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De EE.UU. a la villa Carlos Gardel para enseñar béisbol

Información general

Es la historia de Michael Figi un estadounidense que llegó a la Argentina hace diez años; dejó su comercio y su familia para darle forma al proyecto de Las Aguilas y transmitir el deporte a los niños

Por   | LA NACION

El cielo plomizo se confunde con el color ocre de los tres módulos del Hospital Posadas que se distinguen desde la autopista Acceso Oeste. Detrás de los pabellones varias máquinas viales van y vienen y acomodan las montañas de tierra que dejan los camiones volcadores en el predio ubicado entre las grandes moles de cemento y el barrio.

Allí había césped, o gramilla, y era el lugar adecuado para los entrenamientos de Las Aguilas que debieron mudarse, por unos días, a un sector más pequeño ubicado al lado del Centro de Detención Clandestino El Chalet. ¿Quiénes son Las Aguilas? Los jugadores de los equipos de béisbol integrados por chicos de la villa Carlos Gardel y entrenados por Michael Figi, un economista estadounidense que está radicado en la Argentina desde hace diez años y que llegó tras dejar su familia y su negocio por un "llamado divino de Dios", como el mismo lo cuenta a LA NACION.

Video: Mike es estadounidense y les enseña este deporte a los chicos que viven en el barrio de emergencia

Hace cuatro años Mike -así lo llaman- llegó al barrio de emergencia y comenzó a organizar torneos de fútbol, comedores y ferias americanas. Luego quiso ofrecer "algo distinto para los chicos que pasaban el tiempo en la calle". Hoy Mike se pasea por la villa vestido con gorra, campera y pantalón anchos y de colores rojo y azul, reclutando jugadores de entre 9 y 17 años para formar los equipos que disputan el torneo de la Liga Metropolitana de Béisbol .

El nido

La troupe está en el galpón de la casa de Mike ubicada frente al predio donde entrenan. Allí esperan bates, cascos, protectores para el pecho y las piernas, pelotas, redes. Todo se guarda allí, en la guarida de Las Aguilas. "Acá jugamos al metegol, al ping pong, vemos la tele y damos charlas de apoyo escolar con otros amigos argentinos", cuenta Mike mientras ordena, poniendo fuerza en sus palabras, a los pequeños aprendices que se vuelcan sobre los bolsos y comienzan a sacar los elementos para el entrenamiento.

El proyecto va más allá del deportivo. Dos veces por semana en el barrio se organiza una feria americana para juntar dinero y comprar galletitas y gaseosas para que los chicos consuman los sábados, los días de los partidos.

Las Aguilas compiten en Flores, La Plata, Lanús, el club Comunicaciones y el en Estadio Nacional de Béisbol de Ezeiza. Hasta esos lugares se movilizan en combis y micros que les dona un empresario de la zona. Todos los equipos y los elementos para entrenar los aporta Mike de su propio bolsillo. Los trae desde Estados Unidos cuando viaja, una vez por año, a visitar a su familia.

Mientras el coach habla van apareciendo Eric, Noemí, Tomás, Alan, Lucas, Miguel, Elías y Dilan. Se saludan entre sí chocándose los puños mientras alguien grita "¡Aguante Los Wachiturros !", la banda de cumbia que es furor en YouTube . "Están olvidándose de algo importante: hay que estirar. Nos ponemos en un círculo y a estirar. ¿Quién dirige?", pregunta Mike mientras va colocando las bases en los cuatro puntos de la cancha.

 
 

Con dos guantes y unas pelotas se soltaron los primeros lanzamientos y la iniciativa comenzó a rodar. "Mucha gente me dice: 'Mike, pero no existe el béisbol, todo es fútbol en la Argentina'. Ellos están equivocados; el deporte se está extendiendo porque los chicos necesitan opciones. Muchos me miran raro", admite.

Escuela + deporte

La consigna para integrar Las Aguilas es clara: si no hay estudio, no hay béisbol. Si los chicos tienen malas notas en el colegio deberán bajar el nivel de entrenamientos hasta volver a subirlas. "Si no hay estudios no van a tener un futuro laburando ", fundamenta Mike en un español trabado, pero claro. "El juego es algo extra, el fundamento de una vida mejor es completar los estudios".

Eric, de 10 años, tomó el mensaje y lo sigue al pie de la letra. "Si repito en la escuela, no juego; si me llevo una materia, no juego. Ahora me va mejor en el estudio", dice mirando el bate que sostiene con sus manos. El, al igual que muchos de sus compañeros, no conocían el deporte. "Jugaba atrás de mi casa con un palo y una pelota, pero no sabía que era lo mismo. No sabía que estaba Mike ni lo que era el béisbol".

Si no hablara, nadie se daría cuenta que es una adolescente. Camina con casco protector -la cara apenas se le ve-, guantes, protección en el torso, en las piernas y los pies. "Es el deporte que más me gustó viendo a los chicos jugar", suelta Noemí, de 14 años, una de las pocas mujeres que practica béisbol en la Carlos Gardel. "Mike es uno de los chicos que se interesó por nosotros. Hacía falta porque los chicos salen de la calle, de las drogas. Yo tengo amigos que se drogaban; ahora vienen acá y ya no".

Indicación divina

Respeto. Compromiso. Dedicación. Disciplina. Compañerismo. Trabajo en equipo. Seis valores que se resaltan en el folleto de Las Aguilas. Allí se explica que Mike se encontraba "profundamente involucrado en su emprendimiento comercial y en actividades académicas y como consejero cristiano hasta que, por indicación divina, dejó su vida en Milwaukee y se instaló en el barrio Carlos Gardel".

La historia fue así: el entrenador de los pichones tenía un negocio de souvenirs deportivos donde se vendían camisetas, pelotas y figuritas firmadas por los jugadores. Según dice, fue muy exitoso porque con el dinero de esa venta vivió durante diez años en la Argentina sin trabajar. "Sentí algo extraño, tocando mi corazón. Dios me dijo que vendiera el negocio; al día siguiente le pregunté qué hacer y me respondió: Argentina, y acá estoy", sintetiza.

Los chicos siguen bateando hasta que oscurece. Todos hacen fila y se pelean por el turno para demostrar sus habilidades. El lanzado apunta, dispara. A veces las pelotas vuelan, otras van a parar al guante del catcher , agazapado detrás del bateador. "Un poco tarde a la pelota; ¡mirá la pelota, vamos! ¡Eso, eso!", indica y alienta Mike..

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