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Hechos, no palabras

Economía

A partir del lunes 25 de julio se ha producido una debacle en los mercados bursátiles mundiales, que ha provocado en tan sólo 13 jornadas caídas del orden del 15 al 20%, hecho que no se veía desde la crisis de Lehman Brothers, en septiembre de 2009.

Los fundamentals de la macro mundial no cambian de un día para otro. Es cierto que se han generado dudas acerca de la velocidad de la recuperación de la economía global, pero -salvo alguna opinión en contra de los ya clásicos profetas del Apocalipsis- al menos por ahora, la posibilidad de una nueva recesión es muy baja. Por lo tanto, es claro que no se debe buscar allí el origen del actual tsunami financiero.

Ahora bien. ¿Cuáles son, entonces, las causas de esta nueva crisis? Desde nuestro punto de vista, las mismas se hallan en la falta de liderazgo de los líderes políticos tanto de la Euroárea como de EE.UU.; puestas de manifiesto en la reunión del 21 de julio en Bruselas del Eurogrupo -donde luego de más de dos años de discusiones, sólo se llegó a una solución parcial de la deuda griega- y en la increíble dilación del Congreso norteamericano para aprobar a horas del default la ley que autoriza el aumento del límite de la deuda, la cual por cierto es compleja y de difícil implementación.

Esta falta de liderazgo para enfrentar una realidad económica compleja, ha provocado un claro cambio de humor del mercado (de positivo a negativo), que ha generado las fuertes pérdidas de estos días. Como si esto fuera poco, el viernes pasado en medio de este zafarrancho de mercados financieros en fuerte caída, a una de las principales calificadoras no se le ocurrió nada mejor que rebajar, por primera vez en la historia, la máxima calificación de riesgo de los EE.UU. de AAA a AA+. Su principal argumento consistió en que las dificultades políticas del país del norte eran un inconveniente para enfrentar sus abultados montos de deuda y déficits públicos, lo cual a esta altura resulta una obviedad.

Así las cosas, el mercado esperó ansiosamente la reunión de la Reserva Federal del martes pasado confiando en que, una vez más, su presidente, Ben Bernanke, iba a tomar el toro por las astas con el anuncio de medidas concretas para parar la debacle. Lamentablemente, eso no sucedió. En efecto, más allá de que la descripción por parte de la autoridad monetaria de la situación actual y futura de la economía estadounidense no fue muy positiva.

Los anuncios de medidas de política monetaria sólo se limitaron a dos promesas: la de "seguramente" mantener el actual nivel mínimo de la tasa de referencia (0.0% /0.25%) hasta mediados de 2013 y la de analizar en forma permanente todas las herramientas convenientes para impulsar el crecimiento. con la intención de aplicarlas "cuando fuera necesario". A esta altura de las circunstancias, no es con promesas que se detiene tamaña pérdida de confianza. ¡Los resultados están a la vista: fuertes bajas y altas volatilidades!

Cada día que pase sin medidas concretas, la situación se hará más difícil. Es más, dada la actual gravedad del problema, sería altamente conveniente una acción coordinada de ataque a la crisis por parte de las principales economías (Europa, Japón, China y Reino Unido, entre otras); claro está que con medidas concretas y no con meras promesas. Se acabó el tiempo de las buenas intenciones. La vieja alocución latina de "Hechos, no palabras" (Res non verba) adquiere, en este escenario, una dramática vigencia. Todavía se está a tiempo de detener el tsunami. Nuevas dilaciones aumentarían las probabilidades de que esta crisis financiera pudiera trasladarse al sector real de la economía, con todas las consecuencias negativas que ello acarrearía..

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