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Opinión

La división opositora jugó para el Gobierno

Política

Por   | Para LA NACION

Cristina Kirchner dio ayer un paso fundamental para ser el quinto presidente y la primera mujer en la historia de la Argentina en ser elegida para un segundo período de gobierno. Si no se producen significativos cambios en los próximos 60 días, se sumaría así al selecto grupo conformado por Roca, Yrigoyen, Perón y Menem.

Este hecho deja perplejos a amplios sectores sociales y a algunos dirigentes opositores que no terminan de comprender cuáles son las razones que explican la abrumadora victoria que obtuvo la Presidenta. Cómo es posible que Cristina Kirchner sea reelegida con el nivel de inflación que hay, se preguntan y nos preguntan en muchas ocasiones. Cómo, agregan, va a ganar con la inseguridad que reina, con la corrupción del Gobierno, enfrentada a los principales medios y a varias corporaciones, con una administración desgastada tras ocho años de gestión. Cómo va ser reelegida si el PJ está dividido. Cómo va a ganar sin el voto del campo, si perdió las elecciones de Córdoba, Santa Fe y la ciudad de Buenos Aires.

Para responder a estos interrogantes que tienen contrariados a muchos debemos empezar por lo principal: la economía. Aquí y en toda democracia, la marcha de la economía es la variable más importante para entender el comportamiento electoral. El crecimiento económico del último año y medio es uno de los principales sostenes del Gobierno. A esto se suma lo abarcativo de la asignación universal por hijo, el aumento del número de jubilados y del monto de las jubilaciones, los planes sociales, subsidios y la obra pública.

Junto con la pata económica, el Gobierno cuenta, además, con un amplio sector social que se identifica con su ideología, su discurso y su relato de la historia reciente argentina. Esta identificación afectiva con el kirchnerismo se da en sectores sociales que apoyan la política de derechos humanos del Gobierno, las posturas más garantistas frente a la inseguridad y la protesta social, y la existencia de un Estado amplio y fuertemente interventor. También el Gobierno maneja y alienta una simbología peronista que penetra favorablemente en los sectores más populares. Se podría resumir diciendo que el Gobierno consigue el apoyo de los sectores populares por peronistas y de clase media por progre.

Así, la mejora en las condiciones económicas y el fuerte nivel de consumo, en primer lugar, y la identificación política e ideológica, en segundo término, son los principales factores que determinan el apoyo al Gobierno.

Pero esto sería insuficiente para entender cómo la Presidenta obtuvo ayer la mayor diferencia en una elección presidencial desde 1983. Se requiere observar que la oposición se encuentra fragmentada como nunca antes. Hace sólo dos años, la UCR junto a los socialistas y la Coalición Cívica obtenían destacadas victorias en el interior del país bajo el paraguas del Acuerdo Cívico. Este espacio político no sólo no se consolidó en este tiempo, sino que se dividió casi ridículamente. Que Binner, Carrió y Alfonsín no hayan definido ayer entre ellos la candidatura presidencial de un espacio que aglutina a casi el 30% de la sociedad es una irresponsabilidad de la que deberán responder ante sus electores.

El autor es director de Poliarquía Consultores .

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