Sería muy injusto quedarnos con la última imagen televisiva de Pipo Mancera. Aquella de 2007, cuando aceptó poner al servicio del mapa nostálgico de Crónica TV algunos de los viejos tapes de Sábados circulares .
Ese Mancera del final emprendía casi a la fuerza un viaje a través del túnel del tiempo en la evocación de un pasado ideal y añorado. Todo al revés del Mancera auténtico, que siempre iba hacia adelante y avanzaba, resuelto en todo momento a sorprender con la novedad.
En C5N, que tuvo anteanoche los reflejos más rápidos para rendir el tributo al gran hombre de la TV que acababa de morir, Luis Pedro Toni y Néstor Fabián recordaron con el afecto y el dolor de la amistad genuina al Mancera más cercano y directo. El que hizo del programa ómnibus una marca registrada. El que comenzaba a pensar el lunes todo lo que habría de salir al aire el sábado siguiente. El que jerarquizó la pantalla con visitas internacionales que, desde entonces, se hicieron frecuentes para felicidad de todos (de Serrat y Víctor Manuel a Dyango y Julio Iglesias). El que trajo al país las cámaras sorpresa con el mismo espíritu cándido de su fundador (el estadounidense Allen Funt), totalmente ajeno al aire burlón y humillante con que fueron recreadas mucho después. El que le daba, por ejemplo, un espacio de vuelo propio semanal a Niní Marshall y otro al impagable Gila. El que era capaz al mismo tiempo de llevar adelante en primera persona proezas de escapismo y cubrir con autoridad periodística las secuelas de un terremoto. El que innovó, cámara en mano, con otra manera de manejarse desde exteriores. El primero, tal vez, que les dio valor a las coberturas internacionales fuera de los noticieros. "No fue un ídolo, pero todos lo reconocieron", dijo Toni de memoria, porque casi todo lo que diga de Mancera no cuenta con el respaldo de la imagen, de la ilustración testimonial.
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Mancera conservaba aquellos viejos tapes de Sábados circulares como un tesoro, pero aun recurriendo a ellos (se decía que eran miles) se hace imposible reconstruir todo lo que significó su aporte a la TV desde aquellos idílicos años de gloria. En primer lugar, porque de lo visto en los últimos tiempos casi nada corresponde a lo que ocurría en el estudio. Y, en segundo término, porque se conserva todavía menos (nada, en rigor) del fruto más brillante de su carrera televisiva: El programa de Mancera . Un ciclo casi olvidado que el Canal 11, de Héctor Ricardo García, puso en el aire los domingos, entre 1973 y 1974, hasta que debió abandonar de un día para el otro la Argentina porque estaba en una lista de la Triple A, tal como lo cuenta el propio Pipo en el tomo 3 de La magia de la televisión argentina , de Jorge Nielsen.
En ese ciclo pionero y fundacional, seguramente menos popular que sus Circulares , Mancera se animó antes que nadie a recorrer sin efectismos la noche de Buenos Aires, a experimentar con innovaciones visuales y a desarrollar toda clase de temas (la magia, los ovnis, la música) con llaneza, audacia y profundidad en dosis equilibradas.
También anteanoche, dos grandes figuras de hoy (Marcelo Tinelli y Susana Giménez) recordaron a Mancera. Hubo aquí también afecto, respeto y sabor a poco. No hubiera estado de más que, por ejemplo, El Trece suspendiera por una vez el vano baile del caño para rendir especial tributo a una figura que tanto se identificó en su momento con esa pantalla. Para que, a falta de imágenes, la gente de la tele que tanto lo admiró pudiese unirse para decir, pensando en él: "¡Fuerte ese aplauso!".


