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Inesperada contramarcha

No distinguirán al Dalai Lama ni la Nación ni la Ciudad

Cultura

Timerman habría recibido sugerencias en Pekín

Por   | LA NACION

Líder espiritual y temporal del pueblo tibetano, el Dalai Lama llegó ayer a la Argentina para traer su mensaje universal de paz y compasión. Pero las discusiones políticas aportaron muy poco de armonía: antes de su llegada se anunció que sería nombrado Huésped Ilustre de la Nación, y ayer, sorpresivamente, se supo que por pedido de China el Gobierno no le entregará esa distinción, según dejaron trascender los organizadores de la visita. También se había informado que recibiría la Medalla de Honor de la ciudad de Buenos Aires, pero el gobierno de Mauricio Macri ayer lo negó.

En la Cancillería no se dieron explicaciones ante la consulta de LA NACION. El viaje del Dalai Lama, exiliado en la India tras una fallida insurrección tibetana contra China, comenzó pocos días después de la visita a Pekín del canciller argentino, Héctor Timerman, al frente de una misión comercial para estrechar lazos políticos y promover las inversiones chinas en la Argentina. En ese viaje, Timerman habría recibido presiones del gobierno chino para que el líder tibetano no fuera tan bienvenido. De allí, Timerman viajó a París, donde ahora se encuentra con la presidenta Cristina Fernández de Kirchner.

Mientras el Dalai Lama es el líder espiritual budista, Lobsang Sangay representa el papel político: es el primer ministro del gobierno tibetano en el exilio. El gobierno chino se niega a reconocer la autoridad de Sangay.

Estudiante de Derecho recibido en Harvard, Lobsang Sangay juró a principios de agosto último y por primera vez en la historia el Tíbet cuenta con una autoridad política de mayor rango que el Dalai Lama.

Desde la organización de la visita del Dalai Lama se trató de poner paños fríos. "Nos dijeron que fue por un problema de agenda", explicaron compasivos a LA NACION.

El líder espiritual del budismo tibetano visita el país por cuarta vez y ofreció ayer una conferencia ante un colmado teatro Coliseo.

Al traspié nacional, se sumó un papelón más local: si bien había trascendido, desde la organización de la visita, que recibiría la Medalla de Honor de la ciudad de Buenos Aires, fuentes del gobierno de Mauricio Macri negaron que tal homenaje estuviera previsto.

"No es que se haya cancelado, nunca se previó", aseguró a LA NACION un integrante del gobierno porteño.

Tenzin Gyatso es el nombre real de su Santidad el XIV Dalai Lama del Tíbet y nació el 6 de julio de 1935 en una familia de campesinos.

El Dalai Lama es el título -surge de la unión de la palabra mongola dalai ("océano") y de la tibetana lama ("maestro espiritual")- que recibe el dirigente del gobierno tibetano en el exilio y el líder espiritual del lamaísmo o budismo tibetano antes de la invasión china. Los Dalai Lama son considerados encarnaciones del Buda de la Compasión.

Es el líder de todas las comunidades de budistas tibetanos de todo el mundo y se estima que sus enseñanzas cuentan en nuestro país con unos 30.000 seguidores.

"Los jóvenes, la fuerza impulsora para un mundo mejor" era el título de la conferencia que el carismático religioso brindó ayer.

Las entradas costaban entre $ 50 y 200, y la gente seguía llegando aún empezada la charla. Aunque había espectadores de todas las edades, el público era mayoritariamente joven: el mensaje del Dalai Lama prometía estar dirigido a ellos.

"Hay mucho bien, sólo falta juntarse. Hay que multiplicar encuentros como éste", presentó el creador de la Red Solidaria, Juan Carr, al líder espiritual.

El Dalai Lama dijo estar muy feliz y afirmó que su generación, la del siglo XX, era la causante de la violencia en el mundo: "Es responsabilidad de ustedes, de la juventud del siglo XXI, formar un mundo más feliz y pacífico. Son una generación muy importante, la única en la que podemos depositar la esperanza".

El religioso habló de la necesidad de lograr la desmilitarización. "El diálogo es nuestra principal arma para resolver los problemas", señaló Gerardo Abboud, el traductor del líder en sus viajes por América latina desde hace diez años. Junto con ellos, en el escenario, estaba el director del Instituto de Altos Estudios Tibetanos en la India, Oeshe Laktor.

Para poder ver al auditorio que lo escuchaba, el Dalai Lama pidió que bajaran la luz del escenario y se colocó una visera roja, que combinaba a la perfección con su larga túnica. "Si no parece que les hablo a fantasmas", explicó entre carcajadas.

El líder aconsejó tener una visión holística del mundo y optar por un "egoísmo inteligente": "Somos seres sociales y dependemos de los demás para ser felices. Si vamos a ser egoístas, preocupémonos por el bienestar de la humanidad".

Cuestionó que la educación estuviera orientada a desarrollar cualidades intelectuales en función de obtener más cuestiones materiales y no prestara atención a la empatía y la compasión. Y también habló de política. Lamentó la brecha entre ricos y pobres. Aseguró que la corrupción era "el cáncer de estos tiempos", y subrayó el rol de los periodistas para hacer públicos los actos de corrupción.

Antes de escuchar las preguntas del público, les hizo un pedido a los jóvenes: "Tengan la fuerza de ser sinceros, construyan una humanidad mejor, más justa y que cuide el medio ambiente".

Apenas terminó su conferencia, Marisa Reiner, de 26 años, se retiró desilusionada: "Me decepcionó. Lo sigo desde hace años, pero no dijo nada que no se pueda deducir. Todo muy básico".

Diana Rubacha, en cambio, tenía una sonrisa que no entraba en su cara. "Es mi maestro, son palabras mayores. Lo vi las veces que estuvo acá y hasta le serví el té en la India", dijo emocionada.

EN EL LUNA PARK

  • En vivo: con entradas que cuestan entre $ 50 y 400, se puede ir hoy a escuchar alguna de las dos conferencias que el Dalai Lama brindará en el Luna Park.
  • Cuarta visita: el líder ya estuvo en la Argentina en tres oportunidades, en 1992, 1999 y 2006.
  • Oposición: la decisión del Comité Noruego del Premio Nobel de entregarle el Premio de la Paz, en 1989, obtuvo elogios en todo el mundo, con excepción de China.
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