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Duhalde: de bañero ganador a político de raza

Familiero y hábil jugador de naipes; la intimidad de un hombre que conoció todos los sabores del poder

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LA NACION
Jueves 06 de octubre de 2011 • 14:37

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-Contales que te impacté

-Sí, gordo, me impactaste…

El es un hombre enamorado, que recuerda vívidamente cuando la vio y decidió que sería su esposa. Ella, un poco más fría, admite que es "amada profundamente" por su marido. Eduardo Duhalde e Hilda "Chiche" González de Duhalde se muestran como un matrimonio feliz.

Esa maestra de malla estampada lo flechó en una pileta Lomas de Zamora, en 1970. El, que era el bañero del lugar, enseguida apartó al resto de jovencitas que lo coqueteaban. "Pensé ¡Fa!, se me vino la noche", revive hoy Duhalde. Al año siguiente se casaron, y ella se convirtió en su compañera en la vida y en la política.

Más de 40 años después, entre cafés, repasan los pasos que él dio en el poder. La intendencia de Lomas de Zamora, las bancas en el Congreso, la vicepresidencia, la gobernación y la presidencia se suceden entre anécdotas y fotos viejas.

Foto: Guadalupe Aizaga

La actualidad los encuentra la mayor parte del tiempo en su quinta de San Vicente, donde se recluyen con sus cinco hijos y siete nietos. El predio se llama "Don Tomás", en honor al padre de Duhalde, un bancario socialista que vio como su hijo se erigía como dirigente ineludible del peronismo.

El lugar había sido cedido para un hogar de niños, pero, al verlo en estado de abandono, Duhalde lo recuperó. Hoy, el casco está reciclado y la cuidada arboleda esconde una pileta, una cancha de tenis y un lago artificial.

"Juega con los nietos a buscar leones", cuenta Chiche al relatar costumbres familiares. El ajedrez y los juegos de naipes son otras de las aficiones de Duhalde. "Siempre nos ganaba a las cartas, hasta que me di cuenta de cómo hacía trampa", revela ella. No logra hacer enojar a su marido, que la escucha atento.

Un papel cambiante, pero constante

Detrás de este abuelo cariñoso, de este marido enamorado, de este hábil jugador de cartas e hincha de Banfield, hay un hombre que sueña con ser elegido presidente de la Argentina el próximo 23 de octubre.

Su carta de presentación es la "experiencia". Es que, desde que ganó su primer cargo como concejal de Lomas en 1974, Duhalde estuvo omnipresente en la escena política. Desde la Casa Rosada o desde el exterior, apoyado o repudiado, nunca se ausentó del todo.

Al repasar su carrera, recuerda que hubo un primer paréntesis durante la dictadura militar, cuando, depuesto como jefe comunal de Lomas, se dedicó a los negocios inmobiliarios. "Llegamos cinco sucursales y vendimos más de mil casas. Yo era muy conocido en la zona", relata.

Duhalde se perfilaba como líder de un armado político que se mantendría con el paso de los años. Siempre supo lo que quería. "Me acuerdo que hice una reunión y le expresé a mi grupo de amigos mi intención de ser intendente y gobernador", señala.

Así fue, solo que entre una función y otra acompañó en la fórmula a Carlos Menem en 1989, en una campaña exitosa a la que hoy califica de "espectáculo".

Duhalde admite que "nunca le gustó demasiado la actividad parlamentaria" de la vicepresidencia. Por eso, en 1990, puso los ojos en la provincia de Buenos Aires, y la conquistó con comodidad.

En 2001, en plena debacle del gobierno radical y la creciente crisis financiera y social, llegó su momento para ocupar el Ejecutivo. "Nos habíamos ido a brindar por año nuevo y preparamos un discurso, muy pocas horas antes de asumir", recuerda hoy. El 1° de enero de 2002 fue nombrado presidente por la Asamblea Legislativa.

Cedió el mando a Néstor Kirchner, por entonces su delfín político, en mayo de 2003. Con un bastión de dirigentes que mantuvo vivo el duhaldismo local, se abocó a su tarea internacional. Luego de romper con su sucesor, se erigió como uno de los principales líderes de la oposición.

Pero ni la peor crisis argentina, ni la conducción del caliente conurbano, ni los zigzagueos de la política lo terminaron de endurecer. "Yo soy muy llorón, no puedo ver una película de amor, que lloro", asegura al describirse. Las elecciones de octubre escribirán el próximo capítulo de su historia.


Esta es la primera de una serie de producciones sobre la vida de los candidatos
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