El éxito y la fama de las empresas de Internet están en boca de todos, gracias a firmas como Google o Facebook. La influencia real en la vida social de un gran número de personas (más de 600 millones, en el caso del proyecto de Zuckerberg) es un hecho.
El problema por enfrentar es la cantidad de supuestos que se generan alrededor, tanto de estos casos resonantes, como de la proliferación de startups que intentan replicar estos hits.
Analicemos el momento. Tantos años de desarrollo de Internet como industria nos permiten ahora comenzar una empresa web de manera muy simple y hasta, en muchos casos, muy económica. Pero ¿es soplar y hacer botellas? ¿Es ésta la nueva fiebre del oro? La respuesta, simplemente, es no.
Crear una empresa exitosa requiere muchísimo trabajo y, mantenerla en ese nivel, aun más. No se trata de "pegarla", sino de hacerlo bien y hasta es muy bueno equivocarse mucho, incluso fracasar, pero hacerlo primero y rápido para aprender de la experiencia. Silicon Valley (la meca tecnológica) y toda la industria web se caracterizan por eso. Rompen el modelo latinoamericano, en el que fracasar es peor que morir. Para ellos es estar seguros de no cometer el mismo error.
Ahora, veamos puntualmente qué pasa en América latina. A fines de los 90, la mayor parte de las empresas latinas que triunfaban en Internet eran argentinas.
El caso de Mercado Libre es emblemático. Hoy, el resto de los países nos han alcanzado, al emparejar bastante el top 10, pero seguimos siendo buena parte. El ecosistema emprendedor web recuperó protagonismo con el surgimiento de comunidades abiertas como PalermoValley, que tiene por objetivo reunir y propulsar a la comunidad de profesionales web y poner la ciudad de Buenos Aires en el mapa mundial de la tecnología.
Gracias a trabajos como el de PV, de networking a nivel global, capacitación, visibilidad y viajes de negocios al exterior, sumados a la experiencia en las crisis con la que contamos los argentinos, nuestra cultura cosmopolita y el alto profesionalismo alcanzado, no tenemos diferencias a nivel emprendedor con las ligas mayores.
Pero sí se notan nuestras debilidades en torno de la inversión de capital de riesgo, sobre todo, en los niveles iniciales que apuntalan las ideas y les dan orientación y contactos.
Este es el punto en que hoy están trabajando las aceleradoras de startups que vienen a ayudar al emprendedor al permitirle generar más y mejores empresas, y acelerando su crecimiento.
Hoy, el mundo mira el talento argentino; la oportunidad es grande, pero solamente se logra con esfuerzo, buenas ideas, mucha dedicación y perdiendo el miedo a equivocarse. ¿Tiembla Zuckerberg?.
El autor es cofundador de BA Accelerator, facilitador en Palermo Valley, cocurador en Startup Digest Buenos Aires y coorganizador de Startup Weekend BA
