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Quién es Carlos Robledo Puch, el criminal argentino que lleva preso 44 años

Puede pedir la condicional desde 2000, pero hasta ahora no se la han concedido; la historia del asesino serial más famoso de los archivos criminales argentinos

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LA NACION
Viernes 06 de mayo de 2016 • 14:21
Robledo Puch, 40 años y sin poder salir en libertad
Robledo Puch, 40 años y sin poder salir en libertad. Foto: Archivo
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Es el mayor asesino serial de la historia argentina. Fue condenado a reclusión perpetua, más la pena accesoria de reclusión por tiempo indeterminado, por haber cometido 10 homicidios calificados, un homicidio simple, una tentativa de homicidio, 17 robos, una violación, una tentativa de violación, un abuso deshonesto, dos hurtos y dos raptos. Carlos Robledo Puch lleva 44 años preso, y sus perspectivas de libertad hasta ahora no se han cumplido.

Aunque ahora podrá salir durante un día: será trasladado a la asesoría pericial de San Isidro para someterse a una serie de estudios médicos debido al deterioro de su salud.

El "Angel de la muerte" entró a prisión con apenas 20 años. Hoy, con más de 60, permanece recluido en el pabellón 10 del penal de máxima seguridad de Sierra Chica.

Otros conocidos homicidas, condenados por sus crímenes, como Fabián Tablado , quien mató a su novia de 113 puñaladas, y Ricardo Barreda, que asesinó a su mujer, sus hijas y su suegra, lograron beneficios y salidas transitorias luego de varios años de prisión. Robledo Puch está en condiciones de pedir la libertad condicional desde el año 2000. Sin embargo, la posibilidad de que le sea concedida es al menos dudosa, sino casi imposible.

Pedidos rechazados

A pesar de su extenso prontuario, y de no tener a nadie fuera de prisión con quién ir a vivir, Puch solicitó su libertad en varias ocasiones, y en todas ellas, el pedido fue rechazado por la Justicia.

Sus primeros intentos fueron a mediados de los 80. En esa oportunidad se le denegó la salida porque no había cumplido el plazo mínimo.

En 1994 volvió a insistir, pero la Cámara de San Isidro consideró que su cómputo de detención era de 20 años y 11 meses y debía esperar a llegar a los 30 exigidos por la ley. Robledo Puch solicitó un nuevo cálculo de condena y se le dieron como cumplidos los 25 años en 1995. De esta manera, en el año 2000 quedó en condiciones de pedir su libertad condicional.

Pero recién hizo una nueva solicitud en 2008, cuando Barreda, el cuádruple homicida, logró la prisión domiciliaria. En esa oportunidad, el Tribunal volvió a negarle la salida y solicitó que se lo someta a un tratamiento psicológico y que realice actividades "que hagan a su formación intelectual y laboral, con miras de lograr la evolución que posibilite la concreción de la meta de resocialización".

Los camaristas Oscar Quintana, Ernesto García Maañon y Gustavo Herbel tuvieron en cuenta para esta decisión "la nula capacitación educacional con incidencia en el plano laboral, y el marcado desinterés del interno por acceder a la actividad escolar o educativa", así como "la carencia de contención en el afuera, lo que lleva a que no es visitado en la Unidad" por nadie desde que su madre murió.

Las solicitudes fueron reiteradas en los siguientes años, pero su pedido siempre fue rechazado.

"Fantasías omnipotentes".

En sus años de reclusión, Puch tuvo varios brotes psicóticos. Así lo establecieron los diferentes peritajes psiquiátricos, que hablan de una persona con "perturbación esquizoide" y se cree "libre de todo mal y toda culpa".

Una de las manifestaciones más claras de su estado mental ocurrió a fines de 2001, cuando Puch se disfrazó con unas antiparras y una capa asegurando ser Batman. Así personificado, quemó un taller del penal.

En una visita que LA NACION realizó a la cárcel de Sierra Chica, personal del penal contó anécdotas de este hombre que pasa gran parte de sus días leyendo, escuchando la radio y escribiendo. Entre otras cosas, contaron que una vez le regaló una muela a una de sus psiquiatras.

También hablaron de su humor cambiante, dependiendo del cual por momentos manifiesta grandes deseos de libertad para vivir en paz, mientras que en otros momentos habla de salir para ser "el sucesor de Perón" e incluso dicen que llegó a decir que mataría al que fuera presidente.

El terror de Olivos

A Robledo Puch le rechazaron siempre el pedido de libertad
A Robledo Puch le rechazaron siempre el pedido de libertad. Foto: Archivo

Su historia delictiva comenzó con Jorge Ibáñez, en 1970, con el asalto a la joyería de Rachmil Israel Isaac Klinger, en Olivos. De allí se habrían llevado 100.000 pesos. También se los acusó de robar en un taller de caños de escape, a pocas cuadras de la joyería.

El primer homicidio que se les adjudica a estos jóvenes ocurrió en 1971, con la muerte de Manuel Godoy, sereno de una boite de Olivos, y del encargado, Pedro Mastronardi, quienes fueron sorprendidos dormidos.

Con ese puntapié, se inició un raid de crímenes que incluyó el asesinato del sereno de una casa de repuestos, de un empleado de un supermercado y la violación y muerte de dos mujeres.

Pero la complicidad terminó abruptamente en agosto de ese año, cuando chocaron en la avenida Cabildo. Ibáñez falleció instantáneamente. Algunos dudan de que la muerte de su primer socio haya sido un accidente.

Al poco tiempo del fallecimiento de Ibáñez, Robledo Puch consiguió un nuevo cómplice. Se trató de Héctor Somoza, junto a quien habría asesinado a un hombre en una concesionaria y a otro sereno en una agencia de automóviles.

Pero este socio tampoco le duró mucho tiempo. En 1972 ambos asesinaron a un hombre en una ferretería, tras lo cual Robledo Puch habría matado de un balazo a Somoza y le habría prendido fuego en la cara y las manos para evitar que lo reconozcan, según se sostuvo en la investigación. Un error en este hecho fue lo que llevó a que finalmente el "Angel de la muerte" fuera detenido: olvidó su cédula en el bolsillo de Somoza.

Sin embargo, Robledo Puch niega cada uno de los asesinatos por los cuales fue condenado, aunque admite haber cometido varios robos.

Detención y juicio

Con tan sólo 20 años de edad, Robledo Puch fue detenido el 3 de febrero de 1972. En 1980 fue condenado a prisión perpetua por diez homicidios agravados, un homicidio simple, 17 robos y dos casos de abuso deshonestos.

El fallo de la Sala 1 de la Cámara de Apelaciones de San Isidro lo consideró "un psicópata con plena capacidad para comprender la criminalidad de sus actos", aunque las pericias resaltaban que Puch procedía de un "hogar legítimo y completo, ausente de circunstancias higiénicas y morales desfavorables", por lo que el móvil de los crímenes nunca estuvo claro. Según se dijo en aquel momento, las últimas palabras que dedicó al tribunal que lo condenó fueron: "Esto fue un circo romano. Algún día voy a salir y los voy a matar a todos". Hasta el día de hoy él niega haber hecho esa declaración.

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