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La verdadera historia de la globalización

Wall Street Journal

Aunque el comercio es una actividad económica, su mayor impacto podría ser biológico

En el gran puerto tropical de la bahía de Manila, dos grupos de hombres se acercan con cautela, las manos listas para tomar sus armas. Comerciantes trotamundos, provienen de puntos extremos de la faz de la tierra: España y China.

Los españoles llevan un gran cargamento de plata extraída en América por esclavos indios y africanos; los chinos traen una selección de fina seda y porcelana, materiales creados por procesos avanzados desconocidos en Europa.

Es el verano de 1571 y este trueque de seda por plata, el comienzo de un intercambio en Manila que duraría por casi 250 años, constituye el primer rastro de lo que hoy llamamos globalización. Fue la primera vez que Europa, Asia y América se unían en una red económica.

La seda se convertiría en una sensación en España, al igual que la plata en China. Pero las multitudes que recibían a los barcos a su regreso no tenían idea de lo que realmente transportaban. Por lo general, describimos la globalización en términos puramente económicos, pero también es un fenómeno biológico. Los investigadores están cada vez más convencidos de que la carga más importante en los primeros viajes transoceánicos no fue la seda ni la plata, sino una indisciplinada colección de plantas y animales salvajes, muchos de los cuales llegaban como polizones accidentales. En el repaso de la historia, es ese aspecto de la globalización el que podría tener el mayor impacto en el destino de las naciones.

El nuevo mundo de Colón Hace unos 250 millones de años, la Tierra contenía una sola masa territorial conocida como "Pangea". Las fuerzas geológicas rompieron esa vasta extensión, separando para siempre a Eurasia de América.

Con el tiempo, las dos mitades de Pangea desarrollaron especies de plantas y animales completamente diferentes.

Antes de que Cristóbal Colón zarpara del Atlántico, sólo unas cuantas audaces criaturas, en su mayoría insectos y aves, habían cruzado los océanos para establecerse en otros lugares. Aparte de eso, el mundo permanecía dividido en dos dominios ecológicos distintos.

El mayor logro de Colón, en las palabras del historiador Alfred W. Crosby, fue volver a unir las fronteras de Pangea.

Después de 1492, los ecosistemas del mundo se encontraron y se mezclaron a partir del transporte de miles de especies que los buques europeos llevaban a sus territorios. El "intercambio colombino", como lo llama Crosby, es lo que explica que Italia llegara a tener tomates y que hubiera naranjas en Florida.

Un número creciente de estudiosos cree que la transformación ecológica desencadenada por los viajes de Colón fue uno de los eventos fundacionales del mundo moderno.

¿Por qué Europa consiguió el predominio? ¿Por qué China, en su día la sociedad más rica y avanzada del planeta, cayó de rodillas? ¿Por qué la esclavitud se arraigó en América? ¿Por qué fue el Reino Unido el que inició la Revolución Industrial? Todas esas preguntas están vinculadas de manera fundamental al intercambio colombino.

¿Por dónde empezar? Tal vez por los gusanos. Las lombrices de tierra, para ser más precisos, eran criaturas que no existían en América del Norte antes de 1492.

Mucho antes del inicio del comercio de la seda y la plata a través del Pacífico, los conquistadores españoles y portugueses navegaban por el Atlántico en busca de metales preciosos. A la larga, exportaron enormes provisiones de oro y plata de Bolivia, Brasil, Colombia y México, aumentando en gran escala el flujo de dinero en Europa. Sin embargo, los barcos que regresaban a casa transportaban algo de igual importancia: la planta amazónica del tabaco.

Estupefaciente y adictivo, el tabaco provocó el primer frenesí global en torno a una materia prima. En 1607, cuando Inglaterra fundó su primera colonia en Virginia, en Estados Unidos, Londres ya tenía más de 7.000 "casas de tabaco", establecimientos parecidos a los cafés actuales, donde el creciente número de adictos a la nicotina podía comprar y fumar tabaco. Para satisfacer la demanda, los barcos ingleses llegaban a los muelles de Virginia y partían con barricas de hojas de tabaco de media tonelada cada una. Los marineros compensaban el peso de sus embarcaciones dejando su lastre: piedras, gravilla y tierra. Intercambiaban sus desperdicios ingleses por el tabaco de Virginia.

Muy probablemente, entre la tierra se encontraban las lombrices y seguramente las raíces de las plantas que los colonizadores importaban.

Antes de que los europeos llegaran, no había lombrices en EE.UU. ni Canadá, puesto que habían sido eliminadas en la última Edad de Hielo.

En los bosques libres de lombrices, las hojas se acumulan de a montones. Los árboles y arbustos necesitan de los desperdicios para nutrirse. A su llegada, las lombrices consumen rápidamente la hojarasca, absorbiendo los nutrientes en las profundidades de la tierra y dejando su excremento. De repente, las plantas ya no pueden alimentarse por sí mismas; sus finos sistemas de raíces al nivel de la superficie están en el lugar equivocado.

Un sinfín de plantas del sotobosque se mueren y otras hierbas crecen en sus lugares.

Propagadas por campesinos, jardineros y pescadores, las lombrices resultan obsesivas ingenieras subterráneas. Nadie sabe qué pasará en lo que los ecologistas ven como un gigante y no planificado experimento que lleva siglos en proceso.

Las especies siempre han estado en movimiento, tomando ventaja de las casualidades o circunstancias favorables. Sin embargo, el intercambio colombino, como una Internet biológica, comunicó a todas las partes del mundo natural, una reformulación que, para bien o para mal, siguió un ritmo asombroso.

Las consecuencias son difíciles de predecir, como las de la propia globalización. Al mismo tiempo que las plantaciones de caucho brasileño se apoderan de bosques tropicales en el sudeste asiático, plantaciones de soya, una leguminosa de China, ocupan unos 207.000 kilómetros cuadrados del sur de la Amazonía, un área casi del tamaño de Gran Bretaña. En Brasil, eucaliptos australianos cubren casi 400.000 kilómetros cuadrados mientras que empresarios en Australia intentan cultivar açaí brasileño.

Este desarrollo seguro producirá resultados económicos positivos.

Pero el lado negativo del intercambio colombino actual es igualmente crudo. Los bosques en EE.UU. son devastados por una serie de plagas exóticas. A su vez, los bosques llenos de árboles muertos son propensos a incendios catastróficos, un convulsivo agente de cambio. Las nuevas especies se apresuran a reemplazar a las que se pierden, con efectos que no pueden conocerse de antemano. Simplemente, tendremos que esperar para ver qué tipo de paisaje heredarán nuestros hijos.

Las noticias de hoy son dominadas por lo que ocurre con las deudas de los países y nuevas aplicaciones de una computadora y los conflictos en Medio Oriente. Pero dentro de varios siglos, los historiadores podrán ver nuestra propia era de la manera en que nosotros comenzamos a ver el ascenso del Occidente moderno: como un capítulo más del tumulto en proceso del intercambio colombino.

-Mr. Mann es autor de "1493: Uncovering the New World Columbus Created" (algo así como 1943: Descubriendo el nuevo mundo que creó Colón).

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