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El diálogo con los hijos cuando la pareja no funciona

Ciencia/Salud

En una crisis o separación de la pareja, el diálogo con los hijos se llena de "fantasmas" y temores. ¿Cuáles son las mejores maneras de abordarlo?

En la vida cotidiana, la percepción de lo que significa una separación conyugal ya no carga aquel estigma que hasta hace pocos años convertía al hijo de padres separados en alguien más "especial" que cualquier otro. Las funciones de madrastra o padrastro, comunes hoy en cualquier familia, parecían reservadas a los sufridos personajes de cuentos como el de la pobre Cenicienta. La estructura de la familia se ha vuelto mucho más flexible; lo cual no significa que cuando el desamor se adueña de una pareja con hijos (con la eventualidad de la separación) la situación sea menos dolorosa de lo que siempre fue.

Ese dolor y el temor de herir suele hacer que los adultos entren en un terreno de dudas sobre cómo hablar del tema con sus hijos: ¿Cuándo? ¿Cuánto? ¿No es mejor no hablar para no herir y dar las explicaciones una vez que todo pase? ¿Hay que contarles todo? Y consulta a un especialista: "Creo que hay que poner en un lugar secundario los 'consejos', aunque la gente los demanda porque le sirven, o cree que le sirven", señala el psicoanalista Patricio Furman, de Fundación Buenos Aires.

"No es que esas cuestiones no tengan importancia -sostiene-, pero creo que lo verdaderamente importante es el lugar que se le da a los hijos en relación con el conflicto de la pareja". En este sentido, Furman advierte que normalmente, suele aparecer una proyección de la pareja o "ex" en el hijo, ya sea en las conductas o incluso en los rasgos físicos. Y entonces, ante cualquier discusión o desavenencia mínima con él, surge el pensamiento: "Tiene los mismos defectos que el padre", "Eso lo aprendió de la madre".

Consciente o inconscientemente, ese pensamiento suele en la práctica traducirse en una cuota de maltrato, en peleas nimias que adquieren la intensidad de una pelea conyugal: "Aunque no les dediquen directamente ninguna de esas frases, los chicos perciben esa aversión, y es ese el punto a trabajar para poder revertir y superar esa situación". Pasándolo en limpio: es normal y explicable que esto suceda en un contexto de separación, pero al tomar conciencia los adultos de esta situación, deberían poder revertir ese sentimiento de aversión que pone a los chicos en el medio de la disputa conyugal y los hace sentir culpa.

Lo que realmente daña. El psicoanalista Alfredo Caeiro, integrante del consejo de edición de la revista especializada Topía, llama la atención sobre el hecho de que toda separación es la punta del iceberg de una crisis preexistente en la pareja, y eso es lo que los chicos sufren. En los casos en que las peleas y el maltrato en la pareja son constantes y cotidianos, señala, ese sufrimiento de los hijos es diario y hasta pueden vivir con cierto alivio la separación. Pero también hay casos en que la pareja convive durante años en una crisis terminal silenciada, como suele pasar cuando la causa es un tema vinculado a la sexualidad: "Los hijos siempre lo perciben, y terminan siendo los convidados de piedra en las dificultades de sus padres para resolver, como cualquiera, esos aspectos de sus vidas".

Caeiro coincide en que no hay recetas: "Respecto de esto también hay muchos mitos, como el que dice que a los chicos 'hay que hablarles de sexo' -opina-, y entonces se habla de higiene, riesgos y cuidados. Lo cual desde luego es necesario, pero el tema del placer sigue siendo un tabú, lo mismo que ante una separación lo siguen siendo el dolor y el sufrimiento". Entonces, dice, se los trata de tranquilizar, de decirles que nada malo les va a pasar, que ellos no tienen la culpa de nada, pero rara vez se les pregunta qué les pasa ni se los escucha.

Con ello, asegura, se pierde una oportunidad valiosa, porque "los chicos tienen más capacidad que los adultos para hablar del dolor".

Cliché versus realidad. "Hay una situación que aparece como un cliché, que es la de sentarse para anunciarles la separación, y asegurarles que eso no va a cambiar en nada el cariño o el cuidado respecto de ellos -dice la doctora Ana Rozenbaum, médica psicoanalista especialista en niños y adolescentes y miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA)-, Los padres suponen que eso los va a sorprender, lo cual en general no sucede, porque los chicos en general vienen advirtiendo desde hace tiempo ese proceso de desgaste previo que conlleva toda separación, por más que los adultos digan que tuvieron el cuidado de no discutir delante de los hijos".

Esta especialista remarca la importancia de asumir esos procesos de desgaste y no negarlos en el diálogo con los hijos: "Ellos siempre preguntan, y de nada sirve responderles que 'no pasa nada' cuando ellos se dan cuenta de que no es así". Mentirles por el supuesto temor de herirlos, en este caso, no tiene sentido. Luego, si es una crisis que se supera, se dará vuelta la página.

"Creo que aquel cliché debería poder transformarse en una frase verdadera -resume Rozenbaum, que es miembro también de la Asociación Internacional de Psicoanálisis (IPA)-, que realmente sus padres se comprometan a que nada altere el amor y el cariño hacia ellos tras la separación, a no utilizarlos como trofeos en su disputa con la ex pareja ni competir para ver 'quién los quiere más' o quien se ocupa más de ellos, admitiendo incluso que uno se ocupe de los hijos más que el otro cuando las cosas son así".

Claves- Ante cualquier discusión con los hijos, pensar en qué medida no se está proyectando sobre ellos el enojo que se siente ante la ex pareja o pareja en crisis

- Es bueno tranquilizarlos sin mentiras ni ocultamientos, pero también lo es preguntarles qué sienten y no tener miedo cuando ellos refieren su angustia o su dolor

- Si preguntan porque perciben una situación tensa o violenta, no negarles la realidad.

Marcelo Rodríguez
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