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El público dio la nota

Conciertos de la Orquesta Sinfónica Nacional, dirigidos por el maestro Kasper de Roo. Primer programa: Obertura "Fidelio" Op. 21; Sinfonía Nº 1 y Oratorio "Cristo en el Monte de los Olivos", de Beethoven. Segundo programa: Obertura "Carnaval romano", de Berlioz; Concierto en Re mayor para violín y orquesta Op. 61, de Beethoven (solista: Fernando Hasaj) y la "Consagración de la primavera", de Stravinsky. En el Auditorio de Belgrano. Nuestra opinión: muy bueno.

Martes 01 de junio de 1999

Altamente positiva ha de considerarse la asistencia masiva a los conciertos de la Sinfónica Nacional. En los dos últimos, se ofrecieron obras de la literatura musical clásica y moderna, a sala llena. Y si bien este hecho puede halagar a los cultores de la cantidad, no cabe duda de los enormes beneficios en materia de cultura musical y de calificación de audiencias, si bien a largo plazo.

El hecho es que en las dos actuaciones de la Sinfónica con la conducción del maestro holandés Kasper de Roo, las expectativas quedaron en gran medida satisfechas. Con varias obras de Beethoven y la "Consagración de la primavera", de Stravinski, las audiciones fueron seguidas con interés, y hasta con entusiasmo en el segundo concierto.

En esta oportunidad, el Concierto en Re mayor para violín y orquesta Op. 61 de Beethoven tuvo como solista a Fernando Hasaj y se verificaron aquí como en el primer concierto las cualidades de una batuta prolija, detallista, casi camarística, y un instrumentista de gran sensibilidad y ductilidad, con un sonido no muy grande, pero una ejecución de genuino virtuoso como es necesario para abordar esta obra.

Virtuosismo y musicalidad

La agudeza de su timbre instrumental, empero, contrastó con el tratamiento que De Roo le dio al sonido orquestal, a la consistencia del discurso y a los contrastes dinámicos, aunque algunos de los segundos violines fueron a veces inaudibles.

Las cadenzas fueron finamente expuestas y sirvieron para el lucimiento de Hasaj. El Allegro final, fue una verdadera prueba de fuego por el rápido juego de temas y respuestas entre el solista y la orquesta, un juego camarístico para el que Hasaj está especialmente dotado.

En cuanto a la Obertura "Carnaval romano" que le precedió, si bien hubo vivo sentido el colorido y el ritmo vital que la anima, de buenos solos, resultó un tanto exterior en su enfoque, algo carente de la riqueza subjetiva de Berlioz.

La "Consagración.." que cerró la actuación de De Roo fue el mejor logro de las dos jornadas, si bien en la primera hubo versiones muy estimables de la Obertura de "Fidelio", y de la Sinfonía Nº 1 de Beethoven. En cambio, en el Oratorio "Cristo en el Monte de los Olivos", salvo el excelente desempeño del Coro Polifónico Nacional, el nivel de los solistas fue desparejo y, además, hubieran sido necesarios más ensayos.

La obra de Stravinsky puso de relieve no sólo el trabajo previo a la audición, sino el nivel subyacente de los atriles en los bronces y la percusión de la actual Sinfónica. El trabajo de sincronización de los diferentes ritmos que encierra; de pulcra diferenciación de planos; la pureza de sus contrastes tímbricos, de rutilante colorido, fueron admirables, excepto en el fragmento final que no mantuvo el vigor resolutivo de estos "cuadros sonoros sobre la Rusia pagana". Fue una versión que mantuvo el vigor, el primitivismo y la pureza tímbrica de sus combinaciones sonoras, y guardó un perfecto equilibrio dinámico entre la percusión, los bronces y las cuerdas.

"El sacrificio" tuvo lirismo y hechizamiento sonoro, y el obsesivamente admonitorio tema de la trompeta revivió la fuerza mágica del ceremonial primitivo.

Héctor Coda

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