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Un manual de cables secretos

En una tarea monumental, el periodista Santiago O’Donnell desglosa y contextuliza las informaciones de Wikileaks que se refieren a la Argentina

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LA NACION
Viernes 09 de septiembre de 2011

Santiago O'Donnell encaró un desafío mayúsculo en ArgenLeaks. Los cables de Wikileaks sobre la Argentina, de la A a la Z , y lo sorteó con creces. El columnista de Página/12 no sólo obtuvo todos los cables confidenciales del Departamento de Estado sobre la Argentina filtrados por Wikileaks, sino que completó una tarea quizás más valiosa: los sistematizó y contextualizó. O'Donnell le dio forma así a un libro necesario, redactado de manera amena, precisa, profesional y responsable. Precisa porque dejó afuera la hojarasca; profesional porque evitó el maniqueísmo y la publicación sesgada (deformación en la que sí incurrieron ciertos medios al promover el libro); y responsable, también, porque evitó la difusión de datos sensibles sobre, por ejemplo, una operación con agentes encubiertos de la DEA en la frontera argentina que aportarían poco a los lectores pero podrían poner en riesgo algunas vidas o alertar a los sospechados de narcotraficantes.

Algunos lectores podrán disentir con la idea de una edición periodística del material aportado por Wikileaks. Pero ésa es una premisa falsa. Por el contrario, los cinco grandes medios que primero recibieron los cables -The Guardian, The New York Times, Der Spiegel, Le Monde y El País- convencieron a Julian Assange sobre la necesidad de ocultar los nombres de agentes e informantes cuyas vidas correrían peligro. Y Assange aceptó. De hecho, todos los medios que luego accedieron al material -LA NACION entre ellos- debieron comprometerse, por escrito, a tapar los nombres sensibles con doce X mayúsculas. Más aún, la selección del material resulta ineludible desde una simple perspectiva práctica. Como documento Word, imprimirlo insumiría 7600 páginas, con un tamaño de letra 10 e interlineado sencillo.

Así, O'Donnell completa, del mejor modo, la difusión de los 2600 cables del Departamento de Estado filtrados sobre la Argentina. Podría objetársele que sobran ciertos capítulos (los intitulados "Antonini Wilson", "Valija" y "Yabrán" versan, por caso, sobre un mismo escándalo) o que faltan otros sobre asuntos como la corrupción, el Indec o el G-20. Pero eso también es debatible, como todo proceso de selección. Lo relevante de ArgenLeaks es, no obstante, que va más allá de lo anecdótico y de los chismes propios de tantos corrillos diplomáticos. Así, sacude comprobar cómo políticos como Mauricio Macri, Eduardo Duhalde o Ernesto Sanz le reclamaron a Estados Unidos que endureciera su posición frente al gobierno de los Kirchner. O cómo empresarios lloraban en la embajada estadounidense por la seguridad jurídica mientras evadían fortunas, incumplían sus contratos de concesión de servicios públicos y maximizaban sus ganancias hasta la expoliación.

O'Donnell, vale aclarar, evitó concentrarse sólo en los cables que de un modo u otro benefician al Gobierno. Por el contrario, desnudó también el hiperpragmatismo de Amado Boudou, el doble mensaje del ministro del Interior Florencio Randazzo, e incluso las críticas furibundas del entonces jefe de Gabinete, Sergio Massa, contra el matrimonio Kirchner y otros funcionarios, ante interlocutores extranjeros, ¡incluso dentro de la Casa Rosada!

El ex periodista de LA NACION, Los Angeles Times y The Washington Post asumió el desafío de esbozar una visión completa, estructurada como un diccionario temático, de los "ArgenLeaks" y lo logró con creces. Escribió un libro necesario y muy recomendable para quien quiera comprender cómo son las prácticas y los diálogos cotidianos del poder.


Argenleaks Por Santiago O'Donnell Sudamericana358 páginas$ 79
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