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El círculo

Agustín Alezzo y Nicolás Dominici dirigen al elenco con resultados extraordinarios

Sábado 30 de julio de 2011

l TITULO ORIGINAL :Brooklyn boy l AUTOR :Donald Margulies l TRADUCCION: Cecilia Chiarandini l con: Lizardo Laphitz, Nestor Duco, Bernardo Forteza, Cecilia Chiarandini, Carolina Alliani, Cristina Dramisino y Francisco Priml ESCENOGRAFIA Y VESTUARIO: Marta Albertinazzi l LUCES: Gonzalo Calcagno l DISEÑO SONORO: Diego Vainer l ASISTENTES DE DIRECCION: Gaston Ares y Natalia Laphitz l DIRECCION: Agustin Alezzo y Nicolas Dominici l SALA: El Duende, Araoz 1469 l FUNCIONES: viernes, a las 21.30, y sábados, a las 21. Nuestra opinión: muy buena

El más reciente libro del maduro novelista Eric Weiner se ha ubicado en el undécimo puesto en la lista (son quince títulos) de best-sellers del New York Times , y Hollywood acaba de comprárselo, de modo que él viaja a Los Angeles para arreglar los detalles. En contraste, su padre está muriéndose de cáncer y su mujer, de la que él sigue enamorado, le ha planteado el divorcio. En vísperas de partir, Eric visita a ambos y, a su vez, es visitado por su amigo de infancia, Samy, a quien no ve desde hace veinticinco años. Cuando llega a Hollywood, el escritor se encuentra con su agente y con el actor que será protagonista, y descubre que de su libro no quedarán en la pantalla más que jirones irreconocibles.

Como en Cena entre amigos (2004, premio Pulitzer), que también El Duende presentó con tanto éxito dos años atrás, en su antigua sala de la calle Córdoba, Margulies (nacido en Brooklyn, en 1954) parte aquí de sencillos hechos cotidianos para urdir una trama, aparentemente simple y casi naturalista, que en verdad es una elegía del barrio de su infancia, donde el espléndido y legendario puente le parecía entonces el camino hacia la mágica Ciudad Esmeralda de El mago de Oz : los rascacielos de Manhattan, donde los sueños se harían realidad.

Este periplo de Eric culmina donde empezó, el círculo de su vida de artista se cumple al entender que de ahí en adelante lo esperan la soledad -sin duda- pero también la compañía de fantasmas propicios. Esta pieza, tan diestramente estructurada como Cena entre amigos , alternando lo dramático y lo cómico, acusa una duración que tal vez podría abreviarse (los diálogos, los primeros, con el padre, y luego con la esposa), pero cobra vigor a partir del encuentro con los personajes de Hollywood -un sarcástico paso de comedia-, hasta los admirables, últimos encuentros con Samy y con el padre muerto. En estas escenas claves, bisagras de una acción guiada con singular equilibrio por Arezzo y Dominici, los trabajos de Laphitz, Forteza, Dramisino y Ducó alcanzan un nivel excepcional. No desentonan, por cierto, los intérpretes más jóvenes. Y la escenógrafa Albertinazzi demuestra, una vez más, su capacidad para crear un mundo en un espacio reducido.

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