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Una sátira sobre el miedo de ser papa

Llega la nueva película de Nanni Moretti

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LA NACION
Domingo 04 de septiembre de 2011
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"Pablo VI era un intelectual atormentado. Juan XXIII, un parróco de pueblo. Wojtyla, un deportista polaco... Y estoy seguro que a todos les entró un tembleque cuando los eligieron." Un retrato casi completo de Nanni Moretti (el observador comprometido, el que desmenuza la realidad a pura ironía, el escéptico sutil, el sagaz cuestionador) aparece en esta frase, que podría funcionar sin problemas a modo de prólogo de lo que aparece como la obra más ambiciosa de sus 35 años como cineasta.

Lo que defendía el celebrado realizador de Aprile y Caro diario en su charla con el diario español El País, en pleno Festival de Cannes, en mayo último, era su voluntad de interrogarse ya no por la situación de Italia en tiempos berlusconianos –de la que surgieron una película, El caimán, y varios dolores de cabeza–, sino por cuestiones más delicadas y trascendentes: las que involucran al Vaticano y a sus máximas autoridades en el delicado trance de una sucesión.

En Habemus papa. El psicoanalista del papa –cuyo estreno anuncia Alfa para el próximo jueves–, Moretti se propone recrear desde su tamiz de cineasta lo que ocurre cuando muere el Sumo Pontífice, los cardenales de todo el mundo son convocados en Roma para elegir a su heredero y cuando uno de ellos resulta ungido, de inmediato da un paso atrás. A punto de saludar por primera vez a los fieles desde el balcón del Vaticano como máxima autoridad de la Iglesia Católica sufre lo más parecido a un ataque de pánico y rechaza el compromiso. Siente que está muy lejos de poder asumir tamaña responsabilidad.

Nanni Moretti abre el juego junto a un grupo de cardenales en Habemus Papa
Nanni Moretti abre el juego junto a un grupo de cardenales en Habemus Papa. Foto: ALFA

"¡No hago películas para contar lo que pasa en Italia! Y mucho menos trato de dejarme llevar por los escándalos que debe afrontar la Iglesia en los últimos tiempos. A lo mejor algunos esperaban que hablara de cuestiones financieras o de curas pedófilos. No me interesaba. Ni siquiera quería buscar explicaciones acerca lo que le pasa a ese pobre cardenal. Todo eso hubiese empequeñecido la película", reaccionó Moretti con sus conocidas pocas pulgas ante la prensa, también en Cannes, frente a todos los que querían saber si su nueva película se acerca más al militante de izquierda que al artista en su mirada sobre el poder que emana de la Santa Sede y suele ponerse en juego durante esas decisivas transiciones.

Lo que le interesaba, según confesó luego de la exhibición en competencia oficial de Habemus p apa (el título original, que sigue estrictamente la frase en latín pronunciada después de cada fumata blanca, una vez que un nuevo papa resulta elegido) es acercarse a ese "personaje tan frágil que se siente completamente inadecuado frente a tanto y tanto poder". Un papa abrumado y perplejo (encarnado a sus 85 años por el gran Michel Piccoli) que trata de encontrar alguna respuesta a sus interrogantes existenciales mediante un recurso casi desesperado al que recurren los cardenales y el ubicuo vocero y secretario de prensa de la Santa Sede (Jerzy Stuhr): convocar de urgencia al más famoso y capacitado psicoanalista de toda Italia, papel que se reserva el propio Moretti.

Debates en puerta

Desde allí, los acontecimientos se precipitan . El pontífice que no quiere serlo toma literalmente distancia de todo lo que sucede en el Vaticano. Allí se queda el psicoanalista, que trata de pasar el tiempo estimulando el espíritu lúdico de los purpurados. "Lo que quise desde un comienzo -explicó el director y actor en Cannes a la prensa internacional para justificar sus opciones- fue contar todos estos hechos en clave de comedia. Tengo el derecho a construir en una película mi propio Vaticano. Además, cada vez que un director habla de su propia película no hace más que despertar confusiones. Mi opinión es clara: las películas deben hablar por sí mismas."

Con 58 años apenas cumplidos (nació en Bolzano el 19 de agosto de 1953), Moretti debió enfrentar, casi inevitablemente, una ola de controversias y debates en su propia tierra. Al fin y al cabo, estamos ante el cineasta actual más identificado con Roma, la capital en cuyo territorio se asienta la ciudad del Vaticano.

Para dejar aún más en claro el perfil de su elección, Moretti decidió ambientar íntegramente el interior de los ámbitos pontificios en los estudios Cinecittá. "Nadie en el Vaticano se pronunció sobre mi película mientras la hacía. No recibí apoyos, pero tampoco cuestionamientos. Yo no soy católico, pero recibí educación católica", precisó ante El País, recordando además que hace algo más de dos décadas personificó a un sacerdote en Basta de sermones ( La messa é finita ), una de las películas que mejor definen su estilo.

Pese a todas las prevenciones, el debate no pudo evitarse. El conocido vaticanista Salvatore Izzo llamó en abril al público a boicotear el estreno del film, sin demasiada suerte. "Lo mío es una opinión personal, pero creo que representar al papa en una farsa me parece algo muy feo. Es el Vicario de Cristo y no debe ser tocado", justificó Izzo en una carta publicada por L'Avvenire, el diario católico que expresa la opinión oficial del Episcopado italiano.

De todas maneras, la responsable de crítica cinematográfica de ese medio, Marina Corradi, dijo que Habemus p apa era una película bien hecha, aunque carente de fe. "Los cardenales son retratados con simpatía y afecto", agregó.

Otro vaticanista prestigioso y de enorme influencia, Vittorio Messori, calificó a la película de "agnóstica, pero de ninguna manera anticlerical".

Con todo, relata el Corriere della Seraque muy cerca de Nápoles, en Salerno, el obispo de Vallo della Lucania, Giuseppe Rocco Favale, que además maneja allí un cine -bautizado La Providencia- respaldó a Moretti al proyectar allí la película. Y el propio diario invitó al obispo auxiliar emérito Ernesto Vecchi a ver la película. "Es una película agradable y humana, pero quien tenga un mínimo de fe no se reconocerá, porque allí falta toda la dimensión trascendente del misterio de la fe. Si los católicos quieren verla, háganlo. Pero vayan preparados", señaló.

Ya lejos de esas controversias, Moretti parece resuelto a ingresar en una nueva etapa de su carrera. "Entre mis compromisos políticos, la dirección del Festival de Cine de Turín y el trabajo de actor, me siento francamente disperso. Me parece que de aquí en más seré un poquito más egoísta", confesó hace pocos días, algo enigmático.

Mientras tanto, despunta el vicio con una gira, primero por Italia y ahora por Francia, con un espectáculo que incluye lecturas de textos de sus películas, proyecciones y música en vivo ejecutada por sus compositores predilectos, Franco Piersanti y Nicola Piovani. Un nuevo viaje seguramente presidido por esa frase que Moretti entregó en Palomita roja , hace ya más de dos décadas, y que lo retrata casi por completo: "Las palabras son importantes".

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