono con la candidez de la obra.

En cuanto a la acción, hubo un punto de inflexión en el solo del tenor Sergio Spina como Cecco en "Mi fanno ridere", momento a partir del cual la obra comenzó a cobrar ritmo de comedia y alcanzó plena forma en la escena de las dos hijas de Bonafede. En un crescendo de bellas arias y ensambles, la ópera desembocó en el más exquisito momento del primer acto: el fingido viaje a la Luna. Allí, Haydn describe musicalmente la ruta hacia el mundo fantástico con una delicadeza tan sublime como la del "Quinteto del adiós" del Così fan tutte de Mozart (ópera, sin embargo, posterior a la de Haydn), que compone un brillante número final.

Logro musical

Con la conducción de Rodolfo Fischer, fue notable la labor de la orquesta, que se lució a lo largo de toda la obra. Ya desde la obertura, el conjunto instrumental abrió la función con brío y presencia, aprovechando los contrastes temáticos para destacar la sorpresa y dar vida a la ejecución. Excepto por una desafinación en la entrada de los metales, la orquesta tuvo un excelente rendimiento. En los recitativos, el acompañamiento del continuo al pianoforte resultó un tanto rígido (en comparación con el habitual sonido blando del cémbalo) y el pequeño coro masculino del primer acto (himno a la Luna) sonó poco amalgamado. Pero en su totalidad, el nivel musical fue muy bueno.

El componente más destacable fue, sin duda, el elenco de cantantes. El tenor Osvaldo Peroni (Ecclitico) tuvo buenos agudos, lindo timbre y creó junto con Savastano un precioso dúo de amor al final. La mezzo Vanina Guilledo en el rol travestito (voz de mujer disfrazada de hombre), del caballero Ernesto -algo sobreactuado-, encontró su mejor expresión en el centro de la voz, y Rocío Arbizu (Lisetta), combinó la chispa de su personaje con una buena voz. El bajo-barítono Hernán Iturralde, como el embaucado Bonafede, se proyectó con una sonoridad potente, presencia en escena y buen cantabile para los momentos de carácter lírico-bufo. La soprano neoyorquina Jeanette Vecchione brindó una excelente interpretación de Flaminia. Con voz delgada y cristalina, abordó los sobreagudos con precisión y se lució en las coloraturas de su personaje. Superior el nivel de la soprano María Savastano como Clarice, la más atrevida de las hijas de Bonafede que, a sus excepcionales condiciones (voz cálida, elástica y pareja en todos los registros), sumó gracia e histrionismo. Excelentes intérpretes y una cuota de candoroso humor en una muy buena producción con música de lo mejor del siglo XVIII.

Cecilia Scalisi

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