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Porvenir ciudadano de la bicicleta

El crecimiento de los ciclistas porteños es significativo, así que puede esperarse que continúe, y justifique gastos y molestias

Viernes 30 de septiembre de 2011

La ciudad de Buenos Aires está viendo un progresivo aumento del número de ciclistas en sus calles, incremento paralelo a la construcción de las bicisendas, con sus estaciones, su sistema de bicing y la oferta de préstamo de bicicletas. El crecimiento de la cantidad de cultores del ciclismo no es acelerado, sino significativo, ya que representa un incremento del 107 por ciento en un año, y son 36.000 los ciclistas registrados en la actualidad.

Es decir que se va perfilando así un redescubrimiento de la bicicleta como medio de transporte urbano para ir a trabajar o a estudiar, con el cual se pueden evitar congestiones de vehículos, cortes de calles o la acción de piquetes que afectan los desplazamientos de la gente ocupada. Es interesante apreciar, además, que la bicicleta está atrayendo especialmente a los jóvenes entre 18 y 29 años, y se ha calculado que, en esa franja etaria, por cada persona que usa la bicicleta hay cuatro que emplean el automóvil.

Se ha considerado que ese índice es alentador porque refleja progresos en un tiempo bastante breve y anticipa entonces un futuro promisorio para una modalidad de transporte beneficiosa para la salud –desde siempre, la bicicleta ha sido un deporte muy recomendado por los médicos– y que no contribuye a la polución ambiental, que en la ciudad de Buenos Aires ha comenzado ya a ser un problema.

El subsecretario de Tránsito y Transporte porteño, Guillermo Dietrich, estima que se está produciendo un verdadero cambio cultural. Esa conversión se ha decantado hace años en países y ciudades de otros continentes, en los cuales la bicicleta cubre sus calles, como ha ocurrido en grandes áreas urbanas de China y la India, o bien en ciudades de Holanda, Alemania o Polonia.

Podría pensarse, entonces, que la bicicleta tiene porvenir entre nosotros también como medio de transporte y no sólo por un destino deportivo, doméstico o de recreación.

Si se mira el pasado, los antecedentes de este rodado se remontan al Antiguo Egipto, de acuerdo con dibujos que datan de los tiempos de Ramsés II. Leonardo anticipó la bicicleta en 1490 y fue el alemán Carl Von Drais que dio forma a un artefacto semejante en 1817, especie de máquina andante sin pedales. Estos se incorporaron en la mitad del siglo XIX, creados por Kirkpatrick Mc Mellan. En 1890 el inglés John Dunlop inventó la cámara de tela y caucho que se inflaba con aire. Así se logró completar un medio que hoy exhibe variadas formas según el uso que quiera darle su dueño.

Si se mira su futuro en Buenos Aires, corresponde también evaluar las críticas que se han formulado. Una dice que la construcción de bicisendas cuesta demasiado al erario para beneficio de pocos. Un tiempo prudencial dirá si los pocos ciclistas de hoy no serán muchos en el futuro, de manera que el gasto se justifique.

Por otra parte, es necesario que el ciclista esté protegido y no encuentre obstáculos inesperados. Por fin, es indispensable que los ciclistas respeten las normas de tránsito, pues muchos actúan al margen de éstas, con riesgos conocidos para ellos y los peatones.

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