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Un santuario para las ballenas

La preservación de estas especies es una preocupación que nuestro país no debería soslayar

Jueves 29 de septiembre de 2011
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La conservación de las ballenas, una especie en riesgo de extinción, es fundamental para mantener la biodiversidad del planeta. En el caso de las ballenas francas australes, su presencia puede apreciarse tanto en nuestras costas como en las de Uruguay y Brasil, y es objeto del llamado turismo "ecológico", que tan importante se está volviendo internacionalmente.

Por ello, es de destacar la reunión organizada recientemente por la Comisión Ballenera Internacional (CBI), en la que los más destacados especialistas evaluaron el estado de las poblaciones de ballenas francas australes de todo el hemisferio Sur. Gracias a la comparación genética y de catálogos de fotoidentificación, se ratificó que se trata de un recurso compartido por las tres naciones mencionadas.

El Instituto de Conservación de Ballenas, que realiza un programa de investigación en la península Valdés, a través de la continua fotoidentificación de individuos, ha constituido el catálogo más grande de ballenas francas en el Atlántico Sudoccidental. Esto ha permitido comparar las fotos de este catálogo con otras tomadas por investigadores de Uruguay y de Brasil. Las coincidencias encontradas, más comparaciones genéticas realizadas, brindan la certeza de que esta población de ballenas es un recurso compartido, y genera la necesidad de que estos tres países articulen acciones para asegurar la recuperación y conservación de la especie.

Estos esfuerzos deben extenderse también al mar internacional, por donde pasan las ballenas en sus rutas migratorias. La Argentina y Brasil están trabajando conjuntamente en una propuesta para que la Comisión Ballenera Internacional (CBI) apruebe la creación de un Santuario de Ballenas en el océano Atlántico Sur, que permita dar protección a la ballena franca austral y también a una importante cantidad de otras especies de ballenas en todo su rango de distribución.

La iniciativa no pudo tener una definición, ya que, lamentablemente, Japón y otras naciones aliadas obstaculizaron su votación al retirarse del recinto durante la 63a. reunión anual de la CBI (realizada en la isla de Jersey, Reino Unido, en junio pasado), por lo que la decisión ha quedado pendiente hasta la próxima reunión en Panamá, en 2012. Cuesta comprender que un país que ha recibido tanto apoyo internacional con motivo del tsunami sufrido bloquee iniciativas de otras naciones que tienen como objetivo brindar protección a especies y poblaciones de ballenas en aguas completamente alejadas de sus costas.

Hoy, por lo menos 54 especies que representan más del 60 por ciento de la diversidad mundial de cetáceos habitan las aguas del santuario del Atlántico Sur propuesto. Este santuario ofrece un marco para la cooperación internacional en otros campos, la investigación científica no letal y el desarrollo responsable de la industria del turismo de observación de ballenas, que continúa beneficiando un número creciente de comunidades costeras.

La adopción de la moratoria sobre la caza comercial en los años 80, lograda durante la presidencia de un argentino en la CBI, el embajador Eduardo Iglesias, permitió iniciar el proceso de recuperación de las poblaciones más afectadas por la cacería comercial a gran escala. Sin embargo, se sabe que se necesitarán varias décadas más para que éstas se aproximen a los niveles poblacionales iniciales antes de la ballenería.

Ciertamente, la creación del Santuario de Ballenas del Atlántico Sur eliminaría de manera inmediata una de estas amenazas, como lo es la caza de ballenas de cualquier tipo. Habrá que esperar hasta la próxima reunión de la CBI, por lo que hasta ese momento la Argentina y Brasil tendrán el enorme desafío de conseguir el apoyo de Uruguay y Sudáfrica, ya que el santuario comprende las aguas del océano Atlántico desde el Ecuador hasta los 60° latitud sur, extendiéndose hacia el Oeste hasta las costas de la Argentina, Uruguay y Brasil, y hacia el Este hacia las costas de Sudáfrica. Uruguay, como país que tiene el privilegio de contar con la presencia en sus costas de ballenas, no puede quedar ajeno a la responsabilidad de participar en esta importante iniciativa de conservación.

Para que este santuario sea una realidad es imperativo que estos esfuerzos sean respaldados desde los más altos niveles de gobierno. En momentos donde el estado del planeta impone un clima de preocupación, surge un mensaje alentador cuando se ven acciones concentradas a proteger especies y hábitats.

Japón ya ha exterminado a miles de ballenas con el pretexto de su programa cínicamente denominado de "cacería científica", y asimismo estos gigantescos mamíferos han sido severamente impactados por las políticas implementadas por ese país (incluso hoy podrían estar afectadas por la radiación nuclear como consecuencia del desastre de Fukushima). Su política ballenera de ningún modo debería afectar los intereses de naciones como la Argentina y el resto de los países latinoamericanos que apuestan a la conservación y el uso no letal de las ballenas.

Sería deseable que nuestro gobierno, a través de la Cancillería argentina, haga llegar su preocupación a la embajada de Japón, considerando la larga tradición de amistad que une a ambas naciones, así como a Uruguay y a Sudáfrica, de modo que se puedan realizar todos los esfuerzos conjuntos que sean necesarios a nivel internacional para lograr la máxima protección de la especie y para la creación del Santuario de Ballenas del Atlántico Sur.

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