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Jaime Torres

Juan Carlos Montero
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1 de octubre de 2011  

Programa: Canciones de autores latinoamericanos; Obras para charango y misa criolla, de Ariel Ramírez y Feliz Luna / Músicos: Federico Siciliano (piano y acordeon), Grupo de Canto Coral con dirección de Néstor Andrenacci, Jaime Torres (charango) y Susana Moncayo (voz) / Danza: Sergio Lobo y Manuela Torres / Sala: Club house Pilar.

Nuestra opinión: excelente.

La claridad en la articulación de las palabras, la musicalidad y la experiencia de Susana Moncayo, en una noche particularmente brillante y distendida, así como el virtuosismo de Jaime Torres con su encantador charango, fueron los factores más decisivos que contribuyeron a que el manojo de bellas canciones que incluyeron "Zamba de usted" y "La peregrinacion", de La Navidad nuestra , de Félix Luna y Ariel Ramírez; las creaciones, a cual más auténtica y delicada, de Atahualpa Yupanqui, y las contribuciones de Eduardo Falú y Jaime Dávalos, pergeñaron una primera parte del programa de muy alta calidad artística.

Y al escuchar, después del intervalo, la Misa criolla , de Ariel Ramírez, esa obra de naturaleza religiosa con textos litúrgicos traducidos y adaptados por los sacerdotes Antonio Osvaldo Catena, Alejandro Mayol y Jesús Gabriel Segade, y de gran delicadeza musical, se revaloriza la opinión que ha merecido de varios estudiosos de la música nacional que la consideran entre las obras más caracterizadas y genuinas. Claro está que es netamente folklórica por los ritmos musicales y sonidos de instrumentos regionales. A ello se suma la participación permanente y casi protagónica del diminuto charango.

La obra adopta estrictamente la estructura de una misa solemne, cantada en la liturgia católica, que constituye un género musical tradicional, que consta de tres partes obligatorias: el Kyrie, el Sanctus y el Agnus Dei, y suma, además, el Gloria y el Credo, es decir, integrada por cinco movimientos. Cada uno de ellos corresponde a un momento litúrgico: el primero, construido sobre ritmos ancestrales andinos, como la baguala, y la última, una vidala, en la que se suplica a Dios su piedad, con la imploración: "Señor, ten piedad de nosotros; Señor, ten piedad de nosotros [...]".

Luego, Ramírez recurre a un carnavalito en el que se alaba al Señor y se lo glorifica en todo su esplendor en el yaraví, que es una canción popular de procedencia incaica, caracterizada por una melodía lenta y melancólica; seguido del carnavalito de adoración "Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres". Otro pasaje, acaso el mejor resuelto, es el Sanctus, realizado siguiendo el ritmo de un carnaval cochabambino con los fieles santificando el nombre de Dios y alabándolo de forma efusiva. En tanto que en el Agnus Dei se adopta el ritmo pampeano y sureño para cantar: "Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo [...]".

La versión contó con el excelente rendimiento del Grupo de Canto Coral, dirigido y preparado con la sabiduría habitual de Néstor Andrenacci y los músicos Federico Siciliano, Javier Sepúlveda (quena, sikus, cuatro), Goyo Alvarez Morales (guitarra), Sebastián Farías Gómez (percusión y accesorios) y Sergio Lobos (percusión), que actuaron con inspiración y soltura: las versiones, desde el punto de vista musical, fueron excelentes.

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