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Lo propio y lo ajeno

LA NACION
Domingo 18 de septiembre de 2011
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Cuando Freud recordó que la anatomía es el destino, quiso significar que el cuerpo era el límite de todo anhelo de trasformación subjetiva. La medicina de nuestro tiempo ha demostrado que el cuerpo propio bien puede ser un cuerpo ajeno, con corazón ajeno, pulmón ajeno, o prótesis de toda índole, que vienen a evidenciar que cada uno de nosotros puede estar constituido por lo impropio antes que por lo propio.

A todo esto se ha ido sumando el auge de la metamorfosis genital y ella se ha consumado con el pasaje a lo que podríamos considerar, objetivamente al menos, como el logro del tránsito a la alteridad absoluta. Digo "objetivamente al menos" por que ese pasaje, subjetivamente suele llegar a ser mucho más incierto.

La identidad es una cuestión que la ciencia no terminará nunca de resolver. Estas reflexiones apuntan a situar el proyecto de ley de cambio de sexo dentro de un marco psicológico y ético que no puede ser disociado del derecho. Es imprescindible evaluar esa viabilidad como posibilidad y como derecho caso por caso, sin incurrir en el riesgo de generalizaciones que pueden desconocer las circunstancias personales que impulsan a alguien a tomar la decisión de pasar a ser otro u otra. En suma, es imprescindible prestar minuciosa atención a las motivaciones y al equilibrio o desequilibrio subjetivos que en este tipo de cuestiones siempre están en juego.

El autor es filósofo y ensayista

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