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Obama no nos quiere

LA NACION
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Mariano Grondona
Jueves 29 de septiembre de 2011 • 19:58

Por segunda vez en diez días, el gobierno de Barak Obama se opuso a que el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) concediera un crédito a la Argentina. Su voto negativo fue simbólico, ya que el crédito igual saldrá con el apoyo latinoamericano, pero aun así constituyó una nueva señal del deterioro de las relaciones entre la Argentina y los Estados Unidos que vino a agregarse a una serie de desencuentros en los que habría que incluir, de parte argentina, el mal momento que pasó George W. Bush cuando el presidente Kirchner se unió a Hugo Chávez para humillarlo en la reunión de Mar del Plata de 2005 y cuando repudió reiteradamente, además, al Fondo Monetario Internacional. El canciller Timerman echó más leña al fuego cuando pretendió embargar el cargamento de un avión de la fuerza aérea de los Estados Unidos estacionado en Ezeiza, en febrero de este año. De parte norteamericana, los principales desencuentros surgieron no sólo con la investigación de un fiscal de Miami sobre la famosa valija de Antonini Wilson sino también, y sobre todo, cuando el presidente Obama decidió excluir a la Argentina de su primera gira latinoamericana.

La presidenta Cristina Kirchner había albergado la expectativa de que, con la transferencia del poder de Bush a Obama en enero de 2009, la relación bilateral mejoraría. Esta expectativa se frustró porque, al concebirla, Cristina había supuesto que, por ser Obama un presidente demócrata y de color, rechazaría la herencia diplomática del derechista Bush y la recibiría como recibe, por ejemplo, a la presidenta brasileña Dilma Rousseff. Lo que no tuvo en cuenta Cristina, sin embargo, fue la "continuidad" de la política exterior estadounidense, en función de la cual Obama sintió como propia la "ofensa" a Bush en Mar del Plata. No sólo Bush sino también Obama , por lo visto, no quieren a los Kirchner.

"La Presidenta había albergado la expectativa de que, con la transferencia del poder de Bush a Obama, la relación bilateral mejoraría. "
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Pero, si bien los Kirchner exageraron las diferencias entre los dos países, la "mala onda" entre Washington y Buenos Aires viene de lejos. En un año tan remoto como 1889, una Argentina por entonces conservadora bloqueó el proyecto de constituir la "unión panamericana" que promovía Washington, un proyecto que recién se concretaría en 1948 con la fundación de la Organización de los Estados Americanos (OEA), cuando ya el país del Norte era una potencia mundial. En su paso por el poder a partir de 1916, también la Argentina del radical Yrigoyen mantuvo a rajatabla la neutralidad en la Primera Guerra Mundial mientras Perón, después de ganar las elecciones de 1946 bajo la consigna "Braden o Perón", procuró mantenerse al margen de la Segunda Guerra Mundial hasta el fin, aunque sin conseguirlo. A ello habría que agregar la predisposición de una Argentina esta vez militar por enfrentar al Reino Unido y a los propios Estados Unidos en 1982, al invadir las Islas Malvinas.

"No sólo Bush sino también Obama , por lo visto, no quieren a los Kirchner."
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La conclusión, por lo tanto, es evidente: tanto los conservadores como los radicales, los peronistas y hasta los militares argentinos tuvieron serios conflictos con los Estados Unidos. Al consignar que los Estados Unidos nunca quisieron no ya a un determinado gobierno argentino sino a la Argentina en cuanto tal, cabe agregar que tampoco hubo nunca entre nosotros un buen ambiente respecto del coloso norteamericano, salvo en las efímeras "relaciones carnales" entre ambos países que fomentó, durante los años noventa, el presidente Menem.

"¿Qué llevó en todo caso a los Kirchner a acentuar la animadversión? "
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¿Qué llevó en todo caso a los Kirchner a acentuar la animadversión? El hecho de que, para ellos, la política exterior es sólo un apéndice de la política interna y que, al obrar como lo hicieron, tuvieron en cuenta que, según dicen las encuestas, el nuestro es el país latinoamericano que menos quiere a los Estados Unidos.

Si hay que comprobar entonces que los Estados Unidos nunca quisieron no sólo a los Kirchner sino tampoco a la Argentina, hay que agregar que los norteamericanos dejaron de interesarse en Latinoamérica como un todo a partir de 2001, cuando el ataque a las Torres Gemelas los llevó a obsesionarse con Al Qaeda y Osama Ben Laden, olvidándose del mundo.

Es verdad que el "antiimperialismo" de los Kirchner ha sido un gesto retórico, para la tribuna, porque apenas encubre el inconfesado deseo de que Cristina iguale a la presidenta Rousseff en la consideración norteamericana. Pero éste es un deseo irreal porque Brasil, que peleó en la Segunda Guerra Mundial al lado de los aliados, ha sido siempre considerado por los norteamericanos como un gran país en el que, cuando las papas queman, pueden confiar, en tanto que la categoría de "gran país" le queda por ahora al nuestro, en estos tiempos de los Kirchner, demasiado lejos.

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