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La suerte de cinco argentinos que se salvaron de milagro

Exterior

Un grupo de estudiantes de un colegio secundario de Córdoba cuenta cómo se libraron, por cuestión de minutos, de morir en el ataque al WTC

Por   | LA NACION

Estaban todos sentados en el colectivo. El día era cálido y pensaban en la suerte de poder disfrutar de una vista de la ciudad de Nueva York con cielo despejado. La visita al World Trade Center estaba agendada para las 9 AM. Pero la partida se demoraba. Al parecer, se habían olvidado de empacar el almuerzo. Minutos después, la demora se convirtió en cancelación: la noticia de una explosión en una de las torres había comenzado a difundirse.

"Recuerdo que un compañero bromeó diciendo que seguramente se trataba de algún millonario extravagante que estrelló su avioneta", contó Juan Graffigna, uno de los 15 alumnos de la Academia Argüello de Córdoba que en septiembre de 2001 realizó un intercambio con la escuela secundaria Poly Prep de Nueva York.

"No pensé en un atentado. Creí que había sido alguna avioneta, o un helicóptero con algún problema", dijo el joven.

Apenas supieron de lo sucedido, los hicieron regresar al colegio. Cuando entraron, todo parecía tranquilo, porque los alumnos y las autoridades aun no se habían enterado, pero luego encendieron los televisores y vieron cómo se estrellaba el segundo avión. Ahí comenzó a estallar el pánico. Los jóvenes argentinos no comprendían lo que estaba ocurriendo.

"Lo que se vivía era un gran desconcierto, miedo, gente tratando de ubicar a sus parientes, chicos del Poly Prep desconsolados, llorando. Justamente el padre del chico que me alojaba tenía una reunión en el WTC esa mañana. Afortunadamente, luego de horas tratando de ubicarlo, se enteraron que se había quedado dormido", relató Juan.

"Creo que lo que sentimos fue algo parecido al miedo, más teniendo en cuenta que no estábamos cerca de nuestras familias y en un país extranjero", expresó José María Infanzón, otro de los alumnos cordobeses. "Recuerdo que mientras buscaba al chico que me alojaba, bajé unas escaleras y ví a una chica hablando por teléfono y llorando, insistiendo en que vuelvan a llamar a su padre para ver si había logrado bajar de la torre".

 
Foto: Archivo 
 

Los alumnos fueron divididos en dos grupos y los enviados a Rockaway Island, Queens, donde dos chicos del Poly Prep tenían sus casas.

"En el camino recuerdo ver gente patinando y jugando al basquet en las plazas con total tranquilidad, probablemente no se habían enterado de lo sucedido todavía", recordó José. "Una vez ya alejados de la zona afectada y de noche, se alcanzaba a ver a lo lejos el humo anaranjado".

Mientras tanto, sus familias en Córdoba también vivían una pesadilla. Por el caos que provocó el atentado era casi imposible contactarse con el exterior. Finalmente, alguien del colegio que los recibía logró comunicarse con la institución cordobesa para avisar que los chicos estaban bien.

Los jóvenes se quedaron unos días más, pero con un itinerario completamente cambiado y sin regresar a la isla de Manhattan. A pesar de la triste experiencia que vivieron, aún sostienen que les gustaría regresar y conocer todo lo que se perdieron de esa gran ciudad.



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