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Sonríe, tu calle está en red

Google Street View es una herramienta que registra la vida urbana y permite verla por Internet. Mientras muchas de estas imágenes ya ingresaron al mundo del arte y el fotoperiodismo, crece la polémica: ¿hasta dónde pueden anularse los límites entre lo público y lo privado?

Domingo 21 de agosto de 2011
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El País
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La primera vez que una nave espacial fotografió el planeta Tierra desde el espacio exterior, esa bola azul y blanca flotando en el silencio eterno del vacío, tuvimos por fin la certeza de que todos estábamos juntos y ahí montados. Que todas las personas que habían nacido y muerto, todos los amores y las guerras, todas las historias, habían ocurrido en ese trozo de roca en rotación. Ahora lo vemos a pie de suelo y sustituyendo la nave por la computadora, mediante herramientas como Google Street View (GSV), que nos enseña el mundo entero al tamaño de un ser humano. Así, montados en esta aplicación informática, el artista canadiense Jon Rafman y el fotógrafo alemán Michael Wolf, cada uno por su lado, se marcharon de viaje por el orbe terrestre sin salir de su casa. Las imágenes insólitas que encontraron en sus viajes, y que forman los proyectos 9-eyes (Nueve ojos) y A series of unfortunate events (Una serie de sucesos desafortunados). Ahí seguimos todos.

Un reno corriendo libremente por una carretera, un perro que se cuela a través de una verja, un tanque, dos niños explorando la oscuridad de una alcantarilla, una persona anónima enfrentando el mar con cierta melancolía. En las imágenes obtenidas en GSV, lo cotidiano se vuelve insólito y lo insólito toma cuerpo. "Busco imágenes que muestren individuos que, a pesar de los contextos deshumanizadores o alienantes en los que viven, afirman su unicidad, su humanidad, su autonomía –explica Rafman–. Son vistos en contextos solitarios, proyectos urbanos o instituciones gubernamentales. Alterando la perspectiva, mediante mi replanteamiento del contexto, trato de mostrar el significado y valor del individuo." Los modelos de las imágenes recolectadas por Rafman no posan, la gran mayoría ni siquiera es consciente de que ha sido inmortalizada por el paso fugaz del coche de GSV. Están ocupados en su quehacer cotidiano, podrían ser usted mismo, y precisamente en eso radica la extraña magia de las fotos. Qué vida tan rara. "Es curioso –continúa Rafman–. En vez de la perspectiva religiosa de todos los seres iguales a los ojos del Creador, ahora somos todos iguales en el objetivo de la cámara de GSV. Es una forma irónica de igualdad, pues no somos iguales desde una perspectiva humana, sino como piezas de información. La fotografía de GSV, no artística e indiferente, no atribuye especial significado a ninguna persona en particular."

A veces sobrecoge el alcance universal del proyecto: "Experimentamos una sensación ambivalente de temor y placer a la vez", opina el fotógrafo Joan Fontcuberta, cocomisario de la muestra From here on, que aborda estas nuevas formas fotográficas (Internet, fotografía hecha con móviles, redes sociales) y en la que precisamente se incluirá la obra de Rafman. Se presenta este mes en el Festival Internacional de Arlés (Francia) y luego girará por museos europeos.

¿Al borde de lo legal?

En efecto, en su expansión por ciertos países, y aunque borra los rostros y las matrículas retratados, GSV tiene problemas con el recelo de los ciudadanos por su privacidad. La República Checa, por ejemplo, frenó en 2010 la expansión de GSV en su territorio. En Austria y Australia también ha habido problemas. Uno de los últimos casos ocurrió en Bangalore, capital tecnológica de la India, en la que la policía prohibió el mes último la actividad de GSV. Precisamente cuando, según comScore (compañía dedicada a la investigación de marketing en Internet), batía el récord de los 1000 millones de usuarios únicos, jamás superado por ninguna otra Web. "Depende de la cultura de cada uno –explica Marisa Toro, directora de comunicación y asuntos públicos de Google España–. Street View no llega donde quiere. Llega donde está todo acordado y firmado con las autoridades que gestionan la captación de esas imágenes. Hay países, como Alemania o Suiza, en los que la sensibilidad por la privacidad es mayor. Alemania es un caso complejo, porque no hay una agencia nacional de protección de datos, sino que hay muchas que cubren todo el país y es necesario hacer acuerdos con todas. Por eso, en este país Google mantendrá el servicio, pero no renovará las imágenes."

Asimismo, Enrique Dans, profesor de la IE Business School y experto en tecnología, opina: "Son temores completamente absurdos. La idea de Google en modo Gran Hermano, que intenta capturar toda nuestra información para utilizarla en nuestra contra y convertirse en el amo del mundo, no es más que una estupidez que las mismas leyes del mercado se encargarían de impedir. En el momento en que Google o cualquier otra empresa se convierta en una amenaza real que resulte incómoda a los usuarios, perdería el favor de estos y sencillamente se vería obligada a rectificar cualquier cosa que hubiese podido hacer mal. Google intenta tener productos competitivos que provean un servicio que los usuarios valoremos, y la idea de que son malvados y quieren vigilarnos es simplemente digna de una mala película de terror".

Por su lado, A series of unfortunate events, de Michael Wolf, que recoge imágenes sacadas de la aplicación (fotografiando con su cámara la pantalla), ha obtenido este año una mención de honor en el certamen de la prestigiosa organización World Press Photo, lo que le otorga a esta práctica la legitimación del fotoperiodismo. "Gané el primer premio en 2005 y el año último –declaró al British Journal of Photography–. Pero esta mención es cien veces mejor, porque significa un salto conceptual en el jurado, al premiar a alguien que fotografía virtualmente." Podría tomarse como una señal de que las cosas están cambiando. Wolf cree que en el futuro habrá algo así como mineros de disco duro, rebuscando entre las infinitas imágenes almacenadas para realizar proyectos artísticos o sociológicos.

La obra de estos artistas podría englobarse en lo que Fontcuberta denomina posfotografía: "La fotografía tradicional es una mediación entre la realidad (el mundo visual) y el espectador; la posfotografía constituye la sustancia misma de ese mundo visual. La fotografía ofrece una mirada histórica; la posfotografía es más rápida que la historia. La fotografía vive en soportes físicos; la posfotografía, en la pantalla. La fotografía se disuelve en la imagen; en el futuro tenderemos a formas visuales cada vez más híbridas y de lectura multisensorial".

GSV nació en 2007, cuando autos de la compañía equipados con cámaras comenzaron a recorrer las calles de ciertas ciudades estadounidenses, creando imágenes panorámicas accesibles desde la Web y asociadas a la aplicación Google Maps (que ofrece planos de ciudades de toda la faz de la Tierra). Doscientas cuarenta ciudades de 27 países, sobre todo de Estados Unidos, Europa, Japón y Australia, ya han sido escaneadas por las cámaras de la empresa, que a veces cambia el coche híbrido por un curioso triciclo motorizado o un carrito para zonas de difícil acceso. Quedan grandes vacíos en África, Asia y América latina. "El criterio de selección es elegir el lugar donde tenga más utilidad. En un sitio donde el acceso a Internet es muy reducido no tiene mucho sentido hacer Street View. También cuenta el interés que puedan tener los usuarios; por ejemplo, un museo con un patrimonio interesante", explica David Robles, director de Google Maps en España y Portugal.

Precisamente en museos, y con el carrito citado anteriormente, se realizó Google Art Project, un recorrido por 17 de los mejores museos internacionales, que ofrece imágenes de altísima calidad de las obras expuestas. Tanto, que se puede llegar a apreciar los detalles de las pinceladas. Google también escruta el cielo, en la aplicación Google Sky, que nos acerca desde las constelaciones que brillan cada noche en el firmamento hasta las galaxias más lejanas. Además se han encontrado usos humanitarios: la herramienta Person Finder ayuda a encontrar a personas desaparecidas en catástrofes como los terremotos de Haití, Chile y Japón. Y a través de Google Earth, algunas ONG siguen el crecimiento de campos de refugiados en Africa o la deforestación de la Amazonia.

Google Earth, Google Maps y GSV trabajan ahora en forma conjunta, lo que genera una suerte de imagen global, como la que tendría un extraterrestre que llegara del otro extremo de la galaxia, apreciara el planeta en su conjunto y pudiera aterrizar en cualquier calle y ver qué hay allí abajo. El mundo en la pantalla del ordenador. "El mundo es ahora más pequeño y más grande al mismo tiempo –dice Rafman–. Somos más conscientes de su complejidad si tomamos la complejidad de cada contexto individual. Pero nuestro conocimiento es fragmentado e incompleto cuando miramos a través de Internet." Para Antonio Fumero, investigador tecnológico de la Universidad Politécnica de Madrid, GSV "abre un escenario que antes no existía y que ni imaginábamos. Ayuda a poner el mundo en su contexto. Por ejemplo, una persona de un país remoto puede acceder a las imágenes de las protestas masivas en Puerta del Sol y conocer los recorridos de las manifestaciones. Eso va más allá de una fría noticia en la sección Internacional de un periódico".

Google nos propone un mundo diverso y complejo al alcance de un clic del mouse. "Creo que ahora nos sentimos más cerca de los otros –dice Rafman–. Revelar la alienación del prójimo dentro de nuestra sociedad puede hacernos sentir menos alienados."

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