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Cristina tiene ahora tres caminos por delante

Opinión

La oposición denuncia las numerosas irregularidades que acompañaron a las elecciones primarias del 14 de agosto y el juez federal Manuel Blanco va a investigar los "errores muy grandes" que se produjeron, según sus palabras, en la vital provincia de Buenos Aires. Estas noticias son graves desde el punto de vista cualitativo , ya que indican que la cultura del fraude no ha desaparecido de entre nosotros, particularmente entre los punteros políticos que manipularon las boletas el día de los comicios. Las que ellos cometen no son meras "picardías", como se las llama con cierta benevolencia, sino verdaderos delitos que debieran ser castigados con máxima severidad y no con las leves sanciones que actualmente les impone el Código Penal porque atentan contra la expresión veraz de la voluntad popular, que es la base misma del sistema democrático. Resulta llamativo que el Gobierno se siga negando a recurrir, en las elecciones generales de octubre, a la boleta única que acaba de demostrar sus bondades en las elecciones de Santa Fe y Córdoba, ofreciéndose al resto del país como un método eficaz para garantizar la autenticidad de los pronunciamientos populares.

Desde el punto de vista cuantitativo , empero, difícilmente las denuncias y las investigaciones en curso sean capaces de alterar sustancialmente la conclusión que surge de las cifras del 14 de agosto, cuyo mensaje indudable es que el Gobierno ha obtenido una victoria rotunda sobre la oposición. En 2009, el kirchnerismo sólo obtuvo el 30 por ciento de los sufragios contra el 70 por ciento de la oposición. El 14 de este mes ha reunido el 50 por ciento de los votos contra un porcentaje equivalente de la oposición, superando incluso el 45 por ciento que Cristina Kirchner había logrado en las elecciones presidenciales de 2007. Se han analizado ampliamente las causas de esta reversión electoral fenomenal, que no habían previsto ni los opositores ni los oficialistas. Ante la posibilidad de que este triunfo, de repetirse en octubre, lleve al kirchnerismo a recuperar el dominio del Congreso que tenía en 2007 y que había perdido en 2009, la pregunta que hay que contestar ahora es hasta qué punto la categórica victoria del Gobierno modifica el sistema de poder dentro del cual vivimos los argentinos.

¿"Unicato"?

Algunos observadores han señalado que este gran avance del kirchnerismo lo pone en camino hacia la conformación de un régimen de partido único como el que manejó el legendario Partido Revolucionario Institucional (PRI) entre 1929 y 1989, antes de que en México volviera la democracia. Tal comparación nos parece insuficiente porque durante la larga primacía del PRI no hubo reelección presidencial, ya que los jefes de Estado eran reemplazados puntualmente cada seis años, por lo cual en México no sobresalió el protagonismo de una misma "persona" sino de un mismo "partido". ¿Podría decirse acaso que hoy, entre nosotros, el poder ha pasado enteramente al Partido Justicialista o al Frente para la Victoria? ¿Qué lugar ocuparía en tal hipótesis la presidenta Kirchner, a quien todos sus aliados en la Nación y en las provincias le manifiestan una adhesión incondicional, sea cual fuere el sello partidario que los identifica?

Quizá la mejor etiqueta que podríamos aplicarle a nuestra situación actual sea una que apunta no ya al predominio de una sola organización sino al predominio de una sola persona , en el caso actual la presidenta Kirchner, cuyo liderazgo acaba de ser ratificado en las elecciones primarias del 14 de agosto con el 50 por ciento de los votos. Si nos ponemos a rastrear nuestros propios antecedentes con el objeto de darle un nombre a esta singular situación de poder, lo que vuelve impetuosamente a la memoria es la palabra unicato, que fue utilizada por primera vez en 1886-1890, cuando el presidente Miguel Juárez Celman pretendió sacudirse de encima el liderazgo que por entonces exhibía su concuñado, antecesor y futuro sucesor Julio Argentino Roca, quien presidió la Argentina en 1880-1886 y otra vez en 1898-1904. El "unicato" apunta a describir aquellas situaciones en las que una persona domina por entero el sistema político; una situación que, pretendida infructuosamente por Juárez Celman, fue desplegada por el general Roca a veces desde la Presidencia y a veces fuera de ella entre 1880 y 1904, nada menos que por 24 años. Para rememorarla basta releer Soy Roca , la lúcida biografía de Félix Luna.

El "unicato" no fue encarnado sólo por Roca porque también podría decirse que otro general, Juan Domingo Perón, alcanzó una vigencia similar a veces como presidente, a veces como influyente y a veces como principal opositor entre 1945 y 1974, el año de su muerte, por un período de 29 años parecido al de Roca.

¿"Cristina eterna"?

Podríamos sostener que la ubicación actual de Cristina Kirchner en el sistema de poder argentino se acerca a los precedentes de Roca y Perón, pero también habría que subrayar la secuencia de antecedentes que la han llevado a esta posición singular porque su exaltación no empezó con ella sino con su marido. En 2003, Néstor Kirchner pretendió alcanzar la cima de un nuevo "unicato", sometiendo a su voluntad al Congreso, a las provincias y a la omnipresente caja del Estado. Pero en 2007, cuando podía pretender la reelección, asoció, sin embargo, a Cristina Kirchner a su empresa de poder, designándola sucesora. En octubre de 2010, cuando Kirchner murió súbitamente, se hallaba en plena campaña para volver en 2011 a la presidencia. Desde el momento en que tanto sus opositores como sus partidarios la suponían un mero instrumento político de su marido, quedaron perplejos al advertir que, muerto Néstor, Cristina dejaba decididamente de ser un instrumento para convertirse en la única depositaria de su legado. Fue así como, según los caprichos de la vida y de la historia, la Presidenta pasó a convertirse en la protagonista solitaria del nuevo unicato.

¿Es ella, entonces, una nueva Roca, una nueva Perón? Habiendo sido Roca la cabeza de un régimen "republicano" en el que no cabía la reelección inmediata, sería excesivo compararlo con Cristina. Tampoco podríamos compararla con Perón en la medida en que no hubo un solo Perón, sino dos: el primer Perón , una reencarnación del Unicato, y el segundo Perón, que se abrió al pluralismo republicano dos años antes de morir cuando abrazó a Ricardo Balbín y echó a los montoneros de la plaza. Cristina y los suyos encarnan, entonces, sólo al primer Perón, con su ilimitada ambición inicial, y no al segundo que terminó por recoger los frutos republicanos de un admirable aprendizaje al que procura prolongar, ahora, el "peronismo federal".

En la cumbre de su exaltación, la señora de Kirchner tiene tres caminos por delante. El primero, la pretensión "eterna" de una serie interminable de reelecciones por encima de la Constitución. El segundo, un viraje republicano a la manera del segundo Perón que ya no le ofrecería un trono sino un pedestal. El tercero, un "trasvasamiento generacional" en favor de su hijo Máximo. Nadie podrá reemplazarla cuando deba elegir entre estas tres opciones. Sólo la segunda de ellas sería, por supuesto, republicana . Todo lo que puede decirse en esta instancia es que el unicato es una fórmula ambivalente, fuerte y débil a la vez, porque si de un lado refuerza el poder al disciplinarlo detrás de un único mando, también lo vuelve vulnerable al hacerlo depender de las limitaciones físicas y psicológicas que la Presidenta comparte, inevitablemente, con el resto de los mortales..

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