Elecciones 2011
Viernes 29 de julio de 2011 | Publicado en edición impresaOpinión
Las lecciones que dejó la campaña porteña
Alejandro Catterberg
Para LA NACION
Hace un mes y medio, LA NACION publicó la primera de una serie de encuestas que nos solicitó para cubrir la campaña electoral porteña. De su análisis surgió que Mauricio Macri obtendría una victoria clara en los comicios. Estos resultados se basaban principalmente en la historia electoral reciente del distrito sumada al buen nivel de aprobación de su gestión como jefe de gobierno, su alto nivel de imagen personal y el hecho de que la oposición se presentaba fragmentada. Adicionalmente, se destacaba que su principal rival, Daniel Filmus, no lograba obtener un nivel de votos considerable en un segmento clave del electorado, aquellos que veían con buenos ojos tanto la gestión de Macri en la ciudad como la de Cristina Kirchner en el Gobierno.
Los resultados de la primera vuelta y lo que se espera para el ballottage confirman lo que se evidenciaba con claridad. Más allá de ello, varios hechos quedan de este proceso.
El primero es la confirmación de la capacidad de Pro y de Mauricio Macri para realizar campañas electorales de forma efectiva, profesional y moderna. A partir de un contexto favorable, Macri supo encontrar el tono justo al discurso, evitar una nacionalización o una confrontación abierta con la Presidenta y exhibir sus principales hechos de gestión. Pero Pro no sólo hizo foco en estos aspectos, sino que también los rodeó de una dialéctica inclusiva, participativa, tolerante y esperanzadora. No es que una mala campaña hubiese producido una derrota del macrismo, pero lo habría dejado más cerca de su núcleo "duro" de votantes, de alrededor del 38%, que del 47% que finalmente logró.
En contraposición con Pro, el kirchnerismo demostró nuevamente su ineptitud para encarar campañas electorales. El oficialismo nacional no parece comprender que su estilo confrontativo, duro, directo y fragmentario de gobernar no es lo más adecuado a la hora de realizar una campaña. A eso se suman un muy mal diagnóstico de la situación local y una estrategia que parecía diseñada más para consolidar el voto kirchnerista que para captar alguno nuevo. La asimetría entre sus expectativas y sus acciones los llevó al estado de sorpresa, parálisis y recriminación interna que se observó los días posteriores al 10 del actual.
La elección también dejó en evidencia la fragmentación de la oposición, que no permitió que la oferta se concentrara en menos opciones.
Por último, ocurrió durante la campaña un nuevo e intenso debate sobre el rol y la fiabilidad de las encuestas. Al respecto, vale mencionar que en cualquier democracia occidental el uso principal de las encuestas es contribuir al diagnóstico, diseño y monitoreo de la estrategia electoral de un partido o un candidato. Adicionalmente, las encuestas electorales son una herramienta a través de la cual los medios de comunicación les brindan a sus audiencias información valiosa que contribuya a comprender la realidad social.
El uso de las encuestas como una herramienta de marketing electoral es un desvío de sus reales funciones, que además resulta ineficaz. Pero su utilización no por ineficaz deja de ser una realidad, lo que lleva a que durante las campañas haya una gran cantidad de encuestas que son financiadas por fuerzas políticas y difundidas por los medios que muestran una disparidad de resultados mayor que la tolerable por la técnica. Los elementos necesarios para que esto suceda son tres: primero, la creencia de los políticos en que la difusión de encuestas favorables tiene influencia en la decisión de voto de la gente. Segundo, la existencia de encuestadores con carencia técnica o métodos demasiados flexibles de medición y análisis que responden a los intereses del candidato que los contrata, y tercero, la existencia de medios que publican y difunden datos de encuestas a las que tienen acceso sin corroborar su fiabilidad y la trayectoria de la empresa ejecutora.
Muchos medios del mundo tienen como política no publicar encuestas que les son enviadas desde los comités de campaña. Más aún, los medios más serios e importantes directamente producen o encargan en exclusiva encuestas que comparten con sus lectores, haciéndose responsables por la veracidad y la calidad de la información que brindan..
El autor es director de Poliarquía Consultores.