Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Cómo tener varias PC dentro de una sola PC

Sábado 01 de octubre de 2011
SEGUIR
LA NACION
0

Sabía que iba a pasarme. Lo sabía. Sabía que se convertiría en un vicio, pero al final resultó inevitable y tuve que hacerlo.

Por supuesto, me refiero a virtualizar.

La historia es así. Hace no mucho cambiamos los equipos que usamos para las pruebas de hardware y software en la Redacción del suplemento Tecnología. Así que de un jueves para un viernes me encontré con un avión a chorro (un i5 de segunda generación de 4 núcleos y 4 GB de RAM rápida) que ejecutaba todo con una soltura alarmante. Digo alarmante porque por unos días temí que no fuera a aprovechar toda esa potencia en el mediano plazo. Pero entonces apareció la versión preliminar para desarrolladores de Windows 8, que se puede bajar sin cargo de http://msdn.microsoft.com/en-us/windows/apps/br229516 . Me picaban los dedos de la ansiedad, por supuesto, pero ya saben cómo es. Poner el DVD, particionar, empezar la instalación, reiniciar dos o tres veces, esperar, esperar, esperar, y durante todo ese tiempo no se puede usar la máquina.

Así que andaba como alma en pena con el DVD de Windows 8 en el bolsillo hasta que caí en la cuenta de que continuaba pensando a la antigua, cuando las computadoras tenían un solo cerebro electrónico y menos RAM que un secador de pelo.

"No hay ninguna necesidad de dejar de usar la compu mientras instalo otro sistema operativo", me dije, como si acaso esto fuera nuevo (no lo es), y corrí a bajar el VirtualBox ( www.virtualbox.org ), un bien conocido software de virtualización.

VirtualBox es gratis, de código fuente abierto y se licencia, prima facie, como software libre. En rigor, desde que Oracle adquirió Sun Microsystems –que a su vez había comprado a la alemana Innotek, creadora de VirtualBox , en 2008– el tema de licencias se complicó un poco porque la primera añadió algunos componentes propietarios. Pero en lo que concierne a esta columna es gratis, el código fuente está disponible y puede usarse tanto en el hogar como en una empresa. Según una encuesta del sitio LifeHacker, VirtualBox es por mucho el software de virtualización más popular entre sus consultados, con el 50% de los votos. Le sigue con el 30% la tecnología de VMWare y, muy atrás, la Virtual PC de Microsoft (4%) y QEMU (2%). La encuesta, aquí: http://lifehacker.com/5715803/best-virtual-machine-application-virtualbox

Los beneficios de la ilusión

¿Qué es virtualizar? Simple. Es mentir. O, más bien, crear una ilusión. Es decirle a un sistema operativo que está corriendo en una máquina que no existe en absoluto. Bueno, sí, existe, hay ahí una computadora, pero el sistema operativo invitado ( guest OS , en la jerga) jamás echará mano de forma directa de ese hardware. En cambio, el software de virtualización le dirá que tiene tanta memoria, tanto espacio de disco, tantos núcleos, y se encargará de mediar entre uno y otro de forma transparente. Tan transparente que asombra.

Ese software iba a ser, en mis experimentos, el VirtualBox . Para que quede claro: hace falta una PC con un sistema operativo instalado (Linux o Windows, aunque también hay versionen para Solaris y OS X). Este sistema se conoce como anfitrión, host OS , en la jerga.

Así que ya no tenía que apagar la computadora para instalar Windows 8. Sólo tenía que crear una máquina virtual que, en su propia ventana, aislada de todo lo demás, se comportaría exactamente igual que una PC real, con su propio BIOS, disco, memoria y CPU. Una máquina virtual se arranca, se apaga, se reinicia, se le instalan el sistema y las aplicaciones, que acceden a los puertos USB, la red y todo lo demás.

Interfaz Metro de Windows 8. Foto: LA NACION / Ariel Torres
Máquina virtual con Windows 2000. Foto: LA NACION / Ariel Torres
Pantalla de VirtualBox para Windows. Foto: LA NACION / Ariel Torres
Un linux virtual dentro de un linux virtual sobre Windows 7. Foto: LA NACION / Ariel Torres
VirtualBox en un Linux virtualizado. Foto: LA NACION / Ariel Torres
Windows 8 y Linux ejecutandose a la vez sobre un Windows 7, cada uno en su máquina virtual. Foto: LA NACION / Ariel Torres

¿Demasiado bueno para ser cierto? Ese es el problema. Crea hábito. ¿Acaso no tenía a la mano la posibilidad de disponer cuatro o cinco sistemas operativos simultáneos (Windows 98, XP, 7, varios Linux) para probar software y responder consultas de lectores? El sueño del pibe, vamos.

Pero cuidado, virtual no es irreal; no, al menos, en este rubro. Aun con cuatro núcleos y mucha RAM, más allá de las cinco máquinas virtuales simultáneas la pobre PC ya estaba jadeando. De hecho, las veces que intenté esto mismo en el pasado el resultado fue muy decepcionante. Es más: con un Core 2 Duo y 2 GB la experiencia es viable, pero no demasiado fluida. Aunque el poder del microprocesador es importante, la clave está en la cantidad de RAM, como se verá pronto.

Una caja dentro de una caja dentro de una caja

La otra cosa que me asombró gratamente es lo fácil que se ha vuelto todo esto hoy. Tener una máquina virtual con un sistema operativo diferente del anfitrión lleva 15 minutos en total. El procedimiento, paso por paso, es así:

-Bajar el instalador de VirtualBox correspondiente al sistema anfitrión ( www.virtualbox.org/wiki/Downloads ) . Es decir, si en la PC donde vamos a virtualizar tenemos Windows 7, entonces hay que bajar el VirtualBox para Windows.

-La instalación es sencilla y rápida. Una vez que arrancamos el programa, aparece una ventana con cuatro botones: Nueva, Configuración, Iniciar y Descartar. Más fácil imposible.

-Al apretar Nueva se abre un asistente que nos llevará de la mano por el supuestamente oscuro camino que conduce hasta una máquina virtual. Verá que es bastante simple.

-Lo primero es elegirle un nombre y luego seleccionar el tipo de sistema operativo que vamos a usar en esa máquina virtual, el guest OS . La oferta es muy generosa (DOS, QNX, Linux, OS X, OS/2, Windows de 95 a 7) y, además, es posible configurar sistemas que no aparezcan explícitamente listados.

-En el siguiente paso hay que elegir la cantidad de memoria de la máquina virtual. Lo mejor aquí es escoger la cantidad sugerida por VirtualBox , cifra que se basa en el tipo de sistema por instalar; para un Windows 3.1 recomienda 32 MB (sí, megabytes ), mientras que para un Windows 7 o un Linux serán 512 MB. Parece poco, pero no se preocupe: VirtualBox se encargará de darle al sistema lo que necesite de forma transparente. Lo que configuramos aquí es la memoria base , y cuidado con pasarse de la línea, porque esta cantidad de RAM será la que ocupe la máquina virtual mientras se esté ejecutando.

Es decir, si su PC tiene 2 GB de memoria y 1 GB se va con el sistema y las aplicaciones, y le da 512 MB a la máquina virtual, sólo le quedará medio GB real disponible para todo lo demás.

Mucha RAM es clave para virtualizar, favor de tomar nota.

-A continuación hay que crear el disco rígido virtual que, desde luego, ocupará espacio en el real. El programa aconseja, y al menos para empezar es lo más razonable, configurar un disco nuevo (de arranque) de tamaño fijo del tipo VirtualBox Disk Image . El disco virtual de tamaño fijo tarda más en crearse, pero luego funciona más rápido. Con todo, si el rígido real tiene relativamente poco espacio libre, conviene más el tipo dinámico, que asigna espacio sólo cuando se lo necesita. El de tamaño fijo, en cambio, se quedará con, por ejemplo, 20 GB aún cuando sólo use 2.

-Listo, ya podemos crear la máquina virtual. Si el disco es de tamaño fijo, llevará un rato. Si no, será instantáneo.

-Por supuesto, la máquina virtual que acabamos de crear carece de un sistema operativo, exactamente como si hubiera comprado una computadora con el disco vacío. Es decir, hay que instalar el Windows o Linux que vamos a ejecutar allí. ¿Y cómo? Muy simple, poniendo el CD o DVD de instalación en la lectora (real) y arrancando la máquina virtual.

La instalación nos hará, dentro de la ventana, las mismas preguntas y seguirá los mismos pasos de siempre, se reiniciará cuantas veces haga falta, y nada de esto afectará a la máquina real y al sistema anfitrión. Es decir, podemos seguir usando la computadora mientras el sistema invitado se instala.

Concluido este proceso bastará un doble clic sobre el ícono de la máquina virtual para arrancarla y disponer de un sistema diferente en su propia ventana.

El único problema que encontré fue al conectar la máquina virtual a Internet. Pero lo resolví en cinco minutos después de leer la documentación. De forma predeterminada, la red se establece como NAT ( Network Address Translation ), pero Windows 8 no quiso saber nada con esto, así que le configuré la red en modo bridge (puente) y salí andando. Quiero decir, navegando.

Amigos que tienen años de experiencia en virtualización, práctica cotidiana para los administradores de sistemas, me cuentan que, por ejemplo, es posible poner tu máquina virtual en la nube (en un servidor, digamos) y por lo tanto accederlo desde cualquier lugar en cualquier momento por medio de Internet. ¿No es genial? Además, claro está, es la forma de usar un programa de Linux sin renunciar a Windows, y viceversa. O, algo todavía más frecuente, seguir usando un dispositivo cuyos drivers ya no están disponibles para el sistema anfitrión. Recibo consultas de esta clase casi todas las semanas. Bueno, virtualizar, si se cuenta con suficiente hardware, se ha vuelto una solución sencilla.

Para rematar mis experimentos, y como prueba de concepto, decidí crear una máquina virtual dentro de una máquina virtual. Así que instalé VirtualBox dentro del Linux virtualizado y luego procedí a colocar un segundo Linux dentro de ese Linux que a su vez corría sobre un Windows 7. Sí, lo sé, suena a Inception y no parece haber ninguna utilidad práctica en hacer algo así. Pero funcionó y, desde mi punto de vista, sirve para probar lo fácil que es crear ilusiones en el universo digital.

Les dejo una galería de imágenes de máquinas virtuales, desde una nostálgica Windows 2000 hasta la preview de Windows 8, más la doble virtualización –Linux dentro de Linux dentro de Windows 7– a la que me refería en el párrafo anterior.

Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas