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Entrevista con Francisco Nazar

"Los planes sociales son necesarios, pero crean esclavos"

Enfoques

Al igual que hizo el obispo Piña en Misiones, este sacerdote y candidato a gobernador busca en Formosa poner fin a la reelección indefinida de un aliado del kirchnerismo, como Gildo Insfrán, a quien califica de"autoritario" y lo hace responsable de un sistema clientelar apoyado en "un arma muy poderosa: el miedo"

Por   | LA NACION

FORMOSA

Un hombre de la Iglesia, el obispo Joaquín Piña, logró frenar hace cinco años el proyecto de reelección indefinida del gobernador de Misiones, el kirchnerista Carlos Rovira. ¿Podrá ahora el cura Francisco Nazar impedir la cuarta reelección consecutiva de otro mandatario kirchnerista, el formoseño Gildo Insfrán? Quizá le haga falta una ayuda mucho más terrenal que la mano de Dios para desplazar del poder a un dirigente peronista que gobierna sin interrupciones desde 1995, que podría seguir haciéndolo en forma vitalicia y que maneja con mano dura lo que muchos califican como el último feudo de la Argentina.

Nazar, de 70 años, es un sacerdote que nació en una familia porteña de mucho dinero y que cuando "conoció a los pobres", como él dice, decidió abandonar las comodidades de su casa de Palermo para convertirse en cura y viajar al Impenetrable chaqueño, donde convivió durante 20 años con la comunidad indígena wichí.

Por entonces tenía 28 años y esa experiencia, cuenta ahora a Enfoques, le cambió la vida. Una vida que ya había empezado a sufrir transformaciones cuando, en la década del 60, se integró al Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, el mismo del cura Carlos Mugica y del que incluso estuvieron cerca obispos como Jaime de Nevares, Vicente Zaspe y Enrique Angelelli.

Hoy, en plena licencia de su función sacerdotal para dedicarse a la política, es un tenaz opositor al gobernador Insfrán porque, dice, "una persona que se apropia del poder durante tantos años se convierte automáticamente en el dueño de las personas, en el dueño de la verdad, en el dueño de las instituciones, en el dueño de la gente, y entonces toda su conducta y su forma de obrar es como la de Yo el supremo , la del que se siente que es el único que tiene la verdad y que si alguien piensa distinto; no solamente es un enemigo sino también alguien al que hay que destruir".

Este cura que anda de jeans y pendiente de un moderno teléfono celular no es el único que establece paralelos entre el gobernador formoseño, uno de los principales aliados del kirchnerismo en el interior, con los peores dictadores.

En mucho ayuda a esta caracterización, además del manifiesto objetivo de perpetuarse en el poder, una explosiva combinación que hace de la mayoría de los ciudadanos de esta provincia una clientela cautiva y dependiente: casi el 60% de la población activa pertenece a la grilla de empleados públicos o recibe algún subsidio provincial o nacional. Y, como muchos denuncian aquí, tanto los puestos de trabajo como los programas de ayuda social desaparecen si la estructura "gildista" se entera de que su beneficiario se acerca a la oposición o no vota al actual gobernador.

Al mismo tiempo, Insfrán ha logrado que su respaldo incondicional a los Kirchner (como antes lo había sido a Carlos Menem, a Adolfo Rodríguez Saá y a Eduardo Duhalde) se traduzca en una generosa ayuda del Estado nacional, lo que no evitó que siga siendo un distrito pobre, afectado por flagelos como la desnutrición, el analfabetismo y el clientelismo prebendario. "Después de Santa Cruz, Formosa es la que más dinero recibe por año por parte del gobierno nacional; son alrededor de 6800 millones de pesos anuales", destaca Nazar, que advierte que esos fondos no modifican otra durísima realidad: "La provincia tiene un muy alto índice de pobreza, el más alto índice de mortalidad infantil del país y el más alto de madres que mueren durante el parto".

El panorama se completa con una nula división de poderes (el Poder Judicial es considerado "gildodependiente" y la Cámara de Diputados cuenta con una mayoría oficialista) y un temido sistema de espionaje gubernamental por el cual los opositores, como Nazar, son seguidos de cerca por efectivos policiales o sometidos a variados actos de hostigamiento (el más leve son las pintadas con leyendas ofensivas, como las que, por ejemplo, acusan de "narco" al cura candidato).

Nazar, líder de la agrupación Opción Social y Popular, encabeza hoy una coalición llamada Frente Amplio junto con el peronista disidente Vicente Joga (ex gobernador y ex aliado de Insfrán) y el radical Ricardo Buryaile. Y su sola decisión de unirse causó tanta conmoción en el poder provincial que, hace un mes, el gobernador ordenó derogar parcialmente la polémica ley de lemas en procura de evitar que ese sistema, que hasta ahora lo beneficiaba, termine ayudando a su derrota en las urnas. Insfrán aún no convocó oficialmente a las elecciones en las que intentará lograr su quinto mandato consecutivo, pero por primera vez se encuentra con una alianza que podría arruinarle su sueño de perpetuidad.

-¿Por qué decidió meterse en política?

-Hace muchos años que estoy en Formosa y vivo con los sectores más pobres. Y los pobres siguen tocando mi corazón. Me metí en política porque es una extraordinaria herramienta de transformación social. Durante muchos años hemos trabajado con la Doctrina Social de la Iglesia e impulsado organizaciones y movimientos sociales, además de haber acompañado a pueblos en la reivindicación de derechos humanos básicos, pero, si bien a veces hubo algún tipo de mejoras, son muchos los comprovincianos que siguen sufriendo y sentí que no bastaba con el trabajo de presentar proyectos, de trabajar juntos. Es mucho el desprecio del gobierno por los pobres y por los que piensan diferente.

-¿Qué es lo peor del gobierno de Insfrán, eso que lo motivó a involucrarse en política?

-Lo peor es la reelección indefinida. Este gobernador, desde 1983, tuvo un período de cuatro años como diputado provincial, ocho años como vicegobernador y ahora lleva cuatro períodos de gobernador, es decir, 16 años. ¿Qué produce esto? Una persona que se apropia del poder durante tantos años se convierte automáticamente en el dueño de las personas, en el dueño de la verdad, en el dueño de las instituciones, en el dueño de la gente, y entonces toda su conducta y su forma de obrar es como la de Yo el supremo , la del que se siente que es el único que tiene la verdad y que si alguien piensa distinto, no solamente es un enemigo sino también alguien al que hay que destruir. Uso mucho una frase de [George] Bernard Shaw: "A los políticos y a los pañales hay que cambiarlos seguido...y por las mismas razones". (Risas). Por otro lado, estos gobiernos autoritarios tienen un arma muy poderosa: el miedo.

-¿Miedo a qué?

-Si vos tenés tantos empleados públicos y tantas personas a las que les das asistencia social, tenés todo un pueblo de gente que está bajo tu control. Si vos no te sometés al gobierno y a lo que te va como imponiendo, entonces siempre corrés el riesgo de perder. Le pregunté a una señora qué le tenía que decir a la gente y me contestó: "Dígale que en el cuarto oscuro no hay ninguna cámara oculta, que ahí no está tampoco el gobernador ni ningún otro político, que ahí está cada uno con su conciencia y su libertad". Es que acá hay mucho clientelismo. Los ciudadanos son rehenes del Estado. Los planes de asistencia social son muy necesarios por los altos indicadores de pobreza que existen, pero estos planes, en lugar de dignificar la persona humana y lograr que la liberen de una relación clientelar, haciendo que puedan generar sus propios ingresos, crean esclavos.

-¿Cómo piensa ganarle a Insfrán si es un gobernador apoyado por Cristina Kirchner y la Presidenta acaba de ganar las primarias en Formosa con un 70% de los votos?

-Gildo no tiene la misma imagen que tiene Cristina. Está bastante por debajo. Por otro lado, en estas elecciones Insfrán no ha sido tan favorecido, sino que la que ha sido favorecida es la presidenta de la Nación. El pueblo argentino, y el formoseño también, quiere que siga este estilo de gobierno y este estilo de conducción.

-¿Habla del estilo de la Presidenta?

-Sí. Gracias al proceso que está haciendo en Formosa con todas estas leyes que han favorecido mucho a los pobres. La provincia tiene un muy alto índice de pobreza, el más alto índice de mortalidad infantil del país y el más alto de madres que mueren durante el parto. Pero hay mucha inclusión social aquí por los planes nacionales.

-Me llama la atención que elogie a un gobierno gracias al cual se sostiene Insfrán. Si no hubiera sido por los Kirchner, seguramente el gobernador estaría en su casa.

-Los argentinos estamos todos peleados, nos insultamos, nos decimos cosas muy feas, tenemos actitudes muy violentas. Pero yo llegué a la política para una nueva construcción y tenemos que mirar qué es lo bueno de cada uno y también ser críticos. No soy kirchnerista, pero hay mucha gente que no acepta nada de nadie porque es opositor y esa relación hay que cambiarla. Tenemos que mostrar grados de convivencia, de diálogo, de madurez. El que es crítico no es un enemigo. Esto no es un juego de ajedrez donde yo tengo que liquidar al otro. La política no es eso.

-¿Busca ser moderado con el kirchnerismo para que, eventualmente, le suelten la mano a Insfrán y le brinden apoyo a usted para llegar a la gobernación?

-No, yo escucho al pueblo. Hay que tener un oído en el pueblo y otro en los valores. Nunca podemos renunciar a los principios, a las convicciones. Pero ahora tengo que escuchar a mi pueblo, y el pueblo de Formosa votó a Cristina Kirchner en estas elecciones, y en porcentaje muy alto. Además, tenemos que saber vivir con quienes nos gobiernan. Si uno depende en un 93% de los fondos de la Nación, como Formosa, sea quien sea el presidente de la República, hay tener un trato no obsecuente, pero sí digno con quien sea.

-¿Qué piensa de la falta de diálogo entre el gobierno nacional y la Iglesia?

-Esas son las cosas que hay que recrear en el país: el diálogo con las distintas instituciones de la República. Los diálogos son importantes, pero también críticos en los dos niveles. Como Iglesia tenemos que superar la época de cristiandad. Hoy vivimos un mundo heterogéneo, un mundo diverso, y tenemos que aceptar las diversidades, nos gusten o no. Y no podemos imponer, como se hacía antes, los moldes cristianos.

-¿En la Iglesia pesa todavía eso?

-Todavía pesa una estructura demasiado fuerte... Nos cuesta a todos, pero a la Iglesia le cuesta mucho, sobre todo en su jerarquía, bajarse más al llano. Y cuando digo bajarse más al llano hablo de lo moral, de la cercanía con la gente, de los problemas nuevos que tiene la gente. La Iglesia tiene que aceptar la diversidad, no como algo que empobrece, sino que enriquece a los pueblos.

-¿Y por qué no la acepta? ¿Cree que se siente amenazada, quizá?

-Creo que sí, no la siente, no la expresa porque en eso, como decía un teólogo, la Iglesia es como un gran castillo medieval, rodeado de una inmensa laguna ante la cual levantó el puente de comunicación con el resto del mundo y tiró la llave. Y está como encerrada en una realidad muy ficticia, en una realidad donde tiene un pueblo muy religioso y muy creyente, pero que no va a la Iglesia. Eso es un drama para la Iglesia, y en esto todavía no ha hecho su autocrítica. Porque la gente tiene mucha fe y cree en Dios, en la palabra de Dios y en los santos, pero no cree en la iglesia.

-¿Quién es el principal responsable por la mala relación entre el Gobierno y la Iglesia? ¿La Presidenta? ¿El cardenal Bergoglio?

-Es responsabilidad de todos. No quiero restringirme a Bergoglio porque es una actitud de la Iglesia. Una actitud muy importante de una Iglesia que se da en su jerarquía. Tiene que haber independencia, pero tiene que haber una relación que sepa aceptar los pluralismos. Y aceptar también que la sociedad civil tiene sus instituciones, que son de la República, independientes. Si una Cámara de Diputados, que representa al país, sanciona determinada ley, puedo no estar de acuerdo o votar en contra, pero si la mayoría la aprueba, es ley, me guste o no me guste, y es una convivencia nueva. Para la Iglesia sería mucho más fácil esta aceptación de la diversidad, sería mucho más evangelizadora y estaría mucho más cerca de tanta gente que es cristiana.

-¿Ahora no está tan cerca?

-Hay muchas cosas en las que la Iglesia tiene que estar muy cerca de la gente porque hay mucho dolor, mucho dolor moral. Hay situaciones morales en las que la Iglesia muchas veces es un poco dura.

-¿A qué se refiere?

-Yo he tenido esa experiencia también en mi familia. Eramos siete hermanos, mi padre murió muy joven y mi madre quedó viuda a los 35 años. Ella se enamoró de un hombre divorciado, y toda la familia católica y los amigos católicos se separaron de ella porque se casó con un hombre divorciado. Además de ser una cosa muy injusta, también es muy racista, porque es segregar a alguien por ser supuestamente impuro, que es justamente contra lo que Jesús luchó. Hay muchos argentinos que sufrimos esos cortes morales y la Iglesia tiene que evolucionar.

-¿Qué cambió en usted después de haber vivido 20 años con los indios wichis?

-Siempre digo que yo nací tres veces: una de mi madre, otra de la Iglesia, que me formó y a la que le tengo un respeto muy grande, y otra es el haber nacido en Formosa en el pueblo wichi. Aprendí muchas cosas que me tiraron abajo todos los esquemas. Un dia me pregunta un wichi: ¿quién es el dueño de Dios? En ese momento, por mi mente pasaron mi familia y todo lo que la Iglesia me enseñó, y por eso primero pensé: "La Iglesia es la dueña de Dios". Pero le dije: "Dios no tiene dueños, tiene hijos". Al decirle esta frase se me movió todo el esquema, porque siempre creí que la Iglesia Católica era la dueña de Dios. Y eso me lo hicieron cambiar ellos, como muchas otras cosas. Por ejemplo, que no es lo mismo mirar la Argentina desde Formosa que desde Buenos Aires.

MANO A MANO

FORMOSA.- Es el nuevo obispo Piña. O, al menos, una suerte de discípulo de aquel religioso que desafió exitosamente al poder provincial y nacional. De por sí, ambos se conocen y están en contacto, pero las experiencias tienen sus matices distintos. Aquí, también muy cerca de Paraguay, muchos ven al padre Nazar como una suerte de Fernando Lugo, otro ex sacerdote, que se enfrenta a una especie de reencarnación kirchnerista de Alfredo Stroessner, como exageradamente algunos lo califican aquí. El cura candidato de Formosa habla en forma clara y sencilla, como desde el púlpito, pero se nota que está haciendo un curso acelerado de política: no se mete en aprietos; sabe recurrir al equilibrio para no quedar mal con potenciales aliados y apela permanentemente a la frescura de su gran potencial de candidato que no proviene de la oxidada maquinaria partidaria. Muchas de sus definiciones de dirigentes locales y nacionales son verdaderas radiografías del alma humana más que producto de consejos de asesores. Me fascinó su relato de cómo dejó su vida acomodada para convertirse en cura y dedicarse a los pobres, además de su experiencia con los wichis. Y lo sentí incómodo cuando tuvo que explicar que no era kirchnerista ni opositor, pero nos vimos poco después de las elecciones en las cuales el huracán Cristina arrasó con muchas esperanzas opositoras, como en esta tierra en la que Insfrán ahora parece cerca de consagrarse como el nuevo emperador del reino K. ¿Nazar podrá ganarle? Si algo le sobra, obviamente, es fe..

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