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"Hay pibes con padres ausentes o tan violentos como ellos"

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LA NACION
Domingo 09 de octubre de 2011
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Cuando los problemas escolares saltan de la sección Educación de un diario a la sección Policiales debería prenderse alguna luz de alarma en la sociedad. O, quizá, cuando eso sucede es el mejor indicio de lo peor, de que ya es demasiado tarde, de que esas luces de alarma ni siquiera amagaron con parpadear.

Es lo que volvió a suceder la semana pasada, en forma casi simultánea: el director de una escuela secundaria de Pergamino fue golpeado hasta quedar inconsciente, una directora de Tres Arroyos fue agredida a golpes de puño y una maestra de Villa Luzuriaga fue atacada en la puerta de su propia casa. En todos los casos, los agresores no fueron patoteros marginales ni delincuentes comunes, sino simples madres de alumnos que estaban molestas por malas notas o por haber sido citadas a raíz de problemas de conducta de algún hijo.

El fenómeno es tan lamentable como creciente: tres de cada cinco maestros, por ejemplo, tienen actualmente pedidos de licencia por problemas psicológicos, de stress o de deterioro físico a raíz de la violencia escolar, según una encuesta hecha en junio pasado por la Unión Docentes Argentinos (UDA) entre 2000 afiliados.

Foto: FERNANDO MASSOBRIO

"Hay que separar el costado policial de la cuestión general educativa: donde aparece un cuchillo en manos de un alumno hay que sacar el episodio de la escena educativa –afirma Gustavo Iaies, experto en educación y director del Centro de Estudios de Políticas Públicas (CEPP)–, pero cuando la Ctera hace un paro y advierte que hay tres casos por día de violencia escolar, significa que esto está creciendo, que hay mucho más. Antes había una alianza: la familia se hacía cargo de la socialización primaria de los chicos, y la escuela, de la socialización secundaria, pero eso ya no funciona como un tándem y está muy quebrado. Hay un enojo grande de los padres hacia los maestros y también, a su vez, de los maestros hacia los padres. La violencia en las escuelas tiene mucho más que ver con la carencia de autoridad que con otra cosa."

Iaies tiene 48 años, es soltero, sin hijos, con una licenciatura en Ciencias de la Educación de la UBA y una maestría en Política y Administración de la Educación de la Universidad de San Andrés. Fue director de escuela primaria y trabajó como docente en instituciones educativas de nivel primario, secundario, terciario y universitario.

Tuvo también experiencia en la función pública, durante la gestión de la Alianza: en 1999, fue subsecretario de Educación Básica del Ministerio de Educación de la Nación y, en 2001, secretario de Educación Básica. Y asesoró a los ministerios de Chile, Ecuador, Colombia y Paraguay y a la Secretaría de Educación Pública de México.

Este especialista en temas educativos (hermano, por otra parte, del famoso pianista de jazz Adrián Iaies) tiene una posición muy clara respecto de esta encrucijada en la que se alternan conflictos de alumnos contra alumnos, alumnos contra maestros, padres contra maestros, alumnos contra padres y maestros contra todos: "Hay un punto en donde los pibes tienden a ser muy violentos, y parte de la educación es que justamente puedan asimilar algunos valores, y eso está ocurriendo poco, pero la verdad -afirma a Enfoques- es que hay muchos pibes que tienen papás que están ausentes o son tan violentos como ellos".

-Esa es una muy mala noticia: es mucho más difícil todavía solucionar este problema.

-Cuando era director de escuela me acuerdo de que cada vez que intentaba que los chicos tomaran una medida, eran mucho más duros de lo que los adultos hubieran sido. Está faltando la posibilidad de que los que administren justicia sean los adultos. Con estos adultos retirados, los niveles de violencia son mucho más altos.

-Tampoco es igual el tipo de conflicto.

-Claro . El año pasado hicimos un estudio entre viejos profesores y preceptores. Todos decían que no existe más la llamada "indisciplina social", como hacer saltar los tapones de la escuela, pinchar la goma de los autos de los profesores. Lo que sí hay son chicos más abúlicos, más anómicos: tampoco les importa mucho si les ponés amonestaciones. La idea de que la carrera de la secundaria dura cinco años es mucho más débil que antes. Los rectores nos decían: "Antes, si un pibe repetía de año venían la mamá, el papá, la tía, el abuelo; hoy, no viene nadie". Ahora, cuando hay violencia es muchísimo más difícil pararla.

-¿Por qué?

-Antes, dos pibes se peleaban y había intervención social. Hace tres o cuatro años entrevistamos al director de la guardia del hospital Posadas, que nos contaba que empezó a ver que llegaban muchos pibes de una esquina del Acceso Oeste, siempre a la misma hora. Y un día fue en su propio auto al lugar y descubrió que los pibes jugaban a cruzar el Acceso Oeste haciendo "pan y queso" cuando se ponía la luz verde y ganaba el que quedaba más cerca del auto que pasaba. Cuando se equivocaba, el auto lo revoleaba. Hace 20 años, hubiera pasado un vecino y seguramente los habría retado o habría ido a ver al padre de alguno para advertirle sobre eso. Pero hoy el entorno les tiene mucho miedo. Los adolescentes violentos generan mucho pánico.

-Incluso entre los propios padres...

-Un día participé de un programa de TV y en el panel estaba el dueño de un boliche de San Miguel. En las filmaciones ya quedaba en evidencia que era un mundo de jóvenes, que la ciudad adulta había desaparecido. Y él me contaba que descubrieron a un pibe borracho a las 5 de la mañana en su boliche, llamaron a la casa y el padre les dijo que no podía ir a buscarlo y que lo pusieran en un remise. Terminó diciéndole al de seguridad que lo dejara en la calle. Eso es lo que hay: la sensación de que es difícil cuidarlos porque los pibes se quedaron solos.

-Y con más impunidad, quizá.

-Está faltando, en principio, tenerle miedo a alguna autoridad, saber que si te mandás una macana hay una norma que se va a cumplir y que vas a tener un problema. Hay un punto en donde los pibes tienden a ser a veces muy violentos, y parte de la educación es justamente que puedan asimilar algunos valores, y eso está ocurriendo poco, muchos pibes se encuentran con unos papás que están ausentes o son tan violentos como ellos.

-Hoy, hasta los maestros y los padres terminan tomando las escuelas con los alumnos.

-Este año, en el Carlos Pellegrini, los pibes tenían sus diferencias con el director, pero mirabas por YouTube las asambleas y te dabas cuenta de que eran bastante ordenadas. Ahora, la primera reunión de padres a la que llamó el rector, a él lo tuvieron que sacar los de seguridad porque los padres le querían pegar. ¿Quién hace de adulto acá? Si los adultos no hacen de adultos, lo hacen los chicos. En mucho de lo que sucede en materia de violencia uno siente que los padres no sólo no la frenan, sino que en algunos casos son más violentos que los chicos. Y lo que desapareció es esta idea de que te puede pasar algo, que tus actos pueden tener consecuencias. La violencia es una de las maneras de resolver conflictos, es la peor, pero es una. El problema es cuando no lográs construir un cierto orden social, cuando la escuela no logra instalar esta idea de que hay normas que se aplican. En la década del setenta o del ochenta se tomaban escuelas, pero los pibes sabían que los podían sancionar o echar.

-Ahora, no. Y hasta parece socialmente tolerado el camino más violento.

-El otro camino requiere algunos acuerdos y un orden social. Ese es el acuerdo que no está funcionando. Toda la vida hubo escuelas en zonas carenciadas y eran mucho más disciplinadas. Las mismas escuelas parroquiales en las zonas marginales son mucho más duras en el orden, pero no tienen este tipo de conflictos. Hoy estamos en una situación en donde buena parte del manejo de la escuela está en manos de los más violentos, porque los pibes no terminan de percibir que hay un orden del otro lado. En los años noventa, el investigador José Antonio Castorina hizo un trabajo sobre las normas en las escuelas primarias. Les preguntaba a los pibes, por ejemplo: ¿en tu escuela se puede salir al patio en invierno? Y los pibes decían: "Depende. Si le preguntás a Marta, no te deja, pero si le preguntás a Alicia, sí. Aunque Marta a veces viene de buen humor y te deja". Es decir, no hay una norma, hay sí una idea de que Marta a veces viene bien de ánimo y te deja, y otras veces, no, y de que Alicia es mejor mina y te deja? Para que las escuelas sean menos violentas hay que demostrar que están las condiciones de un orden social que resuelve conflictos por otra vía. Eso requiere que alguien haga de autoridad y que haya normas claras. Y la verdad es que no las hay.

-También influye negativamente el hecho de que los padres, en general, y algunos profesores, en particular, parecen querer ocupar el lugar de amigos de los chicos.

-Los profesores me preguntan si pueden ser amigos en Facebook de los pibes. Ahí tenés que anticipar una jugada: el día que entrás en el mundo de intimidad de los pibes no podés ser neutro, si te encontrás con un desastre vas a tener que hacer algo o vas a ser cómplice de eso. Los profesores sienten que queda mal decirles que no, pero la idea de que hagan un desastre y el profesor no reaccione es el peor de los mundos. A desalambrar porque no hay nadie que pare nada. Ese es el escenario en el que estamos. Los pibes todo el tiempo chequean cuándo vas a reaccionar. De hecho, en todos los estudios sobre demanda de los jóvenes sobre la escuela secundaria ninguno habla de autoritarismo. No existe más ese tema. Antes se quejaban de que los profesores eran muy duros; hoy reclaman que vayan todos los días a la escuela y que les enseñen cosas interesantes.

-Más que de los chicos, entonces, el problema es netamente del mundo adulto.

-Si un papá le pega a un profesor junto con su hijo, se le mezclaron todos los tantos, no entiende con quién es su alianza. Y también es cierto que a los profesores les cuesta mucho destrabarlos de ese lugar: "Si estamos los dos trabajando para educarlo a él, ¿por qué no nos ponemos de acuerdo para ver cómo es la enseñanza." Está rota la alianza de los adultos. Entonces, es muy difícil que haya ley, que haya encuadre.

-Algo que no solamente sucede en la escuela. Sucede en una sociedad a la que le cuesta aplicar las normas y castigar a quienes no las aplican. La ausencia de los adultos es, en general, la consecuencia de no poder o querer asumir el rol del que pone los límites.

-Y no se entiende que existe un costado democrático... Pero hay otro problema: hoy todos queremos tener 20 años. Cuerpos de 20, dietas de 20, actividades de 20, parejas de 20. El problema es que los pibes no encuentran a nadie que quiera hacer de autoridad y de referente. De todos modos, ahí igual siento que hay un avance. Cuando yo era director de escuela, después de la mitad de los 80, los padres venían a buscar una escuela "libre", distinta a la que habían tenido, con maestros que no fueran autoritarios. Ahí lo que nos pasó es que los adultos de esta sociedad se estaban peleando con la idea de matrimonio de sus padres, con la idea de familia de sus padres, con la idea de escuela de sus padres, no eran los pibes que se estaban peleando. Hace poco me acordaba del final de la película Solos en la madrugada , que tuvo un efecto enorme en el final de la dictadura en la Argentina. Y cuando escuchás ese monólogo final, 30 años después, parece disparatado...

- ¿Qué decía?

Que había llegado la hora de darnos la libertad. "Si estás medio cansado de tu mujer, dejala; si estás cansado de las contabilidades, olvidate y hacé otra cosa; si tenés algo de plata que estás guardando para tus hijos, gastátela porque no te lo van a agradecer nunca? Llegó la hora de darnos la libertad los unos a los otros, somos maravillosamente huérfanos". Esta idea de "matamos a nuestros viejos y a lo que querían de nosotros", y de que llegó la hora de darnos la libertad. José Sacristán incluso dice: "¿Para qué? No sé, pero darnos la libertad los unos a los otros".

-¿Nos fuimos para el otro lado?

-Armamos un sistema educativo que camina muy fuertemente hacia eso, pero no hacia la felicidad. ¿En qué sentido? La felicidad tiene que ver con que vos te acerques todo lo posible a quien querés ser. Si querés ser un buen profesional, un buen padre, un buen amigo, te rompés el alma y algún día llegás, y ahí mirás para atrás y decís: "Pude. Me esforcé, me caí y me levanté". No estamos preparando a los pibes para eso. Cuando le enseñás a un pibe a andar en bicicleta, alguna vez le tenés que sacar las rueditas. Se va a caer, pero, si no, no va a andar mucho. A los adultos nos cuesta mucho esta idea del esfuerzo, del trabajo y de la superación. No entendemos que, si no, los pibes terminan corriéndose de la idea de ser felices, y pasa a asimilarse a lo que les sucede cuando se compran algo, cuando toman algo, cuando fueron a una fiesta. Muy de corto plazo. La felicidad genuina tiene que ver con otra cosa.

-Usted habla de "tomar algo"... Soy papá de adolescentes y sufro con esta moda de las previas, esos encuentros en los que toman alcohol para salir entonados a bailar o a seguir tomando en boliches. El problema es que no consigo tener una posición definida: algunos padres piensan que hay que prohibirles las previas en las casas porque, si no, es un aval al alcohol. Otros prefieren que los chicos usen sus casas porque así pueden controlar qué y cuánto toman. Es uno de los tantos ejemplos de lo difícil que es ser padre hoy...

-Uno está constituyendo un nuevo rol, que no es el del viejo padre, y está tratando de encontrar un equilibrio. Es mucho más difícil pelear con una sociedad que, además, se ha vuelto mucho más heterogénea. Antes los padres hacían y pensaban más o menos lo mismo. Tiene que ver con este fenómeno de que en una sociedad más libre estamos todos más solos. Construir hoy la idea de autoridad, de paternidad, es mucho más difícil. Y el desafío es también construir otro vínculo, desde la confiabilidad, y construir algún acuerdo social alrededor de eso. La escuela tiene que ayudar a que los padres funcionen como grupo, que no sean tipos sueltos tomando medidas. Construir un orden social cada uno en su casa es muy complicado. Falta la idea de cómo encontrar un equilibrio entre el orden y la libertad.

-Suena casi a una misión imposible...

-Hay que volver a construir esta idea, pero sin que exista miedo: prohibile algo a tu hijo y no tengas miedo de hablar con los demás papás. La escuela tendría que poder funcionar más para eso, pero está tan asustada que prefiere tenerlos lejos. No está mal que la escuela, a principios de año, proponga ponerse de acuerdo en temas como alcohol, salidas, ropa. La escuela no te va a a bajar línea, te va a dar el espacio y la idea de que todos jugamos con las mismas reglas. Pero lo que dicen algunos rectores es: "Yo lo hago, ¿y después? ¿Los padres se bancan jugar con estas reglas?". Lo peor es la sensación de que muchos papás empezaron a no disfrutar de sus hijos. Ese es el problema, el indicador de que llegaste a una frontera y de que tenemos que doblar para algún lado.

MANO A MANO

Decir que el problema de los chicos es cosa de grandes parece un juego de palabras, pero Gustavo Iaies es alguien que tiene en claro que ahí está el quid de la cuestión que explica la violencia escolar. Conozco bien al otro Iaies, el pianista, y ahora puedo decir que se trata de una familia de talentos. El de Gustavo es su enorme conocimiento y capacidad de análisis sobre la educación, tema que suele no ser prioritario en la agenda de la clase dirigente. Este Iaies habla casi sin parar, a una gran velocidad, con una pasión que no lo lleva a quedar encerrado en corsés ideológicos. Tiene la ventaja de haber asesorado a varios gobiernos de la región, algo que le da una visión mucho más amplia. Pensé que me iba a encontrar con alguien que iba a hablar para la platea de la comunidad educativa, que iba a escudarse en un discurso políticamente correcto. Fue al revés. Lo que me dijo, tan barnizado de sentido común y dotado de una tremenda capacidad de diagnóstico, me dejó pensando, sobre todo, en la soledad de los jóvenes, en la ausencia de los adultos. Ojalá que gente valiosa como Iaies tampoco esté sola ni ausente si alguna vez nos decidimos a buscar soluciones al dilema educativo.

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